La seducción del poder
En nuestro Uruguay, la política es una suerte de cultura, casi un estilo de vida intrínseco a la idiosincrasia nacional, que se transmite a través de las generaciones sin solución de continuidad.
No en vano nuestro país es habitualmente uno de los que registra una mayor tasa de participación electoral continental e incluso mundial, la que habitualmente supera el 80% de los inscriptos en el Registro Cívico Nacional. La política, en efecto, parece recorrer todos los estratos de la sociedad, desde los profesionales a los obreros, pasando por las empleadas domésticas, los estudiantes, e incluso hasta los deportistas.
Pese a que los últimos relevamientos de las consultoras más conocidas revelan que la denominada clase política ha perdido parte del prestigioso que gozaba hace un tiempo, los temas políticos siguen monopolizando el interés de la gran mayoría de los uruguayos.
Incluso, el conocimiento de los actores políticos es mayor que en el pasado, en virtud de la disponibilidad y la permanente expansión de los medios de difusión masiva, particularmente los audiovisuales.
Todo acontecimiento político tiene una particular repercusión en la sociedad uruguaya, aunque los niveles de participación ciudadana sólo adquieran relevancia en los denominados años electorales.
Cuando se avecina un auténtico maratón, que se iniciará en junio próximo con las internas y culminará el año próximo con los comicios municipales, parece oportuno detenerse en el análisis de la cultura del poder.
«En la seducción del poder», Alba Silva, esposa del desaparecido ex intendente de Maldonado Domingo Burgueño Miguel, construye una obra reveladora sobre la siempre controvertida fauna política uruguaya.
La autora nutre su libro de testimonios de muchos ciudadanos que conocieron al jefe comunal fernandino, un carismático dirigente nacionalista que logró concitar una masiva adhesión.
El libro, que naturalmente evoca los orígenes de quien fue electo dos veces intendente del departamento de Maldonado, define el perfil de un auténtico caudillo local que aun con sus claroscuros supo manejar con sagacidad las voluntades ajenas.
El carisma de Burgueño solía opacar a las primeras figuras nacionales, lo que corrobora que fue más allá de inevitables controversias un personaje singular.
En esta obra, que tiene algo de biográfico y mucho de testimonial, se afirma que al desaparecido dirigente blanco le gustaba saber todo lo que sucedía en el departamento.
Alba Silva no escribe el previsible panegírico sobre este personaje real, sino que, por el contrario, lo muestra en el proceso que lo condujo a la cumbre y a la decadencia.
El espíritu docente de la autora predomina en la textura de este libro, que aborda la personalidad de Domingo Burgueño sin odios ni ajustes de cuentas.
(Editorial Fin de Siglo)
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