Teatro político y de posguerra
La obra entrelaza diferentes historias que se sitúan en la Sarajevo sitiada por los serbios y en una Montevideo no tan lejana de violencia y heridas aún abiertas.
El autor dijo a LA REPUBLICA: «A primera vista es muy poco lo que une a estas dos ciudades, pero antes que nada tendría que contarte sobre la génesis de esta obra. Varias de las obras que escribí tienen algo en común y es que fueron escritas ‘por encargo’. En el caso de Sarajevo esquina Montevideo la idea partió de una charla informal que tuve hace años con un actor y una directora, ambos de familias con descendencia yugoslava, croatas más específicamente. Como yo había seguido muy de cerca la guerra de los Balcanes el tema me entusiasmó y comencé armando un monólogo, para ese actor, que involucrara su conflicto de inmigrante y su vida en el Cerro con la destrucción de Yugoslavia. Ese primer proyecto no prosperó, pero continué con la escritura y se fueron agregando otros personajes al texto. El actor Iván Solarich, siguió de cerca la escritura y desde un primer momento se comprometió a interpretar ese personaje. Después se sumó María Dodera, quien es en definitiva la que armó el espectáculo y le dio forma primero en su cabeza, luego en los ensayos.
Creo que lo que une a las dos ciudades es una fuerte metáfora sobre la guerra, sobre diferentes guerras o estados de violencia que están presentes en la historia cercana de nuestro país.
Es más, la obra va en otro sentido, aunque no se pueda evitar el hecho de esa guerra tan cercana en el tiempo y que la vivimos prácticamente en vivo y en directo. Investigué y leí muchísimo sobre lo que pasó en Yugoslavia, y no sólo el episodio terrible de las matanzas étnicas de los 90. Fui más atrás, de la Edad Media hasta los años de Tito, y lo que descubrí es que cada vez que profundizaba en el tema más me desconcertaba y más difícil se me hacía tomar una posición sobre lo que sucedió o sigue sucediendo en estos años. Lo que sí aparece en la obra es la locura de la guerra, y por eso elegí que el protagonista termine en un psiquiátrico, y por eso también tienen gran importancia otros personajes laterales como una pareja de un joven serbio y una chica musulmana, como también un periodista. Y de ese ambiente de la Sarajevo sitiada trazo un paralelo, no sólo con un pasaje negro de la historia uruguaya, sino también con el estado de posguerra que vivimos actualmente.
¿Cómo sería ese estado de posguerra que se vive en Uruguay? Porque supongo que existen diferencias entre una guerra civil y una crisis económica.
Por supuesto. Ni hablar que son diferentes. Pero hay situaciones que son trágicamente similares. No pocos sociólogos y politólogos han advertido que Uruguay vive actualmente un dramático momento histórico con síntomas de posguerra, de haber sido arrasados, de shock cultural y emocional. Y más allá de que se puedan establecer paralelos en cuantificar destrozos o en el horror de advertir que nuestros muertos o nuestras víctimas son los emigrantes, los que se van en masa, los que ya no están, a mí lo que me interesa es el tema emocional, de cómo se percibe o se vive en ese estado de guerra. Y la crisis económica ha acentuado, por ejemplo, patologías psiquiátricas que se sufrieron, por ejemplo, en una ciudad sitiada como Sarajevo. Y hay otro tema, que tiene que ver con el no asumir, en forma individual o colectiva, el desastre que se acerca. Eso le pasó a muchos yugoslavos que no asumieron la evidencia de la guerra hasta que llegó a su barrio, a su casa. Está presente en el Diario de Zlata, por ejemplo, que Fernando Beramendi llevó al teatro hace varios años. Y lo mismo nos sucedía a nosotros cuando veíamos por Crónica los saqueos en Argentina y algo dentro de cada uno nos decía «esto no nos puede pasar». Ahí es cuando se está anestesiado, cuando se trata de evadir lo inminente, y es cuando se cometen los mayores errores y no se toman las previsiones para enfrentar la tragedia.
Después la «guerra» en sí es un momento de locura, y después recién viene el tiempo de asumir responsabilidades y además de intentar sobrevivir y mirar hacia delante, es necesario no perder de vista ese delgado hilo que separa al bienestar del abismo, a la libertad del fascismo, a la tolerancia del odio.
En la publicidad de la obra se lee la consigna «No a la Guerra». Y por lo que decís lo político es parte sustancial de Sarajevo esquina Montevideo…
Tiene que ver directamente con una concepción del teatro, que pasa por la necesidad de crear un teatro de choque, provocativo, que plantee preguntas y no respuestas, que no sea complaciente. Y esa actitud viene de concebir al teatro como un escenario al que hay que redefinir constantemente, sobre todo porque hay zonas sensibles que otros artes no pueden alcanzar aunque lo intenten.
No solo en los contenidos sino, y sobre todo, en la estética visual y en la forma. *
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