El hombre y la máquina
Ocurre que en un medio como el nuestro con las ya conocidas carencias financieras resulta destacable el hecho de que se pueda acceder a músicas que escapan a los parámetros considerados como normales, y por lo tanto, alejándose tanjencialmente del sentido de tribu que persiste en buena parte del público. Es que las recientes ediciones de los discos Astromelia, de Federico Deutsch y Pool de Nicolás Costa a partir de ahora Loopez conforman una saludable brisa removedora para nuestra aldea, ahora un poco más global. Alejados de toda evocación pretenciosa, ambos materiales acentúan su interés en privilegiar al formato canción como vehículo de las emociones.
Consultado Deutsch sobre su relación con las máquinas, el músico reconoce que «me llevo muy bien con ellas», aunque estableció que a veces «se escapan un poco al control humano ya que se complica para algunos el dominio de la totalidad de su lenguaje». Respecto al proceso de creación de Astromelia, su autor informa que «nos llevó más de un año, pero tuve la suerte de trabajar con gente que si bien toca instrumentos tradicionales, los ejecuta con cabeza electrónica y eso es de gran ayuda».
Está claro que por la segmentación en tribus que muchas veces se registra en nuestro país, la aceptación de esta música por parte del público masivo puede presentar algunas dificultades. Sobre ello Federico Deutsch asegura que «después de lo que hicimos con el proyecto Innova pudimos sacar a la música electrónica de los ámbitos de la discoteca y la pudimos estacionar en otros lugares». Esa iniciativa fue un colectivo de artistas con inquietudes electrónicas donde «se mezclaron diversas corrientes, algo que no resultó nada tradicional, con otra cabeza para hacer las cosas» y que ahora entró en un impasse ya que dos de sus integrantes se radicaron en el exterior, aún así; la idea «está lejos de estancarse, seguimos trabajando por internet, aunque no es lo mismo por la distancia», dijo Deutsch, quien le tiene gran confianza a su trabajo, «aunque el mercado sea chico» y en ese sentido apunta su vista al exterior como forma de expandir su arte. Tiene con qué.
Por su parte, Loopez, es un músico de amplia experiencia por su trabajo en los estudios de grabación, realizando verdaderas artesanías sonoras con material de grupos como The Supersónicos o Elefante. Este ex DJ comienza a principios de los años ochenta con esa actividad hasta que en los primeros años noventa arranca con sus primeras experiencias electrónicas. A fines del pasado año se presentó en el 12 Bar de la capital británica, en algo que se puede catalogar de extraordinario para un músico local.
Loopez apuesta a hacer algo diferente, en definitiva, ir contra los prejuicios. «Hoy siguen existiendo las tribus, pero están más abiertos», sostiene el músico, al tiempo de preguntarse de qué se habla cuando se habla de electrónica. «Kraftwerk, Gustavo Cerati o el Peyote Asesino lo son», marcando claramente que la forma de hacer música pasa por cómo se utilizan los elementos técnicos. Igual que en caso de su colega, Loopez asegura que «gente muy aferrada a un estilo determinado aceptó mi disco». Lo cierto es que la sonoridad de este Pool resalta por su madurez, destacándose por el respeto sobre la canción. En el disco aparecen como invitados Stella Maris, cantante de Elefante y el guitarrista del grupo, Bestia. También participan Bob Sónico de The Supersónicos y Daniel Bonilla, el competente guitarrista de Fixión. Se trata, a no dudarlo, de dos propuestas que van más allá de la mera curiosidad por un determinado esteticismo, son dos propuestas sólidas y muy definidas, y que resultan de lo más interesante del año. *
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