LA REPUBLICA EN EL XXIV FESTIVAL DEL NUEVO CINE LATINOAMERICANO

Aplausos de corazón

«En Corazón de Fuego queremos contar el viaje interior de todos los que participan en esta aventura, que es acompañado y reforzado por la transformación del paisaje a lo largo del viaje», así presentó su película Diego Arsuaga, en el Diario del Festival que se puso en circulación minutos antes que el público habanero colmara la sala del Yara, para participar en cada aplauso, exclamación, risa o aprobación que la película les iba proponiendo.

Con el título de Docencias, el crítico de Juventud Rebelde, Dean Luis Reyes, ubica el filme de Arsuaga dentro del cine contemporáneo como parte «de uno de los núcleos de interés visible: el debate alrededor de los temas propios de la mundialización de la economía y las nuevas relaciones de dominación que la liberalización en el flujo de capitales y su impacto en las fuerzas productivas tiene».

En el campo estricto del cine hace una aproximación del trabajo de Arsuaga a las propuestas del francés Guediguian y el británico Ken Loach en alusión al tono militante de aquel cine que vivió momentos de esplendor en el neorrealismo italiano, el free cinema inglés y de cierto modo la nueva ola francesa.

«Otros caminos persiguen la identificación con el reprimido en Corazón de Fuego. La breve épica de los ancianos activistas que secuestran una locomotora, encierra todo el simbolismo del mundo y eleva la denuncia más desgarrada al despojo de que somos objeto en nombre de la libre competencia. Cualquiera se identifica».

El filme ha arrancado aplausos y humedecido mejillas en los cines habaneros, pues su voto es redimirnos por el sacrificio y la reconstitución de la utopía, restituir su valor a las causas colectivas.

«Aquí la tesis militante se antoja más latina que en Ken Loach: incorpora musiquitas efervescentes, momentos de afectividad cargadas y guiños apelativos a la conciencia adormecida de las masas», continúa Reyes, «descubre la lógica ilógica del capital, su desprecio último por los valores espirituales y la cosificación de hasta el amor de pareja, pero con una docencia que pareciera querer demostrar todo el tiempo lo que estamos viendo en pantalla».

Para Rolando Pérez el crítico de Granma, «Arsuaga logra en una historia que se sigue con interés, un producto ligero, pero también revelador en cuanto a los mundos de sus personajes y a los valores de una sociedad vapuleada por los nuevos tiempos económicos», finaliza resaltando «las muy buenas actuaciones» de los ganadores de ese rubro en el reciente Festival de San Sebastián: Luppi-Soriano-Alterio.

Culmina su comentario con una opción: «Prefiero llevarme en la memoria esa escena final de Corazón de Fuego: cuando la aventura de los ancianos ha terminado en la aparente derrota, son los espectadores de su caída quienes bloquean la venta definitiva de la locomotora. Ello anuncia que el acto de desobediencia fue escuchado y la utopía transferida a los otros».

En esa dirección Reyes también suscribe: «Quiero creer que esa gente somos los que estamos viendo la película y dejamos de lado la cómoda postura del observador para tendernos sobre una línea ferroviaria a impedir que nos cruce por encima el tren de los vencedores de siempre.» *

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