POLLOCK, DIRECTO A VIDEO

Genio del action painting

Hay varios filmes sobre pintores que se han metido en la interioridad creativa y en su cotidianidad con resultados dispares. Piénsese en aquella pieza maestra que fuese Vincent & Theo, en Basquiat o en Picasso y se comprobará que en general hay un atractivo irresistible por la sensación de diferentes que suponían ser los artistas abordados: diferente dentro de los diferentes, todo un gesto que emerge de una actitud contracultural y, que una vez posicionada, también en algunos casos pasó a formar parte de la cultura de masas, quien termina adoptando esas manifestaciones inicialmente de vanguardia y por supuesto periféricas para estandarizarlas en la mayoría de las veces, en otras no por la propia dinámica de cada artista.

Jackson Pollock fue un genio, un iluminado y asimismo un alcohólico con ráfagas del prototípico atormentado por sus demonios interiores. Fue el profeta del expresionismo abstracto y todo un referente de lo que se denominó action painting, y fue también de esos diferentes dentro de una tribu de diferentes que tuvo, inexorablemente, un trazo existencial tortuoso y por momentos autodestructivo.

Y es lo que busca dejar escrito en la pantalla su director y protagonista Ed Harris con un más que promisorio pulso cinematográfico en la estimulante Pollock, otro filme que no fuese estrenado en salas cinematográfixas y que fue directo a video. Capturar la esencia de un individuo entregado a sus pasiones en forma desbordada y desbordante de creatividad. Un individuo con halo maldito, con verborragia de outsider, aunque en definitiva un hombre de contextura también cerebral, de un sentido intelectual amplio y brillante.

A través de Pollock, Harris, que dirigió y protagonizó el filme, practica una labor por momentos fascinante que representa las interacciones del pintor, de la pintura y de la lona; toda la progresión artística de Jackson Pollock más lejos y más lejos en el universo de la abstracción; y su sentido febril de rivalidad con sus contemporáneos, además de la peculiar relación afectiva que mantuvo con Krasner (con la que la espléndida Marcia Gay Harden obtuvo un Oscar).

Harris constata con extrema fidelidad los vértices intelectuales y emocionales de Pollock, ya sea lanzado en la propia gestión artística o en el área turbulenta de las reciprocidades afectivas, esas pertenencias que se dislocan, se equilibran y vuelven a dislocarse en una suerte de espiral infatigable.

Lo cierto es que el filme, a diferencia de similares, cobra una dimensión demoledora: por las performances del propio Harris, de Marcia Gay Harden y de una fatal amante que compone la también laureada Jennifer Connolly: allí puede amarrarse a Pollock en sus variadas acústicas, en su propio sonido y furia que lo volvió uno de los plásticos esenciales del siglo XX.

El tour de force que practicó Ed Harris  que ciertamente después utilizaría con mayor control expresivo para el poeta terminal que compuso para un filme como Las horas  es realmente avasallante. Intenso, extremo, desbocado como el genio y figura que fuese Jackson Pollock. Imperdible. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje