¡ABAJO LOS CARNEROS!

Faltan cuatro días para que por fin termine esta larguísima campaña electoral en etapas.

Iniciada en 2008 cuando todos los grupos y partidos debieron formalizar sus candidaturas y propuestas.

Para el caso del Frente Amplio conviene recordar que aquel año fue el de la preparación de su Congreso (realizado en diciembre) y por lo tanto el de la elaboración de su Programa y elección de sus pre­candidatos.

El 2009 reconoció tres elecciones: las internas, las nacionales y el ballotaje.

Y por fin en este 2010 venimos estando en las municipales que están por terminar (¡Gracias a Dios!).

Pésima es a nuestro juicio la experiencia sufrida en tres elecciones bajo este sistema. Dejemos por un instante de lado recordar quién votó y quién no, la reforma constitucional que lo impuso en 1996: atendamos lo que la simple experiencia nos está diciendo a gritos: ¡No sirve! Lo evidente no requiere pruebas de otro tipo.

Parece bueno entonces en este final, sin conocer los resultados del domingo, declarar que salvando algunos aspectos positivos del actual sistema, debemos lograr un acuerdo nacional para que, sin demasiado esfuerzo dada la coincidencia, se haga el «trámite» de reformar la Constitución en estos aspectos sacándole de los hombros al país tamaña carga. Incluyendo a la ciudadanía emigrada, somos pocos como para complicar tanto las elecciones.

Pasando a otro asunto: no conocemos una sola elección (cuando las hubo) desde 1971 a la fecha en la que el Frente Amplio haya concurrido sin problemas.

Vamos a no detenernos en las del 71 que de tan dramáticas y preñadas de violencia pertenecen a ese denominado «pasado reciente» tan en disputa que nadie quiere tocarlo sin guantes.

En las internas de 1982 nos excluyeron pero no por ello estuvimos libres de controversias internas. Con los principales dirigentes muertos, presos, exiliados y en la clandestinidad, y sin poder participar, igualmente tuvimos fuertes discusiones como por ejemplo la de votar en blanco o la de votar a Wilson o la de votar a las corrientes democráticas de los Partidos permitidos.

En las de 1984 concurrimos con Seregni proscripto al igual que Jorge Batlle y que Wilson aunque a este caso la dictadura le agregó cárcel por las dudas.

La sola aceptación de elecciones en tales condiciones motivó en el Frente fuertes controversias internas. ¿O ya las olvidamos?

A las del 89 fuimos en medio de la mayor escisión que el Frente Amplio haya sufrido en su historia: en febrero se fue nada menos que su fuerza hegemónica (en lo electoral) culminando con esa fractura más de un año de duros enfrentamientos internos.

El 94 (otro año electoral) amaneció con una crisis de Dirección en el Frente Amplio (recordemos el provisoriato de los llamados «doce apóstoles») y duros enfrentamientos a ese nivel en torno a la reforma de la Constitución pero también a la creación, o no, del Encuentro Progresista. ¿O ya olvidamos también aquel Congreso?

Las elecciones del 99 nos encuentran con una división interna en torno a la reforma constitucional (aprobada en el 96) que instaló el sistema que hoy nos rige. Pero también con la dramática renuncia de Seregni a la Dirección en el acto de la explanada de AFE. Nada más ni nada menos.

Hubo además, por primera vez en la vida del Frente, puja electoral interna entre dos candidatos.

Fue durísimo para los frentistas saber que habiendo ganado las elecciones en octubre debimos ir al ballotaje y perderlo cuando los blancos cometieron el horrendo crimen político de votar a un Batlle (y encima al peor de todos) que, confirmando todo lo elementalmente previsible, condujo al país al desastre más grande de los últimos tiempos. Parecen haberlo olvidado… Quieren ocultarlo. Pero debemos militar para recordarlo hasta el día del Juicio Final.

El 2004 nos encontró divididos en el Congreso de diciembre en torno al tema de la Ley de Caducidad. Y en los temas de enseñanza y de salud hubo boxeo entre maestras y enfermeros. Ante la prensa de derecha…

El Congreso del 2008 facultó la presentación de precandidatos a las internas y hubo en un principio cuatro para finalizar habiendo tres.

Como «para ir haciendo diente». Es ocioso recordar lo que después pasó porque está muy fresco en la memoria de cualquiera.

Pero resulta que ahora, en estas municipales que por fin se acaban, cuando el Frente Amplio está dando la más dura batalla en los Departamentos del Interior, aparecen algunos mimosos en Montevideo que alegan sentirse molestos por hache o por be.

Lo realmente fantástico (diríamos espeluznante) es oír dichas quejumbres en boca de gente con décadas y décadas de «rodaje» durante ese pasado que nos hemos permitido reseñar someramente. Y aún antes. Tanto en bochornosas Asambleas, como en Comités (incluso Centrales) de variadísima ´´índole y también (porque no son cosas incompatibles) en militancias heroicas. Esos son imperdonables porque teniendo más guardiaciviles muertos que Juan Moreira contribuyen con sus ojos en blanco a la confusión que razonablemente puede esperarse entre militantes jóvenes o nuevos.

La gloriosa izquierda uruguaya que es la mejor del mundo siempre fue de carne y hueso. No somos de utilería ni solemos divagar por los impunes e indemnes paraísos del Nirvana. Somos un buen pedazo de nuestro pueblo y lo queremos seguir siendo.

Sencillamente por eso, vamos a ir a votar al Frente Amplio como tantas otras veces fuimos a esa y a tantas otras cosas. Habiendo sido mayoría o minoría en la discusión previa.

Porque hablando en castellano antiguo y en términos criollos (siempre referidos a la militancia): cualquier otra cosa, por más versos que como siempre la envasen, es carnerear.

|*| Escritor, senador  de la República.

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