¿Quién paga el proyecto del presidente?
A todo el mundo se le dijo, en aquellos tiempos fundacionales, revulsivos y luego difumados a velocidad de la luz del ingeniero Doyenart, que el «proyecto de ‘teveo’ es el proyecto del presidente Batlle». El propio mandatario se ocupó, más de una vez incluso, con tono entre humorístico y desafiante, tomando en sus manos el micrófono del canal estatal-, de ponerlo en claro ante la opinión pública. Nadie duda que, al menos desde el punto de vista afectivo, emocional, «teveo» es el proyecto del presidente.
Al respecto, lector, y antes de continuar, es imprescindible una precisión. Cuando uno habla del proyecto de ‘teveo’, está hablando, en realidad, del sistema de contenidos informativos armado como base de la programación de canal 5 y no de toda ésta.
Bien. Pasado Doyenart por las armas de la compleja realidad uruguaya en estos campos, ya de negocio televisivo profesional, ya de burocracia administrativa y política indestructible, el famoso proyecto cayó en otras manos y fue mutando ligeramente sin perder identidad. Pero más allá de estas peripecias, y aunque ha estado siempre a un paso del naufragio, nadie contradijo hasta hoy que seguía siendo «del presidente».
Pues bien, ha llegado el momento de plantearse, con absoluta seriedad, una pregunta que está hirviendo entre la gente común desde hace rato: ¿quién paga este proyecto presidencial?
Nunca hubo palabra oficial acerca de tan escabrosa cuestión. No obstante, a través de varias fuentes jamás desmentidas se ha sabido de la creación de una especie de «fondo de colaboradores», que habría permitido hasta hoy, claro que de modo espasmódico y poco tranquilizador para los trabajadores, cumplir con el pago de los salarios y los gastos. Ese fondo, según las mismas fuentes, estaría integrado únicamente por aportes de empresas del Estado. Dicho de forma memos sutil, publicidad oficial. O si usted, lector, lo prefiere aún más cristalino, dinero de todos nosotros, los contribuyentes.
Por cierto, admito que haya dudas razonables. Podrían ser despejadas fácilmente, apenas la dirección del canal o la propia presidencia de la República aclarasen el punto. Eso sí, mientras se mantengan aquellas versiones es decir, no sean desmentidas- no puede haber entre los ciudadanos otra cosa que sorpresa y preocupación.
Si uno recuerda bien, el propio Batlle, durante la campaña que lo llevó a la primera magistratura y también después, argumentó con énfasis y reiteración contra cierto tono dispendioso que caracterizó a las empresas públicas en la adjudicación de publicidad a los medios
Y no es todo: la distribución de la publicidad del Estado ha sido cuestionada desde varios frentes, al tiempo que respira todavía en una sede judicial un proceso abierto precisamente para esclarecer tamaño asunto.
Ahora bien, que el «proyecto del presidente» siga al aire quiero recordar que el presupuesto de «teveo» se sigue pagando, más allá de algunos atrasos ya consuetudinarios- ¿implica que justo ahora, cuando hay que achicar el Estado y las cuentas no cierran, al punto que se ha agitado otra vez el fantasma del ajuste fiscal, la gente siga bancando una cosa así, acerca de cuya necesidad tanto podría debatirse?
No se trata de la calidad del proyecto. Ni siquiera de la necesidad que de él pudiesen tener los televidentes. Se trata del uso ligero de los dineros públicos en unas circunstancias económicas, políticas e históricas harto cruciales.
Ni más, ni menos.
El presidente Batlle, el ministro de Economía o el director de Canal 5 tienen la palabra. *
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