Reina del tango
«Toque de queda» hizo ver cómo un gran actor (Walter Reyno) no puede rescatar una obra inferior y sí puede subrayar sus defectos; por si quedara alguna duda, aquí tenemos el caso muy similar de Dahd Sfeir con un personaje menor en una anécdota poco inventiva, que nos parece debe algo a «Potestad» de Eduardo Pavlovsky. Ciertamente, el monólogo (Carlos Pais) está razonablemente bien escrito y, lo que no pasa en la obra de Gorostiza, transparenta tanto un buen oído para el habla popular como, aún, un sentimiento artístico de la palabra; y tiene Pais una memoria fiel para las letras del tango y sus sugestiones dramáticas. Sfeir, por su parte, es convincente, es aplicada, domina el escenario, seduce, reina; todo lo ha calculado y todo funciona, como sus cambios de chales, chalecos, echarpes y pañuelos como sus cantos y sus canturreos; todo está vivo, pero para muy poco. La obra muestra sus cartas en las primeras líneas, y eso parece obliterar lo que está en el medio; si la obra, en vez de durar más de una hora se hubiera comprimido en veinte minutos, que alcanzan y sobran, tendría una intensidad dramática de la que hoy carece.
Ducho sigue siendo admirable como actriz, pero no creemos que la elección de su repertorio (acaba de hacer «No hay que llorar», de Roberto Cossa) sea la más feliz. La hemos visto interpretando, como muy pocas, a la tragedia; hemos visto su sutileza en la comedia. ¿Debemos desesperar de verla en una obra de primer orden?
SOLEDAD TANGO, de Carlos Pais, con Dahd Sfeir. Escenografía de Osvaldo Reyno, iluminación de Adán Torres, música de Carlos da Silveira, dirección de Jorge Curi. En Teatro del Centro Carlos Eugenio Scheck, estreno del 15 de agosto.
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