TENEMOS QUE HABLAR
No hay peor sordo que el que no quiere oír ni político más necio que el que se niega a escuchar. Los resultados de las elecciones de mayo fueron la última gran señal que los frenteamplistas le hacen a la dirigencia. Por favor no hacernos los distraídos ni refugiarnos en la gran Pilatos. Todos somos parte del problema y de la solución. No maquillemos esta interpelación profunda que nos hizo nuestra gente hablando exclusivamente de los logros del Frente Amplio.
El frenteamplista que el 9 de mayo hizo explícito por vez primera en la historia electoral del Frente Amplio su disconformidad con como viene desempeñándose su colectividad no espera pretextos ni explicaciones sino que cambiemos las cosas.
El ser oficialistas no lo hemos resuelto bien. Esto nos quitó capacidad de autocrítica por el temor a que los adversarios lo puedan utilizar en contra nuestra. Yo creo que tenemos que pensar menos en la derecha y más en la gente.
Nos debemos un debate en clave reflexiva sin autocomplacencia ni autodestrucción. En números, más allá de las peculiaridades de cada departamento, el resultado fue malo. A nivel nacional nos voto menos gente que a los partidos tradicionales, no pudimos retener el gobierno de cuatro Intendencias, perdimos un porcentaje alto del electorado en Montevideo y Canelones, se produjo un récord histórico de votos blancos y anulados especialmente en la capital pero también en el resto del país, y aquí las alcaldías tuvieron una bajísima legitimación popular. Esta sana «desobediencia» cívica al mandato cupular abarcó a todos los partidos políticos. También blancos y colorados desoyeron a los caudillos locales cambiando su voto para darle la mayoría al partido tradicional rival. Pero concentrémonos en tratar de entender que pasa en el Frente Amplio. Para realizar un análisis cualitativo integral de los mensajes ciudadanos debemos considerar todo lo que el pueblo le viene diciendo al Frente Amplio en un proceso que comenzó en el Congreso de diciembre de 2008 y se prolonga hasta hoy. Eso incluye las señales dadas en las elecciones internas, las nacionales y el balotaje cuando la ciudadanía habilitó nuestro segundo ejercicio del gobierno nacional. Nuestra gente, ampliamente satisfecha con la gestión del primer gobierno frenteamplista liderado por Tabaré, daba señales de disconformidad que no quisimos ver con el funcionamiento del Frente Amplio. La gente percibe que tenemos poco de coalición y movimiento, y mucho de sectarismo y estancamiento. Los frenteamplistas no quieren estar al margen de las decisiones, y rechazan la repetición inútil de despiadadas luchas sectoriales, la pérdida de valores, de compañerismo fraterno, los personalismos de quienes se seducen con el perfume del poder y del «aparato militante» que fagocita a los miles de independientes que quieren participar. Pensamos que la unidad en la diversidad y el fomento de la participación activa y comprometida de nuestra gente no pueden ser sólo un eslogan. Debemos retomar la senda de pugnar por una democracia auténtica, como dice mi amigo Nilo. Ir en busca de la gente no para bajar línea sino para escucharla y facilitarles su inserción individual o colectiva al proyecto de cambio que queremos profundizar. Pero para recuperar identidad hay que redefinir el rol del Frente Amplio como partido de gobierno. Eso no se arregla con retoques estatutarios, con reestructuras orgánicas de papel, ni con reformas del sistema electoral traídas de los pelos. El objetivo central del Frente Amplio debe ser estar con la gente y tener la suficiente flexibilidad como para transformar en hechos sus propuestas. El ejemplo más claro de ello fue el voto en blanco en Montevideo tanto a nivel departamental como de las alcaldías. Quienes se propusieron convencer a los frenteamplistas para que no votaran en blanco fracasaron rotundamente, y lo hicieron porque la disconformidad planteada refería mucho más a las exigencias de cambio de una forma de organizarnos que está cuestionada que a la determinación de quien sería el candidato a la Intendencia.
Es probable que esos frenteamplistas quisieran expresar ruidosa y democráticamente lo que es un proceso de acumulación de descontento y malestar.
Por si fuera poco armamos una campaña electoral donde no ofrecimos propuestas claras para solucionar los problemas que acucian a los vecinos montevideanos: la basura, el relacionamiento con Adeom, los asentamientos, el costo de las patentes, etc. Y así nos fue. Por suerte la intendenta electa ya anunció que junto a su equipo va a designar el gabinete priorizando criterios de profesionalismo y compromiso con la solución a los problemas de la ciudad.
En todos los ámbitos hay un cúmulo de señales que pautan con claridad que nuestro proyecto nacional de desarrollo productivo con justicia social aún no está consolidado en el país. Confundimos los triunfos electorales con la ardua tarea de promover un cambio cultural político y social a largo plazo. Debemos trabajar mucho más, y juntos para lograrlo. Con la gente y articulando un accionar político que esté alineado con la mirada y el pensamiento estratégico a futuro que sintetice nuestra concepción de izquierda transformadora, libertaria y participativa. Menos táctica, más oído y mucho contenido.
Por eso, recogiendo el guante de la autocrítica, vamos a hacer dos propuestas concretas, una a nivel nacional y otra a nivel departamental. En primer término pretendemos realizar un debate que incluya a toda la gente y que tenga como único tema: el futuro de la izquierda y la izquierda del futuro. Ese debate inclusivo, fermental, sincero, valiente y fraterno debería durar todo el tiempo que necesitemos para redefinir el rumbo de nuestra querida colcha de retazos.
Debate sin chicanas ni búsqueda de pequeñas victorias sectoriales. Seregni decía de los fundadores del FA que habían tenido la grandeza de desalambrar las chacras chicas para construir la unidad. Sigamos la grandeza del ejemplo de los fundadores.
Primero el país, el contenido ideológico y los valores humanos, y después los sectores y las formas. Proceso de debate donde debemos analizar como nos relacionamos con la sociedad, el cambio cultural y nuestra forma de organizarnos y de tomar decisiones. El análisis es muy importante. Pero igual de trascendente es cómo encontrar la forma de abrir canales de participación a todos los frenteamplistas estén donde estén para que estos puedan opinar. Utilizando para ello todas las herramientas tecnológicas disponibles y profesionalizando nuestra gestión. Al frenteamplista no le gusta que lo lleven de las narices ni votar por disciplina partidaria. Nació para la libertad.
En lo departamental vamos a proponer que el FA busque la manera para que próximo al cumplimiento de la mitad del mandato se realice una consulta a los vecinos para que estos se expresen sobre el proceso de descentralización y especialmente sobre el funcionamiento de las alcaldías. Un proyecto descentralizador sin legitimación ni aporte popular, como me dijo un amigo, esta condenado a fracasar con total éxito. También propondremos que se busquen acuerdos con la oposición en todos aquellos temas específicos donde hay visiones comunes.
Pero no seríamos coherentes si no comenzamos el cambio por casa. En ese camino Asamblea Uruguay ya ha iniciado un profundo y sincero debate sobre nuestro propio funcionamiento y contacto con la gente. Somos rigurosos y nos identificamos con una ética radical que no mide costos políticos. Por eso sentimos la obligación moral de ser los primeros en transformar el tirón de orejas de los frenteamplistas en una oportunidad para cambiar.
|*| Periodista y escritor
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