ANTE EL NUEVO DISCO DE NIRVANA

Aún huele joven

La historia de Cobain es la de una muy lenta agonía. En cierta forma también es una tragedia, pero no de un carácter épico, con grandes llanuras y espacios geográficos abiertos, más bien todo lo contrario. Es la historia de un chico problemático y genial en un pueblo chico y prejuicioso, historia en la que los factores determinantes fueron el consumo de drogas, intentos de suicidio y los sufrimientos que un hombre transformaba en canciones. Pero, más allá de todas las consideraciones posibles, parece que aquel 8 de abril de 1994, cuando Cobain apretó el gatillo, también mató al rock and roll.

Está claro que hay decenas de bandas importantes en el Universo actual del rock, pero ninguna con el calibre de Nirvana y mucho menos aún, ninguna ha logrado una canción tan incendiaria y fundacional como aquella «Smells like teen spirit», su verdadero grito primal. Canción que surgiera a partir de un grafitti y un desodorante: la líder de la banda Bikini Kill, Kathleen Hannah, escribió en un baño: «Cobain huele como Teen spirit», que no era otra cosa que el desodorante que usaba la novia de Kurt y le impregnaba su olor.

Kurt Cobain fue, además de un músico sensible y dueño de una facilidad genética para crear melodías, un tipo producto de su tiempo, con las contradicciones de una época caníbal y un medio que exprime hasta niveles insoportables.

Pero principio tienen las cosas. Cobain había nacido en Aberdeen, un pequeño pueblo del estado de Washington. El músico siempre había dicho que ese lugar era el infierno y que realmente lo odiaba. Es la quintaesencia del small town estadounidense, pueblo chico y puritano, verdadero paraíso de la «basura blanca» americana, lleno de trailers, camioneros, borrachos y prostitutas. Un compendio humano para novelistas beatniks. El propio Cobain había escrito una biografía a los efectos de presentarse a los sellos discográficos y en ella decía: «El vocalista de Nirvana nació en Aberdeen, cuya población consiste en gente prejuiciosa que sólo come y mata siervos, además de dispararle a maricas, raritos y modernos».

De chico su vida había sido más o menos normal, al menos hasta los 8 años, cuando sus padres se separaron a las piñas y para colmo, la nueva pareja de su madre resultó ser un personaje violento y despreciable. La biografía Heavier than keaven, escrita por el periodista Charles Cross, quien tuviera acceso a su diario así como a las cartas del músico, sostiene que a esa edad Curt escribió en su habitación «mamá odia a papá, papá odia a mamá. Yo los odio a los dos y estoy triste». Llegó a ingresar a un hospital completamente desnutrido, comenzando con los dolores de estómago que lo atormentarían durante toda la vida. Pasado el tiempo, la madre lo echó de casa y se fue a vivir con el padre, pero con él las cosas tampoco mejorarían. En la canción «Serve the servants», de In útero, le escribió «traté de tener un padre, pero tuve un papi». De esa manera comenzó a forjarse el carácter de alguien que sería remera de toda una generación.

Cuenta la mitología que Kurt fue destruido por una fama que jamás buscó y que lo convirtiera en algo que no quería ser, generando un gran miedo a convertirse en un producto corporativo, alejado de sus principios más básicos.

Pero más allá de la simple anécdota, lo realmente importante es la música, eso que Cobain hacía para exorcisarse a sí mismo y que sin quererlo, lo convirtió en un tótem y en, probablemente, la última estrella de rock, al menos hasta que aparezca otra. Como dijera su amigo Eddie Vedder, cantante de los indomables Pearl Jam, otro candidato natural para apretar el gatillo, «a Kurt sólo lo hacía feliz hacer música, era el verdadero sentido de su vida».

La música hizo que en la noche del 12 de enero de 1992 fuera su gran día. Nirvana acababa de presentarse en el programa Saturday night live y el disco Nevermind llegaba al primer puesto de la lista de Billboard, desbancando al insoportable Dangerous, del no menos insoportable Michael Jackson. Cuando cualquiera se habría puesto a festejar la proeza, Cobain se fue para su casa a dormir con su mujer, previo a inyectarse una monstruosa dosis de heroína. Eso casi lo mata, por primera vez.

Lo cierto es que más allá de lo que pueda o quiera decirse sobre Cobain, su genio trascendió a las patéticas luchas por el botín que dejó su cadáver, ya que tanto su mujer, esa empresaria habilidosa llamada Courtney Love y sus ex compañeros de banda, se embarcaron en luchas legales por derechos y algunos millones que de alguna manera dejaron de lado el centro del asunto, es decir, su música, su literatura, esa voz ronca que cuando cantaba «All apollogies», «Rape me» o «Come as you are», encendía la magia. Es así que apareció este «nuevo» disco, con el agregado de una canción rescatada de algún cajón, «You know you´re right» y todo hace pensar que la antropofagia industrial se puso en marcha otra vez, provocando, podrá pensarse, que Cobain no esté de muy buen humor.

Cuando un electricista encontró el cuerpo del cantante, también descubrió una nota suicida que decía: «Cuando se apagan las luces y comienza el rugido del público, no me conmueve como le pasaba a Freddy Mercury, que parecía satisfacerse con la adoración de la gente. Eso es algo que envidio y admiro. Pero no puedo engañarlos, no es justo ni para ustedes ni para mí. El peor crimen que se me ocurre es engañarlos haciéndoles creer que la estoy pasando bien. Aprecio que pudiera entretener y conmover a tanta gente. No sé por qué no lo disfruto. Tengo una esposa que transpira ambición y comprensión, tengo una hija que me recuerda al niño que alguna vez fui, llena de amor y alegría, que besa a todos pensando que son buenos y no le harán daño. No soporto que ella se convierta en este miserable, autodestructivo, moribundo rockero en que me convertí. Las cosas me salieron muy bien y lo agradezco, pero desde que tenía ocho años odio a los humanos en general. Ya no tengo la pasión, así que recuerden, es mejor quemarse que desaparecer lentamente».

Poco se puede agregar de alguien que llegó a lo más alto del olimpo del rock, para elegir morir en la gloria. *

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