Los problemas del alcohol
28 Días.
Raúl Forlán Lamarque
Y la Bullock es la chica de barrio que ya se plagia a sí misma, que expone una generosa sonrisa que te envuelve, pero que en el presente largometraje la muchacha se bebe hasta el agua de los floreros. Muy desprolijo, sí, aunque indudablemente Gwen Cummings (Bullock) está viviendo a full. Alcohólica empedernida lo cual, en su credo, es estar de fiesta. No buscar ninguna referencia al personaje de Nicolas Cage en Adiós a Las Vegas, por favor.
Aquí los 28 Días del título aluden claramente a la rehabilitación que el personaje de la Bullock, después de desastres varios, principalmente una colisión que tiene con una limusina, debe padecer (en su cabeza de chorlito, por decirlo así) en un instituto penal. Lo cierto es que, ante el estado de las cosas, esta chica Gwen Cummings se rebela contra le severo tratamiento y contra las normas del lugar.
Pero su terapeuta le colocará mágicamente el cable a tierra. El resultado: la muchacha iniciará su proceso desintoxicante y, desde luego, podrá establecer un correo comunicativo con su alrededor de otra forma más relajante y positiva.
Producto típico, plagado de obviedades y mínimos aciertos, 28 Días es una celebración de todas las convenciones a las que nos tiene acostumbrados Hollywood, y Sandra Bullock debería repensar al menos un poquito las historias que elige porque talento y sensibilidad –además de belleza– posee como para asumir roles protagónicos de mayor envergadura y relevancia.
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