LOS ARGENTINOS SE REFUGIAN EN LA CULTURA PARA MANTENER SU IDENTIDAD ANTE LA CRISIS

La cultura es la sonrisa

Jorge Telerman, secretario de Cultura de Buenos Aires, consideró que el fenómeno de masiva participación que se generó en lo peor de la crisis, a fines de 2001 y comienzos de 2002, constituye los «reflejos de una sociedad que se niega a cumplir con el estereotipo del país vencido».

«El tipo de consumo o participación culturales que tuvieron auge y siguen creciendo, son aquellos rubros que para llevarse a cabo requieren del otro, no los rubros individuales, que incluso disminuyeron», dijo a la AFP.

Según el funcionario de la mayor comuna del país con casi tres millones de habitantes, el fuerte crecimiento de las expresiones culturales «no se produce a pesar de la crisis, sino a raíz de la crisis; una crisis que puede procesarse con grandes depresiones o de esta manera».

Buenos Aires es una de las ciudades latinoamericanas con mayor desarrollo y tradición culturales, cuyo municipio administra nueve teatros (entre ellos el mítico Colón), 46 centros culturales, diez museos y 26 bibliotecas, pero la cifra se multiplica varias veces si se suman iniciativas privadas y sociales.

En teatro, por ejemplo, se registró medio millar de estrenos en 2002 sumados los del circuito privado, el oficial y el alternativo, empujado por los ciclos gratuitos como «Teatro x la Identidad», o iniciativas como el «teatro a la gorra», por el que los espectadores pagaban una contribución voluntaria, que permitieron aumentar la asistencia general en 7,7%.

En los meses más calientes del estallido social, las bibliotecas aumentaron la tasa de consultas en un 33% indicó a su vez una fuente de la secretaría de Cultura.

Pero algunos sectores no se acomodaron a la situación económica buscando alternativas para atraer público, como las salas de cine: el número de espectadores a películas argentinas cayó de 3,1 millones en 2001 a 1,5 millones en 2002, según datos de los empresarios privados del sector, pese al alto nivel de producción de la industria local en el mismo período.

A la búsqueda de la identidad

Como un alud, la crisis que estalló en diciembre de 2001 se lo llevó casi todo, pero no pudo con la resistencia de los porteños a perder su rica tradición cultural, tras caer en la pobreza la mayoría de ellos.

Un estudio de la consultora Equis indicó que más del 60% de los 20 millones de pobres (más de la mitad de los habitantes) proviene de la clase media.

«La gente sintió la necesidad de refugiarse en su identidad. No pudo mantener lo material y entonces se volcó a lo espiritual», señaló a la AFP Jorge Alvarez, vicepresidente del Instituto Nacional del Cine y Artes Audiovisuales (Incaa).

Alvarez destacó el gran salto del cine argentino en el peor año económico y social del país. «En 2002 se estrenaron 51 películas, mientras 50 están ahora en posproducción, 40 listas para estrenar y 20 en preproducción».

Agregó, como dato llamativo, que el cine argentino ganó 76 premios o menciones en distintas categorías en festivales internacionales el año pasado, varios de ellos a las mejores películas.

«Colegas y directores nos preguntaban en los festivales cómo es posible que en medio de la crisis tengamos un cine tan exitoso, y nuestra respuesta siempre fue la misma: cómo es posible que tengamos un país tan pobre con un cine tan exitoso», señaló el funcionario.

Como otra respuesta a la crisis, citó la masiva inclinación de los jóvenes al estudio de cine. «En Argentina hay entre 12.000 y 12.500 estudiantes de cine, más que en toda la comunidad europea junta», afirmó.

Marcelo Pacheco, director ejecutivo del privado Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), inaugurado en setiembre de 2001, estimó que «entre enero y febrero pasados el museo tenía una media de 10.000 visitantes mensuales, pero en julio pasado el promedio subió al doble».

Reconoció que la debacle actual «es diferente a las que se vivieron en el último medio siglo en el país, porque ahora nadie puede escapar de la realidad mientras el 50% de la población ha caído en la pobreza y se derrumba el mito de la Argentina próspera».

«Es la primera vez que este país tiene una crisis tan radical, que no puede escapar para ningún lado. Estamos acorralados. Somos esto y decidimos ser esto», aseguró el experto.

Añadió que «en este punto, Argentina es un país cuya identidad está absolutamente cuestionada, como si hubiera una implosión que se hace evidente con la acumulación de fantasías que el mismo país generaba».

«En parte esto explica tanta demanda cultural. Como si estuviera en circulación todo el imaginario», dijo.

En contrapartida a las centenares de iniciativas locales, los artistas extranjeros casi no llegan a Argentina debido a los altos costos para los productores tras la devaluación del peso, aunque existen excepciones, como la del catalán Joan Manuel Serrat, un amigo dilecto de este país. *

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