Destinos emparentados
Víctor Lima nació frente a la casa donde Horacio Quiroga pasó su niñez.
Separados en muchos aspectos, extrañas coincidencias los terminaron uniendo.
Los dos se fueron de su ciudad natal a temprana edad. Los dos sintieron su arte como una actividad vital. Los dos tuvieron un espíritu inquieto: Lima el trotamundos que recorrió el país, Quiroga en Misiones empecinado en convertirse en el hombre de acción (que) ocupa en mi ser un lugar importante como escritor.
En Kipling la acción fue la política y turística. En mí, de «pioneer agrícola». Los dos pusieron fin a sus vidas. Quiroga escapando del Hospital de Clínicas de Buenos Aires para comprar el cianuro al saberse aquejado de un mal incurable. Lima escapando del Hospital salteño, voy a comprar un vino y vuelvo, dijo, pero no regresó, y desde la altísima barranca del monumento a Horacio Quiroga decide poner fin a sus males arrojándose a las embravecidas aguas del Río Uruguay. *
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