Las formas de la belleza
Las formas de la belleza, en un compositor de la estatura de Luis Alberto Spinetta, cobran formas y dimensiones diferentes y siempre revulsivas, elegantes, refinadas, de una poética doblegadora. Es el poeta –junto a Charly García, Fito Páez y Andrés Calamaro– que funciona como espejo de una comunidad, utilizando el lenguaje y trabajándolo con un sistema metafórico realmente impresionante a lo largo y ancho de su obra fundada y, en este caso, en un disco de exquisiteces varias como lo es su flamante Para los árboles.
Viene de una fase furiosamente eléctrica y, en el citado compacto toma distancia para acercarse al roce humano y, desde allí, construir una trama de canciones de subida emotividad donde Spinetta se parece más que nunca a ese flaco desgarbado elevándose con una voz insuperable.
Si hay algo que se aproxima a la hondura, a la idea de trascendencia –sin proponérselo–, dentro de la cultura rock en español, ese es precisamente Luis Alberto Spinetta. Por eso la idea de compositor-faro, de referencia puntualísima, de sentido de la vigencia, acaso porque su creatividad atraviesa las edades y las generaciones sin altibajos ni decaimientos. Respetando la tradición, su piel sonora es tan moderna y sugestiva, tan provocadora que llama a escuchar y escuchar varias veces los tracks.
Muy electrónicos, Spinetta y los suyos logran el resultado de la exuberancia, de la solidez, de la obra casi perfecta desde que abre con «Sin abandono» hasta la clausura con la impecabilidad de «Vida». Una suma de canciones que ofrecen múltiples escuchas y lecturas, que exigen gratamente a los oídos con sus detalles, su estructuración arreglística y otras sutilezas, que las vuelven verdaderas cajas chinas. Spinetta más roquero que nunca sin pretender el plan de roquero, muy bueno. Canciones que emocionan y nos trascienden por su estupenda ejecutividad compositiva y expresiva.
Está la bellísima balada «Dos murciélagos», el imponente blues «Miro tu amor», con percusiones al frente, una guitarra sintetizada y el bajo como pulsación implacable; la fina introducción pianística que despierta «El lenguaje del cielo», el despojamiento de «Tu cuerpo mediodía», con sólo guitarra y voz; la descarnada pintura urbana que viene a ser «Ciénaga dorada».
Porque este disco habla de lo que fuimos y seremos con ese particular tono neoexistencialista de Spinetta. El flaco habla a los árboles, a la memoria humana, al pasado y al presente con puntos de vista nunca lineales, siempre insinuantes, poética cerrada para receptores exigentes.
Para los árboles es una lección de vida de un compositor, mejor dicho –citando uno de sus lemas preferidos– de un guerrero que no detiene jamás su marcha. *
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