"Un Oscar sería un signo de respeto"
«Bien, he regresado». Esa es la última línea de El señor de los anillos, la novela épica en tres partes de J. R. R. Tolkien, la historia épica y a la vez fascinante de Frodo (caracterizado impecablemente por Elijah Wood), el hobbit que ayuda a salvar la Tierra Media destruyendo un anillo todopoderoso con la asistencia de Sam (el notable Sean Astin).
En los últimos años, El señor de los anillos ha sido llevado a la pantalla grande como una serie igualmente épica, de un costo realmente tremendo para la industria cinematográfica (330 millones de dólares), dirigida por Peter Jackson. Y realmente los resultados han sido formidables, ya que la trilogía no decae en ningún momento. Es atrapante y tiene un manejo de lo fantástico y de la noción de la aventura verdaderamente solvente: en el caso específico de El retorno del rey, el filme que clausura fastuosamente la triología, todo funciona a medida de lo que pretendió Tolkien desde su sistema escritural. Los personajes poseen un aura shakespereana y transcurren entre la idea de lo trágico y la salvación. Es un relato exuberante que, en la actualidad, está batiendo récords de taquilla, algo que seguramente no excluirá a Uruguay.
Por lo tanto, puede decirse sin desmesuras que se trata de la primer trilogía mayor del siglo XXI superando con creces a las trilogías de Matrix y de Harry Potter. Acaso porque, ante todo, El señor de los anillos traduce en forma maestra un texto mayor de J.R.R. Tolkien, pero al mismo tiempo cualquiera de los filmes es lisa y llanamente puro cine. Cine de gran expansión, con un trabajo puntilloso en el uso de la fotografía y del vestuario, de las magistrales locaciones neozelandezas, de la banda sonora, y sobre todo, de los efectos visuales y sonoros que no se devoran la coral e impecable labor de los actores, sino que ennoblecen sus intervenciones.
En los tres filmes se palpó inmediatamente ese cuidado formal en Peter Jackson y en su vasto y creativo staff de colaboradores. Fue una apuesta muy seria, un desafío realmente impresionante. Y el resultado es que Jackson, ciertamente, no traicionó el espíritu de las novelas de Tolkien. En todo caso, hizo adaptaciones que efectivamente impresionan por su fidelidad y respeto a la letra y por el inmenso trabajo en la composición de climas, personajes y escenas. Todo resuelto a la perfección, sin saturaciones.
Rodada durante un período de catorce meses, entre 1999 y 2000, en diversas locaciones de Nueva Zelanda, la tierra natal de Peter Jackson, El señor de los anillos no sólo ha producido un montón de dinero (los primeros dos filmes de la serie, La comunidad del anillo y Las dos torres, recaudaron 1800 millones en todo el mundo), sino que además ha apresurado la transformación de Jackson de autor cinematográfico de culto (Criaturas celestiales) a incuestionable celebridad de Hollywood. Y le pagarán 20 millones -garantizados y de antemano- por su próximo proyecto, una remake de King Kong. De más está decir que El retorno del rey, desde su estreno en Uruguay, se colocó inmediatamente al tope de la taquilla: salas colmadas de un público preferentemente joven ávido de seguir la épica encabezada por Frodo, Sam, Gandlf y Aragorn.
Peter Jackson está, en rigor, conforme con lo que ha fundado. Más que nada se siente orgulloso de haber traducido con vuelo creativo la literatura de uno los novelistas fundamentales del siglo pasado, como Tolkien. Ha sido su proyecto más ambicioso y, después de un descanso, rodará una nueva versión de King Kong, mientras no descarta el abordaje de El hobitt, la otra novela de Tolkien. Pero ahora está disfrutando de la popularidad que, en Nueva Zelandia, prácticamente se ha alzado a calidad de héroe nacional.
-Usted trabajó durante siete años en estos filmes, incluyendo la preproducción y la edición. ¿En qué momento sintió que su trabajo estaba verdaderamente terminado?
-Creo que nunca está verdaderamente terminado hasta que uno no lo ve en los cines y presencia la reacción del público, y eso es lo que estoy haciendo ahora. Es el cuadro final y el resumen de todos los filmes y las historias, así que creo que ha sido muy emocionante para toda la gente que participó. El retorno del rey fue definitivamente el más difícil de los tres… no tuve un fin de semana de descanso durante casi seis meses. Pero en general, estuve verdaderamente alentado y estimulado por las expectativas que había creado esta película. Es realmente raro leer en las revistas cinematográficas que es uno de los filmes más ansiosamente esperados del año cuando uno ni siquiera ha empezado la posproducción. Es un verdadero impacto… uno decide que no va a decepcionar a la gente.
-Ya está en salas, ¿hubiera hecho algo de manera diferente?
-No lo creo. En ese momento, simplemente hicimos lo que podíamos cada día. Con respecto a la realización cinematográfica, me parece que cuanto más tiempo se le dedica, mejor sale y es aún más importante que la cantidad de dinero, aunque reconozco que también se trataba de una cantidad excepcional. Sentía gran responsabilidad hacia los fans y el dinero del estudio, seguro que nos podría haber venido bien algún fin de semana de descanso pero, no lo tuvimos.
-¿Y qué tal con los fans? ¿Cómo fue su relación con ellos?
-Recibí muchísimo correos, unas 30 o 40 cartas por día. La dinámica con los fans ha sido interesante, porque creo que ellos aprendieron mucho sobre cómo adaptar libros para convertirlos en películas. Antes había muchos que sentían que no se podía cambiar ni un solo detalle, que los libros son perfectos y que la única buena adaptación es aquella que conserva todo lo que hay en los libros. Pero a medida que avanzamos tuvimos que descartar personajes y alterar escenas. Cuando los fans vieron el primer filme empezaron a pensar en las elecciones que habíamos hecho. Creo que algunas les resultaron justificadas.
-Usted prácticamente ha fundado toda una industria cinematográfica en Nueva Zelanda. Su empresa de producción digital, Weta Digital, es ya toda una institución y está colaborando en su próximo proyecto, una remake de King Kong, y una versión cinematográfica de Lion, the Witch and the Wardrobe, de C. S. Lewis. Se ha dicho que el estreno de El retorno del rey atrajo 100.000 personas a la capital de Wellington. ¿El país estaba preparado para eso?
-Creo que los filmes han generado un enorme orgullo nacional. A lo largo de cinco años empleamos a 23.000 neozelandeses como extras, artesanos, vestuaristas. En estos filmes nada se podía alquilar. Cada cuchillo y tenedor tenía que hacerse, así que terminamos ocupando a muchas personas. Y el país es tan pequeño que en Nueva Zelanda todo el mundo conocía a alguien que había estado trabajando en los films, de modo que eso generó un enorme sentimiento de orgullo. Y el turismo ha crecido muchísimo.
-¿Filmó mucho metraje extra en El retorno del rey, sabiendo que podría usarlo para la versión en DVD?
-Nunca filmamos escenas extras para el DVD, porque la idea de las versiones ampliadas en DVD no existía cuando rodábamos en 1999 y 2000. En realidad, no sabíamos cómo iban a ser de largos los filmes, así que filmamos todo y después cortamos cada uno de los tres filmes para estrenarlos en salas. Sólo cuando terminamos de cortar el primero se nos ocurrió la idea de ampliar, porque teníamos alrededor de treinta minutos que no nos habían entrado. Nunca planeamos esas cosas. Yo consideraba que sólo eran versiones ampliadas del filme exclusivamente para los fans. Nunca me imaginé que más gente querría verlas.
-Mucha gente ha comparado el alcance de esta trilogía con Matrix o, más halagadoramente, con La guerra de las galaxias. ¿Siente que ha heredado el cetro del director de ciencia ficción y fantasía, si se piensa en George Lucas?
-George y su equipo nos dieron mucho apoyo desde el principio. Cuando estábamos por empezar acudimos a él porque queríamos usar previsualización computarizada (un tipo de storyboarding digital), y ellos habían perfeccionado esa técnica. Y Lucas vio Las dos torres y me llamó para decir que adoraba el filme. Pero creo que El señor de los anillos es un proyecto muy diferente de Matrix o La guerra de las galaxias. Nosotros partimos de una novela y, aunque filmamos las tres películas al mismo tiempo, ese hecho nos dio ventaja, porque teníamos un autor fantástico que ya había establecido el principio, el medio y, más importante aún, el final.
-¿Qué posibilidades cree que tiene para los premios de la Academia? Muchos expertos dicen que El retorno del rey es un favorito para mejor filme.
-He aprendido por experiencia a no comprometerme demasiado emocionalmente. Pero para ser honesto, he sido realizador cinematográfico desde los siete años, cuando corría por el jardín cargando una cámara, y no hay duda de que un premio de la Academia es un enorme signo de respeto y aprobación por parte de la industria. Así que por supuesto me encantaría que me lo otorgaran.
-¿Y cuál es su próximo trabajo? Parece un poco cansado.
-En realidad, estoy exhausto. Me tomaré un descanso durante las fiestas tradicionales de fin de año y año nuevo, y después empezaremos a trabajar en el guión de King Kong. En realidad anhelo ser guionista durante un tiempo. No lo hago desde 1998. Es mucha tensión.
-¿Nunca más hará alguna otra trilogía?
-Probablemente, no. No creo que alguien vuelva a financiar algo así. El hecho de que El señor de los anillos haya tenido éxito no significa que la siguiente lo tenga. Fue una enorme apuesta y un anticuado arranque de valentía empresarial. Quiero decir, si el primer filme fracasa, todo el asunto se convierte en un carísimo fracaso en cadena. En cuanto a mí, creo que estoy más que cumplido. Me sentiría feliz de hacer un filme por vez durante el resto de mi carrera. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad