La muerte del cacique Patoruzú
El destacado dibujante argentino Dante Quinterno, creador de las entrañables historias del cacique Patoruzú y del descarriado «atorrante play-boy» Isidoro Cañones, falleció a los 93 años en Buenos Aires.
La inolvidable galería de personajes que nacieron del talento de Quinterno alimentaron la fantasía de cinco generaciones de argentinos y uruguayos, que acompañaron al valeroso cacique en sus aventuras y al prototípico porteño en sus correrías, y aún lo hacen.
Los trabajos de Quinterno conquistaron a los rioplatenses con sus trazos estilizados, su expresividad gestual simple, su excelente diseño de personajes y su vibrante pulso narrativo.
Los argumentos de sus historietas, siempre rematadas por moralejas sostenidas en profundos valores morales, transitaban por el humor, la aventura, el costumbrismo e, incluso, la épica de los grandes mitos.
Quinterno nació en Buenos Aires el 26 de octubre de 1909 en el seno de una familia numerosa, integrada por su padre, Martín Quinterno; su madre, Laura Raffo, y sus tres hermanas: Celia, Luisa y Laura.
Su abuelo paterno, Pedro, era de origen piamontés y se había instalado en la zona de San Vicente, donde adquirió chacras para dedicarse al cultivo y comercialización de frutales.
Quinterno realizó sus estudios en el colegio Bernardino Rivadavia y, entusiasmado por los deportes, se dedicó paralelamente a la práctica del boxeo y del remo. En 1924, y ya con una firme vocación por la historieta, Dante Quinterno comenzó a enviar sus dibujos a diferentes diarios porteños, y con sólo 15 años hizo su debut profesional como dibujante con la tira «Pan y truco», publicada en El Suplemento.
Un año más tarde, siendo ya discípulo del célebre dibujante Diógenes «El Mono» Taborda, empezó a publicar en el diario El Mundo su personaje «Don Fermín», más tarde conocido como «Don Fierro», y también creó «Andanzas y desventuras de Manolo Ouranta», entre otras obras.
Su máxima creación, Patoruzú, apareció el 19 de octubre de 1928 en el diario Crítica como personaje secundario de la tira Aventuras de Don Gil Contento, aunque originalmente el cacique se llamó Curugua-Curiguagüigua.
No obstante, ese mismo día el superhéroe patagónico fue bautizado con el nombre con que es conocido hasta la actualidad por decisión del propio dibujante.
Después de viajar a los Estados Unidos en 1933 y contactarse con los Estudios Disney, llegó la consagración de Quinterno: en noviembre de 1936 apareció el primer número de la revista Patoruzú, que agotó en pocas horas sus cien mil ejemplares.
Cinco años más tarde, el dibujante se casó con Rosa Schiaffino, con quien tuvo tres hijos: Dante, Walter y Mónica. Años más tarde, sus dibujos trascendieron el papel de las revistas y llegaron a la pantalla grande: el 20 de noviembre de 1942 se estrenó en el cine Ambassador –el mismo día que La guerra gaucha–, el cortometraje de quince minutos conocido como Upa en apuros, que fue el primer dibujo animado argentino en colores.
Durante la década del 50, Quinterno dio un giro significativo a su vida, al dedicarse a la actividad rural y ganadera, tras comprar campos en Cañuelas, Coronel Brandzen y Trenque Lauquen, y creó la revista Dinámica Rural.
Entre 1956 y 1957 se abocó a construir un modelo de auto deportivo, casi idéntico a aquellos que suele conducir otro de sus hijos preferidos, el pícaro Isidoro Cañones, quien además es el padrino de Patoruzú en las historietas.
En octubre de 1968, durante la celebración de la Bienal Mundial de la Historieta llevada a cabo en Buenos Aires, Quinterno se opuso terminantemente al uso de la imagen del indio en los afiches promocionales.
Portador de un perfil bajo, Quinterno declaró en un reportaje publicado en octubre de 1931: «Encontré a Patoruzú después de haber estudiado la psicología de los indios que sobreviven en el país, y me interesó especialmente el más bonachón e ingenuo».
Además, en aquella entrevista, Quinterno destacó que el cacique «es el hombre perfecto dentro de la imperfección humana», ya que «la bondad de este indio noble puede alcanzar límites insospechados, pero no confundamos su credulidad y su ingenuidad con la necedad del lelo».
Mientras Patoruzú hacía estragos en el diario La Razón, Quinterno comenzó a desarrollar la tira de Isidoro para el matutino El Mundo, narrando las andanzas humorísticas del típico «pituco» porteño, precursor del modelo que explotaría a la perfección el Avivato de Lino Palacio.
La revista propia de Patoruzú fue creada en noviembre de 1936, y tuvo su desprendimiento con Patoruzito –la versión infantil del héroe– en 1945. Por aquella época, se llegó a la fracasada edición estadounidense de Adventures of Patoruzú por Green Publishing Co., solventada por el abundante merchandising y empleo propagandístico que aprovechó la figura más popular de las historietas argentinas de aquellos años.
Con el correr de los años, Quinterno perfeccionó las historietas y las rebautizó como Andanzas de Patoruzú, Correrías de Patoruzito y le dio vida a las Locuras de Isidoro, quien de esta manera logró salir del diario y ganar espacio propio. *
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