LA LENGUA NO ES DE TRAPO

Más anglicismos

En la columna de la semana pasada intenté denunciar la forma subrepticia en que se van incorporando a nuestro código lingüístico significados ajenos a los vocablos castellanos, por lo general calcados del inglés.

Era el caso de ignorar por prescindir, de dar por regalar, etcétera. Pero los clones anglosajones que se cuelan merced a la negligencia o ignorancia de traductores traidores no tienen que ver sólo con la semántica: la sintaxis también sufre los embates de este desprecio por el castellano.

Hace unos días veía en la tele una película  estadounidense, of course  de la que registré el siguiente diálogo: «No me gusta esa relación de Sheila con Dick», comentaba un padre preocupado a su esposa; y ésta respondía: «Ni a mí«.

El lector se preguntará en qué radica el yerro sintáctico, y yo no me atrevo a sostener que la respuesta dada por el personaje sea incorrecta. En efecto, nadie se sorprendería de leer, por ejemplo, «La película no gustó a la crítica ni al público», un enunciado correctísimo e inobjetablemente castellano. Sin embargo, y fundamentalmente en el lenguaje oral, nuestro idioma dispone de un adverbio de negación especial para estos casos: tampoco, el antónimo de también. ¿No es más habitual decir  en lengua oral : «A los críticos no les gustó la película y al público tampoco»?

Y retomando la situación de comunicación de la película yanqui, resultaría mucho más normal la construcción siguiente: «No me gusta esa relación de Sheila con Dick», a lo que la esposa respondería: «A mí tampoco«.

Algo similar ocurre con el enunciado siguiente, aparecido en los subtítulos de otra película yanqui: «Â¡Qué agua clara… veo mis pies!». Formalmente es inobjetable, pues cualquiera diría, por ejemplo, «desde esta colina veo mis propiedades». No obstante, lo normal en español es la construcción con pronominal y sin posesivo: «Me veo los pies»; del mismo modo que nadie diría «lavo mis dientes» sino «me lavo los dientes», o «Camila se prepara el desayuno» y raramente «Camila prepara su desayuno».

 Me imagino que a usted no le gusta seguir charlando a pico seco, ¿no? Bueno, a mí tampoco; así que mande servir la otra…

 Â¡Qué lo parió! *

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