EL JAZZ TOUR FESTIVAL QUE SE REALIZO EN LA SALA ZITARROSA DEJO UN BALANCE POSITIVO

Una cabalgata de swing, alegría y fraternidad

Las pocas horas de ensayo fueron compensadas por la innegable capacidad de los músicos, unida a las ganas de tocar que ellos demostraron en todo momento y al fraternal compañerismo que reinó para la comprensión mutua y el acercamiento de estilos jazzísticos dispares.

El martes 7 comenzó con un sexteto formado por dos uruguayos que viven en Alemania (Enrique Crespo, Wilson de Oliveira), otros dos que están en nuestro país (Alberto Magnone, Martín Ibarburu) y dos argentinos (Gustavo Bergalli, Horacio Fumero). El grupo transitó por temas de Yupanqui, Jobim, Jay Jay Johnson, Thelonious Monk y propios de de Oliveira, con claro sentido jazzístico y destacados solos de Crespo en trombón («Chega de saudade»), de Oliveira en saxo tenor («Round midnight»), Magnone en piano («El rioplatense») y la trompeta de Bergalli en todas sus intervenciones. Al final se agregó el violinista Federico Britos para una «jam session» que remató con «Honeysuckle Rose» sonando a dixieland moderno.

A continuación, Bergalli, Fumero e Ibarburu formaron un espléndido cuarteto con el gran pianista José Reinoso, con temas que traían referencias del tango («El día que me quieras», «Contrabajeando»), del folclore («Chacarera del 55″, «Alfonsina y el mar») y del candombe («Baile de los morenos»), y que fueron interpretados con pasión, dinamismo y rutilantes solos de Bergalli. Fue destacable el esfuerzo del joven Ibarburu por adaptarse al lenguaje del jazz, metiendo palos a la batería en los momentos exactos, pero todavía le falta la fuerza y el empuje de un Osvaldo Fattoruso, por ejemplo.

El miércoles 8 Adrián Iaies puso su piano y su genio al servicio de clásicos de la música típica («Volver», «Caminito», «El choclo», «La cumparsita») para brindar su exquisita fusión de tango-jazz y sus originales improvisaciones. Sus dúos con el contrabajista Horacio Fumero despertaron la justa admiración del público.

Luego se produjo una adecuación de estilos entre el clasicismo del ágil violín de Britos y los colegas de tendencias más modernas que se alternaron para tocar con él (de Oliveira en clarinete, Diego Porchile en guitarra eléctrica, Magnone, Reinoso, Crespo y Fumero). El remate espectacular se produjo con once músicos en escena candombeando con el tema «Ansina» de Britos, al ritmo infernal de tres tamborileros más las tumbadoras de Jorge Trasante.

El jueves 10 el espectáculo lo suministró el dúo del pianista Gustavo Casenave y la batería y percusión de Jorge Trasante. Entre ambos se estableció, en los tres primeros temas, un feeling exuberante que provocó ovaciones en la platea.

Los ingresos posteriores de Britos y del bajista Federico Righi impusieron un ritmo y una estructura más tradicionales, hasta finalizar con una suave bossa nova («Tema de Marcos») que aquietó las embravecidas aguas iniciales.

Y el cierre fue íntegramente argentino, con el formidable Quinteto Urbano. Con seis temas propios, el quinteto trajo a Montevideo la ráfaga de hard bop típica de los intensos grupos que lideraba Art Blakey, con el agregado de un lenguaje en el que se aprecian ciertos giros, ritmos y cadencias del rico folclore del vecino país. Un brillante final a todo swing para culminar tres días de excelente jazz.

La Sala Zitarrosa se mostró más apta para este tipo de conciertos que el amplio Ballroom del Radisson Victoria Plaza, donde suelen llevarse a cabo los espectáculos anuales del Jazz Tour. Más íntima, con mejor acústica y adecuada disposición de asientos para la visualización correcta del escenario, facilitó una comunicatividad más cercana y directa entre el público y los músicos.*

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