Sin alcohol por "28 Días"
Hoy estrena 28 días, para felicidad o tormento de los admiradores de Sandra Bullock. Podrán verla, pero no en uno de sus papeles habituales sexi-policiales, sino en una comedia dramática.
El guión de esta parábola sobre los peligros de la vida disipada, pertenece a Amy Pascal, presidente del consejo de Columbia pictures y a la guionista Susannah Grant. Es dirigida por otra mujer, Betty Thomas.
El guión se centra en una institución nacional norteamericana que no tiene equivalente en nuestro país: el ‘party’. En un país tan grande, donde «hay» que conocer mucha gente, la vida social se basa en frecuentes fiestas más o menos empresariales, de 6 a 8 de la tarde, en la que el tiempo pasa en presentaciones de gente que, probablemente, sólo se vuelva a ver en otro ‘party': «Nice to meet you».
Gwen Cummings (Sandra Bullock) es una exitosa escritora de Nueva York que vive de prisa y que es la invitada favorita para los ‘partys’ de todo el mundo. Ella comparte este estilo de vida que parece una montaña rusa al brincar de una discoteca a un bar, a una curda terrible con su novio Jasper (Dominic West), un joven guapo, con una personalidad magnética y que se siente igualmente atraído por este estilo de vida».
La vida es sólo una cuestión de cocktails, hasta que llega el espectáculo que da Gwen en la boda de su hermana Lily (Elizabeth Perkins), cuando ella se emborracha, choca la limosina y se hace acreedora a una multa y a una pena judicial de 28 días de rehabilitación antialcoholica.
Ahí, Gwen se enfrenta con un singular paquete de reglas (no se pueden usar teléfonos celulares) y rituales (como la oración) enmarcados por un grupo de pacientes en rehabilitación: Eddie (Viggo Mortensen), Gerhardt (Alan Tudyk), Oliver (Michael O’Malley), Andrea (Azura Skye), Roshanda (Marianne Jean-Baptiste, actriz nominada para el Oscar) y Bobbie Jean (Diane Ladd, actriz nominada para el Oscar).
Una chica de ciudad hasta lo más profundo de su ser, Gwen está decidida a no ceder a la moralina médica. Pero entonces ella conoce a Cornell, su terapeuta (Steve Buscemi), quien comienza a romper las defensas que ella ha construido cuidadosamente y la obliga a dar un buen vistazo para que se dé cuenta de la persona en la que se ha convertido.
Al final, gracias al compañerismo del grupo, así como a una pérdida terrible, Gwen gradualmente pierde su cinismo y comienza una larga batalla para retomar su vida. Ella descubre que tu interior puede ser similar a tu exterior.
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