Escrito por: RAUL FORLAN LAMARQUE

Cuando Wayne Wang empieza a desarrollar los perfiles de los personajes en Sueño de Amor, se entenderá que esa mujer latina, poblada de sueños, tendrá su lugar en la ruta. Ni excluida ni marginada: hacia adentro porque la metáfora de Cenicienta parece seguir alimentando algunas mentes del nuevo milenio y, desde luego, de Hollywood. Porque Marisa Ventura (Jennifer López), la madre soltera que trabaja y trabaja como mucama para el cuidado de su hijo, quiere progresar y allÃ, contra viento y marea, se plantea la idea de crecer y ser una mujer acaudalada de la que se sonrÃen sus amigas, aunque terminen alentándola.
Asà llegará Christopher Marshall (Ralph Fiennes), un aspirante a senador que está diseñando su campaña electoral en el mismÃsimo hotel. El folletÃn, pues, se hará ineluctable y la relación entre ambos protagonistas será inevitable.
Como en Mujer Bonita o Secretaria Ejecutiva, dos comedias de trazo similar, el filme de Wayne Wang (que supo de logros mayores como Cigarros) despliega la idea de superarse a sà mismo sorteando las diferencias de clases y de formaciones culturales que trabajan por opuestos a partir de una construcción amorosa que está por encima de cualquier prurito o reparo.
Sueño de Amor llega a tener una lectura naif y, acaso, previsible, al punto de que solamente Ralph Fiennes llega a darle dignidad interpretativa a un personaje realmente menor. Jennifer López le otorga al relato esa belleza latina por la que todos parecen haber enloquecido en los Estados Unidos, ya que además hay que soportarla como cantante pop.
De todos modos, por allà deambula el notable Stanley Tucci caracterizando a un ladino jefe de prensa de un candidato polÃtico. Esta comedia de tonalidad romántica, en consecuencia, no va más allá de lo previsible y se la puede ver, sÃ, en estos dÃas que son para no pensar demasiado y donde viene bien la polÃtica de desestresarse. Pero si busca exigencia estética, bueno, apunte hacia otra parte. *
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