LOS DIARIOS PRIVADOS DE KURT COBAIN

Confesiones del (pen) último rocker

En la prensa de Estados Unidos, casi todas las reseñas de los diarios del desaparecido cantante de Nirvana, Kurt Cobain, indican que se trata de un material «perturbador», que revela cómo un inocente cantante de una banda se convirtió en una estrella desilusionada y heroinómana.

Y la viuda se quedó con cuatro millones de dólares en febrero de 2003, cuando cedió los derechos a Penguin, los cuales acaban de ser publicados en castellano por Mondadori. No son estrictamente diarios, sino una colección de cartas no enviadas, notas escritas en cuadernos con espiral sin fechar, gacetillas de prensa de Nirvana, reseñas inventadas, pequeñas diatribas de crítico de rock malhumorado, listas y algunas viñetas.

Para los fans, el material más interesante desde el punto de vista artístico son los comentarios inéditos  liner notes  de las canciones de In Utero y los borradores de las canciones de Nevermind, incluso la primera versión del clásico «Smells like teen spirit». Para los que traten de descubrir en estos textos erráticos los motivos del suicidio –de la tristeza– de Cobain, se incluye la nota que escribió antes de su sobredosis en Roma y varias reflexiones sobre su adicción a la heroína y sus problemas estomacales, más algún que otro rezongo contra las compañías, los periodistas y la sobreexposición de la fama.

Pero lo que viene a demostrar estos Diarios es que el misterio del dolor ajeno es imposible de develar, aun cuando las reflexiones más íntimas estén al alcance de la mano. Son crudos, a menudo graciosos, muchas veces predecibles, ingenuos, trágicos.

Cobain parece lúcido y tonto, furioso y triste, irónico y esperanzado, como probablemente lo parecería cualquier persona si leyéramos los papeles que borroneó en momentos de catarsis o de aburrimiento. Ya está hecho, y e incluye reproducciones fotográficas de los originales, escritos con la letra sorprendentemente clara de Cobain. Leerlos es fascinante, aunque provocan una sensación ambigua, de curiosidad. Son los papeles privados de un muerto. A continuación presentamos una selección de fragmentos de los Diarios tal como aparecen en la edición española, sin glosas ni comentarios: un modelo para que cada lector arme su propio Kurt Cobain.

 

De puño y letra

-«El punk rock es arte, y es libertad. El único problema que he tenido con la ética de los situacionistas del punk rock es esa negación absoluta de todo lo sagrado. Para mí hay unas cuantas cosas sagradas, como la superioridad de ciertas mujeres y la contribución de los negros al arte».

«Estoy a favor de la revolución a gran escala organizada de forma violenta y alimentada por el terrorismo. Hacerse pasar por el enemigo para infiltrarse en los mecanismos del imperio y empezar a corromperlo lentamente desde adentro. Los hijos sublevados toman por asalto Wall Street. Sí, ya sé, soy un clisé andante, ignorante y confundido.».

-«Me siento como un cretino escribiendo sobre mí mismo como si fuera un icono semidivino del pop rock americano o un producto confeso de una rebelión de elaboración corporativista, pero es que he oído tantas historias y declaraciones de mis amigos disparatadamente exageradas y leído tantas interpretaciones freudianas mediocres y patéticas basadas en entrevistas que hablan de mí, desde mi infancia hasta el estado actual de mi personalidad y de mi fama de heroinómano perdido, alcohólico, autodestructivo, aunque abiertamente sensible y delicado, frágil, sosegado, narcoléptico, neurótico, un pobre diablo dispuesto en cualquier momento a meterse de sobredosis, tirarse de un techo, volarse la tapa de los sesos o las tres cosas a la vez. ¡Dios, no soporto el éxito! ¡Y me siento tan culpable!»

– «Decidí consumir heroína a diario debido a una dolencia estomacal que llevaba sufriendo desde hacía cinco años y que me había llevado literalmente a pensar en el suicidio. Todos los días de mi vida durante cinco años. Cada vez que tragaba un bocado de comida sentía un dolor atroz que me daba náuseas y ardores en la boca del estómago. El dolor se volvía aun más fuerte cuando iba de gira debido a la falta de unos hábitos alimentarios correctos y regulados, y de una dieta adecuada. Desde el comienzo de dicha afección me he sometido a diez intervenciones distintas en las zonas gastrointestinales superiores e inferiores que han revelado una inflamación brutal en el mismo punto.

He consultado a quince médicos distintos y he probado unos cincuenta medicamentos para la úlcera. Lo único que he visto que funcionaba eran los opiáceos fuertes. Había muchas veces que me veía literalmente incapacitado en la cama durante semanas, vomitando y muriéndome de hambre. Y llegué a la conclusión de que bien podría ser un yonqui si ya me sentía como tal. Tras la última gira europea juré que no volvería a ir de gira a menos que pudiera ocultar o resolver mi problema de salud. Me pasé cerca de un mes inyectándome heroína, pero luego me di cuenta de que no podría conseguir drogas cuando fuéramos a Australia o Japón, así que Courtney y yo nos desintoxicamos en la habitación de un hotel. En Australia tuvimos que cancelar unos cuantos conciertos porque el dolor me dejaba inmóvil, doblado en dos en el suelo, vomitando agua y sangre. Me estaba muriendo literalmente de hambre. Bajé de peso hasta casi cincuenta kilos. Siguiendo el consejo de mi manager, me llevaron a un médico que me dio fiseptona. Las pastillas parecieron funcionar mejor que cualquier otra cosa que hubiera probado antes. Poco después de reanudar la gira vi que en la letra pequeña del frasco decía: ‘Fiseptona: contiene metadona’. Otra vez enganchado. Sobrevivimos a Japón, pero para entonces los narcóticos y la gira ya habían empezado a hacer mella en mi cuerpo. Y no me encontraba mucho mejor de salud que cuando dejaba la droga. Al volver a casa me encontré con que Courtney se había vuelto a enganchar, así que ingresamos en un centro de desintoxicación donde permanecimos dos semanas. Ella se recuperó. A mí me volvieron al instante los mismos dolores y náuseas de siempre, y decidí suicidarme o acabar con el dolor. Me compré una pistola, pero me decanté por las drogas. Seguí con la heroína hasta un mes antes de la fecha prevista de nacimiento de Frances.».

 

Me gusta la clase obrera

-«Me gusta seguir la carrera de los artistas en sus inicios, cuando luchan por conseguir el éxito. Me gusta el punk. Me gustan las chicas con los ojos raros. Me gustan las drogas (pero ni mi cuerpo ni mi mente me permiten tomarlas). Me gusta la pasión. Me gustan las cosas bien hechas. Me gusta la inocencia. Me gusta la clase obrera y le estoy agradecido por permitir con su existencia que los artistas no tengan que trabajar en empleos de baja categoría. Me gusta nadar. Me gusta estar con mis amigos. Me gusta estar solo. Me gusta sentirme culpable por ser un macho blanco americano».

-«Me gusta el consuelo de saber que las mujeres son el único futuro del rock and roll. Me gusta el consuelo de saber que los afroamericanos han sido la única raza que ha aportado un nuevo estilo de música original a esta década: el hip hop».

-«Me gusta la sinceridad. Carezco de sinceridad. Esto no son opiniones. Esto no son palabras sabias, esto es una exoneración por mi falta de educación, por mi pérdida de inspiración, por mi desconcertante búsqueda de afecto y por la vergüenza instintiva que siento hacia muchos que tienen más o menos mi edad. Ni siquiera es un poema. Sólo es un montón de mierda. Como yo». *

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