ARTE

Carlos Nine, dibujante para ver y estimar

Conoce todos los resortes de las más variadas técnicas. A diferencia de sus colegas caricaturistas que funcionan dentro del contexto de la revista o el diario, y cuando esas mismas ilustraciones se exhiben en una sala se desploman por la debilidad de la elaboración, Carlos Nine mantiene incólume la contundencia de sus formas desgajadas de la función para las que fueron concebidas. Es que no es un historietista, caricaturista e ilustrador más. Es un creador mayor que publica con regularidad sus trabajos en la prensa escrita y en libros, dentro y fuera de Buenos Aires, donde nació en 1944.

Claro, tiene una formación académica (escuelas nacionales de artes visuales Manuel Belgrano y Prilidiano Pueyrredón) y se nota en las diferentes técnicas que utiliza. Conoce los secretos del grafito en color y en blanco y negro, de la tinta, el pastel, la tiza, la acuarela utilizada de manera muy especial, el collage con fotos recortadas. Pasa con asombrosa facilidad de lo lineal a lo pictórico, del plano al volumen con resonancias escultóricas, de la composición cerrada a la abierta, del empaque referencial a la sugestiva fantasía. Al parecer, no tiene límites formales ni encasillamientos estéticos. La libertad operativa es su hábitat natural. Dentro de los márgenes que imponen los medios de comunicación, desde luego.

Su talento se impuso en las revistas Fierro y Humi, y se diseminó por El Periodista, Clarín, La Nación, Noticias, de la capital porteña, haciendo las delicias de los lectores e influyendo en ambas márgenes del Plata, aunque sus colaboraciones se extendieron también por Europa y Estados Unidos en prestigiosas publicaciones. También dejó sus huellas entre el público infantil, que supo celebrar como corresponde esos libros.

El diseño del montaje guía al visitante por las diferentes técnicas empleadas por Carlos Nine, pero el ojo observador se detiene en la envolvente ternura que acaricia a cada personaje, que nunca oficializa la agresión formal con ángulos rectos o líneas en conflicto, a la manera expresionista, sino que cada personaje, aun los más siniestros, admite la suave amnistía del humor sutil que invita a la reflexión y no a la denuncia estridente dentro de los parámetros de una figuración flexible iluminada por pequeños detalles reveladores.

En un panorama de exposiciones sin mayores atractivos, Carlos Nine es una estimulante incitación a visitar la Sala Carlos Federico Sáez, Rincón 575, de lunes a viernes, de 12.00 a 18.00, hasta el 29 de agosto. *

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