James Bond: cuarenta años de leyenda
A exactamente cuarenta años de su nacimiento en el celuloide, el agente secreto británico volverá a la pantalla grande interpretado nuevamente por el hoy maduro astro Pierce Brosnan, quien ya encarnó el papel en tres oportunidades anteriores: Ojo dorado, El mañana nunca muere y El mundo no basta.
La dirección de este flamante título está a cargo del inquieto cineasta Lee Tomahori, quien trabajó con su reconocida solvencia y oficio sobre el guión de Nel Purvis.
El reparto actoral de la película está integrado, además, por la laureada actriz de color Halle Berry, Tody Stephens, Rosamund Pike, Ricky Yune, John Cleese, Judi Dench y Samantha Bond.
Otro día para morir recoge la mejor tradición del cine de acción que ha identificado a la exitosa serie. Incluso, ya en la primera secuencia, la cámara impacta los sentidos del observador con una espectacular persecución en aerodeslizadores a través de un campo minado en la zona desmilitarizada que separa a las dos Coreas. Para la elaboración de estas primeras escenas, la producción recurrió naturalmente a todos los artilugios visuales que provee la tecnología del siglo XXI.
Desde Hong Kong hasta Cuba pasando por Londres, este héroe de dos generaciones recorre el mundo para luchar contra un criminal que prepara una conspiración para inducir una guerra de proporciones planetarias.
En esta oportunidad, el blanco del agente secreto con licencia para matar es el peligroso megalómano Gustav Graves (Toby Stephens) y su despiadado brazo derecho Zao (Rick Yune).
Las secuencias más removedoras transcurren en Islandia, donde está emplazado el palacio de hielo del temible villano. Allí, el secreto experimento con un arma de avanzada tecnología se transforma en una crucial amenaza.
Los personajes femeninos de esta nueva historia están a cargo de la exitosa Hall Berry y Rosamund Pike, dos bellezas que comparten las vertiginosas aventuras y la alcoba del hoy reciclado espía británico.
Además de apelar a los tradicionales ingredientes del cine de acción que han identificado a la saga, los realizadores del filme incluyeron, en esta oportunidad, sutiles referencias a filmes anteriores, como homenaje a las cuatro décadas de vida del legendario personaje.
James Bond, el agente secreto 007 nacido de la pluma del novelista Ian Fleming, es un personaje históricamente asociado a la hoy descongelada guerra fría y a la confrontación entre los bloques ideológicos que dirimieron supremacías en la segunda mitad del siglo XX.
Tras la caída del Muro de Berlín y el derrumbe de la Unión Soviética que barrió con la bipolaridad planetaria, James Bond debió reciclarse adecuadamente para adaptarse a los tiempos posmodernos.
Como se recordará, el mítico personaje creado por la pluma del imaginativo novelista Ian Fleming, nació para el cine en 1962, con el filme El satánico doctor No, donde el talentoso actor escocés Sean Connery hasta ese momento un ilustre desconocido encarnó por primera vez al superhéroe.
Luego, los consecuentes cinéfilos conocerían Desde Rusia con amor (1963), un típico relato de guerra fría despojado de muchos de los artilugios y la fantasía que identificó a la exitosa saga.
Tres nuevos filmes, Goldfinger (1964), Operación trueno (1965) y Sólo se vive dos veces (1967), extendieron la popularidad del legendario héroe, que se transformó quizás en el más importante éxito de taquilla de la década del sesenta.
De la noche a la mañana, Sean Connery abandonó su anonimato, para transformarse en una de las estrellas más codiciadas por los grandes estudios cinematográficos.
Sin embargo, el personaje se había mimetizado de tal modo con el actor, que Connery comenzó a perder su identidad.
Sorpresivamente, el galán escocés resolvió abandonar el papel, provocando un estado de conmoción en la megaindustria cinematográfica y en la multitudinaria legión de admiradores.
Para los productores la situación era compleja, ya que Sean Connery había dotado al personaje de una impronta particular, que mixturaba la fina perversidad del espía con licencia para matar con el símbolo sexual y la fina ironía.
El también desconocido modelo australiano George Lazemby encarnó al superhéroe en Al servicio secreto de su majestad (1969). El filme, pese a respetar los códigos de la serie, pasó sin pena ni gloria por las pantallas del mundo.
Evidentemente, los cinéfilos añoraban a Sean Connery, por lo que había que intentar lo aparentemente imposible: el retorno del «verdadero» James Bond.
El actor, con algunos kilos de más y una incipiente calvicie, encarnó al héroe por última vez en 1971, en Los diamantes son eternos.
La incertidumbre ganó a los estudios cinematográficos, que observaban absortos la extinción de un ciclo de éxitos y millones de dólares de ganancias.
Tras una minuciosa selección, la responsabilidad de mantener el mito con vida recayó en el actor Roger Moore muy conocido por su personaje televisivo «El Santo» quien asumió el papel por primera vez en Vivir y dejar morir (1973).
El suceso se prolongó con El hombre del revólver de oro (1974), La espía que me amó (1977), Moonraker (1979), Sólo para tus ojos (1981), Octopussy (1983) y En la mira de los asesinos (1985).
Extenuando por el desgaste de su imagen pero en pleno auge, Moore se despidió también de James Bond.
Los zares de la megaindustria, que se resistían a la extinción del mito, seleccionaron a Timothy Dalton para encarnar al cuarto James Bond de la serie.
Luego de dos filmes de relativo éxito Su nombre es peligro (1987) y Con licencia para matar (1989) Dalton cerró su efímero ciclo como agente secreto al servicio de su majestad británica.
Cuando 007 parecía definitivamente finado, en 1995 se registró la ansiada resurrección. El filme Ojo dorado, con Pierce Brosnan en el rol protagónico, prolongó el éxito de la aparentemente interminable saga cinematográfica.
Adecuadamente reciclado para competir con los héroes modernos y enfrentar a los villanos de la posguerra fría, el legendario James Bond animó dos filmes más: El mañana nunca muere (1997) y El mundo no basta (1999).
El mito, que sobrevivió a su creador y desafió el desgaste del tiempo, perdura en los primeros años del tercer milenio. Ello corrobora la pasión de los cinéfilos por el cine de acción y aventuras. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad