Las doce últimas horas de Jesús
Quien quiera escucharlo, Mel Gibson afirma con severidad que su tercera opción cinematográfica como cineasta, en rigor no emerge de un capricho personal, sino de la voluntad del intento de retratar con la mayor fidelidad posible los acontecimientos que rodean a las últimas doce horas de la vida de Jesucristo y que culminan en su crucifixión. El tema se ha puesto tan candente que unos tres mil párrocos asistirán a una exhibición privada. De allí se avivará seguramente el debate sobre la pasión de Jesucristo.
Según han señalado varios observadores calificados, La Pasión es el registro más controversial y debatido de los últimos tiempos a partir de una suma de conflictos que todavía está lejos de solucionarse. En las discusiones que rondan al filme hay inflexiones críticas sobre aparentes actos discriminatorios, una iconografía extrema en materia religiosa y polémicas en torno a la letra y el espíritu de los textos que inspiraron el proyecto.
Por otro lado, no fueron pocos los que se encargaron de recordar que el actor y cineasta australiano se identifica con los grupos del tradicionalismo católico que siempre objetaron las reformas del Concilio Vaticano II.
Desde diversas instituciones judías se temió en las últimas semanas que esa actitud pudiese reaparecer a partir de los planteos sugeridos en el filme. «Esta película puede alimentar el odio, la intolerancia y el antisemitismo», manifestó Abraham Foxman, director de la Liga Anti-Difamación en Estados Unidos. Y el representante demócrata por Nueva York Dov Hilkins fue más allá al decir que el filme «es peligroso para los judíos de todo el mundo y puede generar una violencia potencial dirigida hacia ellos. Mel Gibson atrasó el reloj y nos lleva directamente hacia la Edad Oscura». Ahora tres mil párrocos verán el filme a puertas cerradas y factiblemente seguirá la polémica.
Gibson invirtió unos 30 millones de dólares en La Pasión. Se viene hablando, asimismo, de la extrema violencia de algunas secuencias que parecen seguir el estilo de su anterior y laureadísimo filme Corazón valiente pero de igual modo no atenuó el entusiasmo del cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos, prefecto de la Congregación del Clero, que tomó contacto en el Vaticano con una versión no terminada de la película. Para Castrillón, el filme es «un triunfo del arte y de la fe» y agregó que retrata el pecado «sin hacer ni insinuar condena alguna hacia algún grupo en particular». En la misma dirección, el arzobispo norteamericano John Foley dijo que, a partir de los extractos que pudo observar, se trata de «un excelente filme».
Con semejante respaldo, Gibson ya se animó a imaginar que, una vez estrenada, la película podría tener «un fuerte poder evangelizador». Y a la vez. Gibson fue tan fiel a sus creencias que convocó para encarnar a Jesús al ascendente Jim Caviezel (La delgada línea roja) que también es católico practicante y tiene 33 años, la misma edad de Jesús en el momento de su muerte.
Pocos hasta ahora han visto la película y nadie se anima a asegurar si alguna de las versiones exhibidas hasta ahora en ámbitos muy discretos y frente a espectadores muy caracterizados será la definitiva. Uno de los pocos afortunados que pudo ver La Pasión fue el crítico Michael Medved, guionista y presentador del documental Hollywood versus Religión, emitido hace poco por el canal público PBS en Estados Unidos. Para Medved, el filme es «intenso, sugestivo y creíble», y agregó que las acusaciones de antisemitismo eran injustas e inapropiadas.
Según estableció un informe de la revista norteamericana Entertainment Weekly, las mayores objeciones al guión provienen de grupos de estudiosos judíos y cristianos que palparon, al obtener una copia del guión, que el nudo de la trama era la persecución a la que fue sometido Jesús por parte del sacerdote Caifás, con el apoyo de buena parte de la población judía. A esto se suma una escena que muestra a un grupo de judíos clavando una cruz cristiana en el interior de un templo. No obstante, en la misma publicación se invoca a una fuente cercana a Gibson para señalar que esas escenas quedaron descartadas del montaje final de la película. A la vez, otros allegados a la producción que el filme no podría contener secuencias radicales o cuestionables al estar inspirados en los diarios de la religiosa alemana Ana Catalina Emmerich (1774-1824), que llevó en sus manos los estigmas de Cristo, y los escritos de la española Sor María de Jesús de Agreda, además de los Evangelios. A propósito de estos últimos, Gibson dijo haber seguido respetuosamente la letra de sus textos y que la intención del largometraje pasa por «inspirar y no ofender».
Pero lo más conflictivo, aparentemente, transcurre por el tono polémico alrededor de la utilización o no de subtítulos para acompañar diálogos y testimonios hechos en lenguas cuyo conocimiento se limita a estrictos y pequeños círculos de estudiosos (hebreo, arameo, etc.).
Entre quienes sostienen que los subtítulos no parecen necesarios está Monica Bellucci, que en el filme encarna a María Magdalena y se ha convertido en una de las más firmes defensoras del punto de vista de Mel Gibson. El filme, pese a todo, se estrenará en febrero. Aquí se tiene pensado hacerlo rodar en las pantallas para las Pascuas de 2004. *
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