JORGE DREXLER EN PLAYA RAMIREZ

Canción con todos

 

Todos los caminos, hoy, parecen conducir a la figura de Jorge Drexler: entrevistas por aquí y por allá, candidaturas para el Grammy, una de las revelaciones dentro de los premios MTV latinos, saga de conciertos en el exterior con severo impacto y saga de conciertos cuando regresó a la ciudad, con lo que pudo satisfacer al público en cinco jornadas maratónicas y eufóricas en la confortable Sala Zitarrosa. Y el camino de hoy es rumbo al escenario que se montará en Playa Ramírez. En ese lugar confluirá una multitud con real apetito cancionístico. Desde las 18.00 el compositor despedirá un año pleno de satisfacciones personales a partir de su sensibilidad y su talento, de su persistencia y su alto profesionalismo ya comprobado largamente.

De aquel iniciático Jorge Drexler tan perfecto en su economía de gestos, casi deliberadamente monótono como melancólico con sus herramientas expresivas (voz y guitarra, textos) que deslumbró a Joaquín Sabina y que ciertamente lo adoptó cuando decidió abrirle las puertas en España, queda tal vez el objetivo de seguir manteniendo una proyección de crecimiento. Por entonces había que tomar riesgo y se lo tomó, al punto tal que actualmente es una de las voces que han generado un frondoso vehículo comunicacional con el público ibérico.

Queda, asimismo, la figura más que palpable del cantautor cada vez más inquieto, más variado, de mayor volumen creativo e interpretativo, especialmente a partir del diseño de sus dos últimos trabajos discográficos: Frontera y Sea, dos discos que pueden leerse como uno, sobre todo por la concepción arreglística y por las preocupaciones que han fundado una química poética por momentos de alto vuelo, tanto cuando recoge esos detalles de la cotidianidad como cuando pregunta y repregunta desde un lugar o no lugar metafísico. Saberse, intuirse, sospecharse, pertenecer a un lugar que actualmente se mueve, es quizás el copyright de Jorge Drexler al momento de fundar una poética más reflexiva, de trazo melancólico y a la vez transparente. Una poética despojada, aunque contundente en la celebración de las palabras, de un lenguaje por momentos radiante.

Lo cierto es que este renovado Jorge Drexler, en su lógica de cambio y en sus hondos principios de deseo, se propuso golpear a los potenciales receptores, y vaya si lo ha logrado. Ultimamente, y aun cuando no reniega de seguir trabajando absolutamente solo, ha formado una suerte de sincrónica, refinada banda que le ha otorgado –como a sus mencionados discos– una mayor incidencia, una mejor presentación de las canciones, un mejor recorrido del repertorio y una intensificación de su carisma escénico, así como una exuberante, sólida (con mayor swing y poder de arrastre) ejecutividad interpretativa.

Hay madurez, oficio, rotundidad en el proyecto de Drexler. Podrían marcársele ciertos altibajos compositivos, pero en la globalidad se trata de un cantautor genuino que valdrá la pena escuchar esta tarde/noche cuando suba al escenario de Playa Ramírez. *

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