Serrat: escuela y refugio del progresismo
Es que Serrat canta y encanta, dice y convence. Su poder de seducción está más allá de cualquier posible análisis. Sus guiñadas cómplices con la gente generan una energía de ida y vuelta, de vuelta e ida, que transforma a sus espectáculos en una suerte de comunión. Vaya logro. Tal vez, o sin tal vez, sea ése el máximo al que puede aspirar un artista.
Serrat completa su felicidad en el contacto con los espectadores. Comprobar que su obra mantiene su poder seductor en un público cada vez más joven es otra de las mayores recompensas.
Como muy pocos elegidos, y en su caso en un grado superlativo, Serrat enamora a sus auditores, esos que lo han venido escuchando desde que lanzó a la perdurabilidad textos de identidad profunda, como Mediterráneo, Fiesta y otras tantas canciones que están instaladas en eso que llamamos memoria emotiva.
Como el poeta Antonio Gala ha dicho de él, no sorprendía hace veinte o treinta años que Serrat fuese un rebelde, pero podría sorprender a algunos que lo siga siendo hoy. Casi todos los que entonces oían a Serrat están muertos o inmovilizados de una u otra manera. El continúa idéntico. Se ha resistido a acomodarse en la poltrona del éxito, de la consagración o el estrellato: el laurel de oro que acaba por vaciar las sienes del creador. No se alinea en ningún batallón: ni de los acomodados, ni de los destructores. No se proclama «definidor» ni defensor del orden, pero tampoco del desorden. Su constante posición es la de romper filas. Su misión no es la de prometer falsos paraísos, ni vestir al desnudo, ni consolar al triste; no se adjudica misión alguna: es un francotirador contagiando a los otros. Si resulta ejemplar es porque lleva la vida entre los dientes, como un cuchillo y como un beso.
Nadie puede dudar un instante que varios de sus discos (el dedicado a Miguel Hernández, el dedicado a Antonio Machado, Mediterráneo y En tránsito, por citar algunos ejemplos) son inobjetables obras maestras. Suma de canciones que marcaron y definieron a más de una generación, hecho que le ha permitido a Serrat reciclar en forma permanente sus auditorios. Versos en la boca es otro de los ejemplos. Un disco que hoy es apenas un pretexto para el reencuentro con los uruguayos que desde hace más de tres décadas erigieron al cantautor como un ícono indestructible de la poesía y la canción popular.
Serrat nació el 27 de diciembre de 1943 en el barrio barcelonés de Poble Sec. Su madre, Angeles, era originaria de Bellchite, donde en 1937 tuvo lugar una de las batallas más cruentas de la Guerra Civil Española que dejó terribles secuelas en su familia. Su padre, Josep, era obrero y un convencido anarquista. Juanito, como se le conocía entonces, comenzó sus estudios en un colegio religioso y los continuó en un instituto de enseñanza laica. En 1960, al terminar su bachillerato, se inscribió en la Escuela de Peritos Agrícolas. En 1964 ingresó al servicio militar y allí conoció a tres compañeros con los cuales formó su primer conjunto musical. Dede entonces se integró al movimiento de la Nueva Canción Catalana que, a través de los textos, la reivindicación de la lengua catalana y su cultura, se opuso con creatividad y firmeza al régimen despótico del general Francisco Franco. En 1965 lanzó su primer disco solista titulado Una guitarra. En 1966 editó Ara que tinc vint anys. En 1967 apareció Canción de la mañana y en 1968 Canciones tradicionales.
En 1969 grabó tres discos de larga duración que lo catapultaron definitivamente a la fama: dos denominados simplemente Joan Manuel Serrat y otro que tituló Dedicado a Antonio Machado, poeta. 1970 fue otro año de trabajos de impecable confección: Serrat 4 y nuevamente Joan Manuel Serrat.
En 1971 editó el magnífico Mediterráneo. En 1972 A Miguel Hernández y en 1973 retomando su lengua materna grabó Per al meu amic. En 1974 apareció en el mercado otro larga duración titulado con su nombre. En 1975 Piel manzana mostró una mayor preocupación en los arreglos melódicos. En 1975 grabó otra vez en catalán Res no és mesqui. El disco producido en el 78 se llamó simplemente 1978. En 1980 editó tres placas: Tal com raja, Encontrar (recopilación) y Album de Oro (antología). 1983 fue el año de En tránsito (titulado «Cada loco con su tema» en una de las ediciones latinoamericanas) y de una nueva antología llamada 12 años.
En 1984 grabó Fa vint anys que tinc vint anys. En 1985 con textos de Mario Benedetti propuso El sur también existe.
En 1986 editó un fonograma en idioma portugués dedicado exclusivamente al mercado brasileño: Sinceramente teu. En 1987 grabó Bienaventurados.
1989 fue el año de Material sensible y 1991 el de Utopía.
En 1994 apareció Nadie es perfecto y la antología Serrat, eres único, un disco en donde una docena de jóvenes artistas realizan versiones de canciones suyas.
Luego, en 1996 vio la luz Banda sonora de un tiempo, de un país, que incluyó treinta y cuatro canciones, la mayor parte de ellas escritas entre 1962 y 1975 por sus compañeros iniciales de ruta, los artistas de la Nueva Canción Catalana, y la edición del fonograma El gusto es nuestro junto a Ana Belén (Pilar Cuesta), Víctor Manuel San José Sánchez y Miguel Ríos.
En 1997 incursionó en la narrativa con Liliana, Historia de Babar y Viaje a la Luna, un disco editado en versiones castellana y catalana, en donde relata tres cuentos musicalizados por Salvador Brotons, Francis Poulenc y Xavier Montsalvatge con la Sinfónica de Barcelona y la Orquesta Nacional de Catalunya.
En 1998 apareció Sombras de la China, un compacto que brilla por su madurez y que contiene canciones de amor nunca estridentes; canciones con un sesgo de mordacidad; canciones de tonos melancólicos; canciones que siguen la eterna persecución de las utopías. Utopías que según ha dicho el cantante «no tienen bastante con lo posible» y sin las cuales «la vida sería un ensayo para la muerte». Esta es una de las claves: su santo y seña para reencontrarse cada vez con los pueblos de América Latina.
En el año 2000 llegó Cansiones (así, con ese) con el seudónimo de Tarres –políndromo de Serrat–, junto a la reedición (por el sello BMG) en formato compacto de su discografía completa.
Ahora es el turno de Versos en la boca, un disco que contiene once canciones y que principia con «De cuando estuve loco», continuando con «Así en la guerra como en los celos» y «La bella y el metro», junto a «Qué será de mí» y «Africa», para luego dar paso a «Muñeca rusa». El séptimo tema es «Los recuerdos» y el octavo «La mala racha», cuya letra fue escrita en colaboración con Eduardo Galeano a partir de un texto del escritor uruguayo y en el que Serrat canta «Me tropiezo con mi propio pie, me llueve sal si tengo sed, mientras dura la mala racha… ¡dame cobijo!»
Este disco es el que se presenta esta noche en Uruguay, inaugurando el programa «Diversidad Cultural 2003″ de la Intendencia Municipal de Montevideo. También se podrá escuchar algunas de las canciones referenciales de su extensa e intensísima trayectoria. El cantautor destaca que hasta el momento ha tenido suerte, mucha suerte. En nuestra opinión su sitial en el podio de los elegidos es algo más que suerte: es la labor rigurosa de un hombre que, además de su impresionante talento artístico, mediante una actitud ética y estética irreprochable, ha sabido comunicar afectos e ideas,
dos cosas primordiales y fundamentales en la existencia humana.
Sus canciones son escuela y refugio del progresismo.
Y esto es lo que propondrá para que disfruten los uruguayos en esta noche de 28 de enero de 2003, una velada que seguramente será inolvidable. El catalán estará acompañado por una banda compuesta por Ricardo Miralles (piano), Paco García (batería), David Palau (guitarra), Alex Hernández (contrabajo y bajo eléctrico) y Alejandro Teran (viola, saxo y clarinete). Previamente actuará el conjunto carnavalero uruguayo Diez al toque, que en su repertorio integrará canciones clásicas de Serrat.
Bienvenido Joan. *
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