SERRAT EN PAPEL

Un trovador en su tinta

El Cancionero Serrat (*), un extenso volumen de más de cuatrocientas páginas, reúne buena parte de sus mejores textos –ordenados alfabética y no cronológicamente–, desde su primer larga duración Una guitarra (1965) hasta Sombras de la China (2000).

Escuchar a Serrat resulta siempre un placer, más allá de que, a lo largo de su extensa trayectoria, que incluye más de treinta discos, hubo altibajos en sus producciones discográficas, especialmente en el aspecto musical: por momentos se puede apreciar cierta reiteración a la hora de elaborar los arreglos.

Que esto no se malentienda. No es una crítica al artista que ha acompañado durante décadas a varias generaciones, ni al hombre que supo poner sus hombros (en este caso su voz) en momentos harto difíciles para los uruguayos. Su coherencia y su filosofía a la hora de plantarse ante el mundo han hecho de él uno de los artistas extranjeros más queridos por los uruguayos.

Las ediciones de cancioneros generalmente corren a priori con el riesgo de que el volumen se transforme en un simple conjunto de frases rimadas más o menos bien pero que, despojadas de su ropaje, es decir, de sus notas, acordes, armonía y melodía, queden sólo en eso. Sin música, letra contra papel, el texto no se defiende por sí solo.

A excepción de exponentes de la talla de Bob Dylan, Leonard Cohen o Patti Smith, por citar algunos ejemplos, son pocos los músicos que han editado sus canciones en libros con un resultado que no haya sido invariablemente magro.

Cancionero Serrat, que incluye un prólogo de Antonio Muñoz Molina, admite dos lecturas simultáneas. La primera, indisociable, es leer, despojadas de su música, las canciones que marcaron a varias generaciones de uruguayos e hispanos. La segunda es que el volumen se disfruta, en su conjunto, como un libro de poesía. Y de la buena. Los textos se defienden por sí solos. Da la sensación de que, si nunca hubieran sido musicalizados, ameritarían de todas formas una edición en papel.

El prólogo del español Muñoz Molina define acertadamente lo que el cantautor catalán significó en la década del sesenta. Escuchar por ejemplo el larga duración Dedicado a Antonio Machado (1969) en un viaje en el tiempo que remite a aquellos fermentales años del Mayo Francés, de las utopías a la vuelta de la esquina, del Flower Power, de la condena inexorable de toda una generación a la guerra de Vietnam.

«Serrat, en el mejor de los sentidos, era uno de los nuestros. Llevaba el pelo largo y las patillas que nosotros queríamos dejarnos, y tenía esa juventud adulta que a nosotros, atrapados en la parálisis impaciente de la adolescencia, nos parecía tan inalcanzable como los sueños de asomarnos al mundo exterior», recuerda el autor de El jinete polaco.

Otro acierto del volumen es que incluye decenas de fotografías del cantautor de diferentes etapas de su vida. Desde el pequeño Joan Manuel cuando tenía tres años, pasando por sus años en la milicia –vestido de soldado y guitarra en mano–, hasta imágenes de un jovencísimo Serrat junto a Georges Brassens y Paco Ibáñez, o al lado de Paco de Lucía, García Márquez y Mario Benedetti, entre otros. Una joyita son las fotos del catalán sentado en la tumba de su admirado Antonio Machado y otra en la que aparece de pantalón corto y en cuclillas, junto a los jugadores del Barcelona, como un jugador más del equipo.

«El Serrat de entonces –concluye Muñoz Molina–, de los sucesivos y plurales entonces de su larga carrera, es también el de ahora mismo, y nos ilumina a la vez el recuerdo y el presente. Uno no puede saber cómo será su vida futura, pero sí sospechar cuáles de sus aficciones y lealtades le seguirán aompañando mientras viva. En mi porvenir, igual que en mipasado, estoy seguro de que seguirá habiendo canciones de Serrat».

La permanencia en nuestro pasado, en nuestro presente y, seguramente, en nuestro futuro, al que hace referencia el prologuista, está sustentada en un puñado (decenas) de canciones que bien podrían integrar una selección de las mejores canciones escritas en castellano del siglo veinte. Lo que no es poca cosa.

(*) Cancionero Serrat, con prólogo de Antonio Muñoz Molina. Ediciones Aguilar, Buenos Aires, 419 páginas. Distribuye Grupo Santillana. *

Lo más importante es tener memoria

El cantautor catalán comenzó su gira en el teatro Gran Rex de Buenos Aires el lunes 13 de este mes, donde brindó seis conciertos a sala llena.

El autor de «Para la libertad» también cantó en la ciudad balnearia de Mar del Plata, en Neuquén, en Mendoza, en Córdoba, en Paraná y hoy lo hará en Montevideo. En breves declaraciones en Buenos Aires Serrat afirmó que confiaba en encontrarse en Argentina «con un país que haya reflexionado sobre su historia reciente».

«Espero que la gente de este bendito país no tenga sólo la queja, sino que también tenga proyectos, y tendrá que repasar su pasado para que las cosas no se repitan», expresó al salir del aeropuerto internacional de Ezeiza

En tanto, Serrat advirtió: «Lo más importante es tener memoria y más importante es no perderla nunca, porque es la única posibilidad de saber dónde uno está parado».*

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