La memoria recuperada
Lo hace como réplica a la adversidad, como defensa de su integridad mental y hasta como proyecto: ante la difícil pregunta de quién soy, le da la palabra a quien fue.
El pasado nunca está cerrado del todo, y, como la pitonisa, contesta algunas preguntas. Así lo visitan a Rosencof, in absentia (y a veces lo eluden), los personajes de su vida, siempre duplicados por un símbolo: los familiares son la primera experiencia del mundo, pero son también los portadores de la imagen anticipadora del nazismo y la persecución, que se encarnaron de nuevo, bajo otros rótulos, en la reclusión del autor.
De un modo semejante el cartero, que nada significa por sí mismo, pero que puede tener la poesía del mundo es una simple carta, es Hermes o Mercurio, el mensajero, que se manifiesta al fin en la conversación entre las celdas, mediante la reinvención sui generis del alfabeto Morse.
El revolucionario tupamaro explora las posibilidades creadoras de la memoria, que también es, potencialmente, subversiva.
El libro del que fue extraída la obra de teatro tiene el sello de la autenticidad, y es imposible sustraerse a su convocatoria. Como en «Memoria para armar» de Buscaglia, sobre el testimonio de mujeres que estuvieron presas en Punta de Rieles y Fusileros Navales, el tema es demasiado considerable como para ignorarlo, y sin ningún preámbulo nos pasa por el alma; es tan apasionante que hasta olvidamos que «Las cartas que no llegaron» es poco más que la lectura en escena de un libro conmovedor. Y más no se necesita: dejemos en paz al «hecho teatral» a la «puesta», al «espectáculo» a los «ejercicios de estilo» y demás deidades.
El director fue César Campodónico: su mejor acierto fue dejar fluir a la obra en la forma más sencilla posible. *
LAS CARTAS QUE NO LLEGARON, de Mauricio Rosencof, en versión escénica de Raquel Diana y Mauricio Rosencof, por El Galpón. Con Gustavo Alonso Castilla, Marcos Flack, Rebeca Franco, Dante Alfonso, Gastón Caperchione, Felisa Jezier, Gisella Marsiglia y Daniel Cardozo. Escenografía de Osvaldo Reyno, vestuario de Carlos Pirelli, luces de Eduardo Guerrero, música y dirección musical de Sergio Fernández Cabrera, dirección de César Campodónico. Estreno del 15 de agosto. Teatro El Galpón, Sala Atahualpa.
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