CONSTRUYENDO LA VIDA, DE IRVIN WINKLER

Una metáfora del american dream

La exposición de una estética del «sueño americano» ya supone un clisé en el cine hollywoodense. Construyendo la Vida (Life as a House), de Irwvin Winkler, es una historia que no puede ser separada de este contorno que se reitera una y otra vez, como fórmula cultural establecida. Y muy especialmente en métrica cinematográfica.

La metáfora de la construcción admite, en este filme protagonizado por Kevin Kline y la laureada Kristin-Scott Thomas, precisamente construir una casa nueva y en consecuencia una forma de vida más aireada, alejándose de lo anquilosado y toda retórica afectiva. Fundar o, en todo caso, refundarse. La morada, entonces, como reflejo evolutivo del comportamiento de las criaturas en conflicto.

De este modo, el filme de Winkler focaliza a George (Kevin Kline) habitando bajo un techo desaliñado: la monotonía y la ausencia de placer gana al lugar y al personaje. Luego, una situación límite lo hará tomar conciencia de que necesita ya una lógica de cambio y es cuando la casa asomará como emblema de George, al tiempo que es la evolución de la película hasta el final.

Hay cierto facilismo resolutivo en el relato. Como si la vertiente reflexiva, aparentemente honda, caiga en la receta y en la banalización. Hay ejemplos: cuando George consigue que su hijo adolescente (Hayden Cristensen) se sume a su proyecto, provoca al mismo tiempo que éste –rebelde, junkie y al borde del suicidio– vaya reparando sus excesos de una forma tan mágica y solvente como ningún psicoanalista lo hubiese alcanzado; cuando la ex esposa (Kristin Scott Thomas) intenta reconstruir (todo es construcción por aquí) la pareja, más que por una decisión naturalmente afectiva, sino por otra prerogativas de un calado menor, como la propia historia que va derrapando sin ton ni son.

Demasiada es la moralina que soporta la anécdota y es lo que, ciertamente, debilita el discurso cinematográfico.Y allí estám dos formidables actores como Kline y Scott Thomas tratando de lidiar con los parches lustrosos del sueño americano. Una lástima. *

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