De botines reparaciones guerra
Jaime Secco
Durante la Segunda Guerra Mundial los ejércitos enemigos pasaron ida y vuelta arrasando Europa desde los Pirineos hasta el Volga.
No es de extrañar que los cuadros no quedaran colgados en su sitio.
Más de medio siglo después de su finalización, arrecian las reivindicaciones de cuadros y otras obras de arte propiedad de judíos, que actualmente aparecen en museos de varios países.
El pasado 26 de abril, el máximo responsable de Cultura del gobierno alemán, Michael Naumann, viajó a Rusia para oficializar un intercambio de devolución de obras de arte con con el ministro de Cultura ruso, Mijail Shvydkoi que se realizó en el antiguo palacio imperial «Zarskoye Selo», cerca de San Petersburgo.
Naumann entregó a Rusia un mosaico y una cómoda de la legendaria Cámara de Ambar; a cambio, las autoridades rusas entregaron el permiso de exportación para 101 obras gráficas que un oficial ruso llevó a Rusia en 1945 desde Bremen.
Naumann y Scherf visitaron también el museo Pushkin de Moscú y el Ermitage de San Petersburgo. En el museo Pushkin se encuentra el Tesoro de Príamo, hallado por el arqueólogo alemán Heinrich Schliemann en Grecia y que llegó a Rusia después del final de la guerra. Alemania presiona desde hace años para recuperarlo.
Sin embargo, los casos no son jurídicamente iguales. Los nazis, raza superior, invadieron y tomaron lo que les gustó y lo mandaron a sus museos, sus mansiones particulares, o a Suiza.
Los aliados, en general, actuaron en forma defensiva. Si de algo se acusa a Stalin, no es de haber atacado a Alemania sino de haber firmado un tratado de paz con ella. Y, al menos desde la Primera Guerra Mundial, existe en el derecho internacional el concepto de reparación de guerra.
El ataque alemán que violó el tratado, llevó a la muerte a 27 millones de soviéticos –hoy algunos bajan esa cifra hasta 11, lo que no es poco– y destruyó millones de viviendas, decenas de miles de puentes, instalaciones ferroviarias y fábricas, centenares de aldeas, escuelas, hospitales y todo tipo de infraestructura.
Al terminar la guerra, la URSS rescató para resarcirse lo que pudo de la devastada zona oriental de Alemania.
Entre otras cosas, obras de arte; entre otras, los manuscritos de Bach.
Al disolverse la URSS –siempre hay una revancha–, Alemania Federal presionó a los nuevos países para que firmaran tratados de devolución de obras de arte.
El artículo 16 del Convenio Cultural germano-ucraniano del año 1993 prevé, en principio, la devolución de los tesoros culturales alemanes en poder del país eslavo.
Sobre ese artículo, está negociando la RFA la devolución del archivo Bach.
Polémica en víspera de la celebración de los 250 años de su muerte
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