DIARIO DE CAMPAÑA: ¿QUÉ  HAREMOS POR LA NUEVA SOCIEDAD?

Más allá de afrentas hacia América Latina (la invasión a Bahía de Cochinos) o su propia tragedia personal (su controvertido asesinato), JFK pasó a la historia de los EEUU por varios motivos. Y no cuento entre ellos el «happy birthday» que le regalara Marilyn Monroe. Pienso en cambio en su célebre frase «No piensen en que puede hacer América por ustedes, piensen en lo que ustedes pueden hacer por América». Pronunciado en un contexto muy particular: cuando los EEUU sentían que la URSS, que había tomado la delantera en la carrera espacial, estaba ganando la guerra fría. Y en el marco de una apuesta muy fuerte al desarrollo científico y tecnológico (particularmente en Informática, Electrónica, Física, Matemática y Astronomía) que llevaría a revertir el curso de la puja por llegar más lejos en el espacio.

Me cuento entre quienes no sintieron ninguna alegría al ver la bandera los EEUU clavada en la Luna, ni cuando sentimos que el mundo se quedaba con un único «Gran Hermano», celoso vigilante de que en todo el orbe se aplique su (muy democrática) voluntad.

Pero no reconocer la inteligencia es cosa de tontos. Y el giro retórico que impuso JFK, llamando a su potencia imperial a despertar todo su potencial, fue indudablemente muy inteligente. Transformó, discurso tras discurso, la creciente incomodidad de las generaciones que habían vivido la confortable era del «baby boom», en desafío y responsabilidad personalizada.

En nuestro pequeño y nada imperial Uruguay, acabamos de estrenar Parlamento. Y en dos semanas, el Pepe Mujica será nuestro compañero Presidente, dando por terminada una transición que ha sido, en términos generales, muy razonable y ordenada.

Que ha generado crispaciones y algunas irritaciones, pero por definición, una transición es el cambio de una fase a otra, y no conozco ninguna en la que todo el mundo se sienta en un éxtasis de placer. Si se contextualiza, se aprecia la realidad del país hoy, su futuro, y su situación previa, no cabe duda que no hay motivo para inquietarse. Salvo para quienes mal quieran al país, que quizás podrían haber esperado que ante los empresarios Pepe y Danilo generaran una estampida. Pero, como era obvio para muchos de nosotros, invitaron a invertir con intenciones productivas en un país serio, predecible, respetuoso de los derechos laborales y marcaron una neta continuidad en las reglas generales de juego respecto al primer gobierno del Uruguay. Bienvenidas las instalaciones industriales, por ejemplo, pero en un país donde los consejos de salarios son ya indiscutibles y donde las libertades sindicales se resguardan a rajatabla. Y lejos de estampidas, hubo atronadores aplausos. Algunos serán mera puesta en escena y otros serán expresiones de genuinas intenciones de invertir. Y si de cada 10 aplausos, uno es una inversión productiva, enhorabuena.

Ante este inminente relevo presidencial, he escuchado muchas preguntas sobre «¿Qué hará el Pepe?». O, más aún, como me dijera recientemente una compatriota en relación a un problema específico: «¿Qué podrá hacer el Pepe por mí?».

Es incuestionable que los gobiernos pueden hacer y mucho por el bienestar general y concreto de las personas. Pregúntenle la opinión sobre Tabaré a quien en el 2005 no tenía trabajo, ni asistencia de salud, y sus hijos no sabían lo que era Internet, y que hoy trabajan, tiene cobertura sanitaria y sus hijos navegan con sus XO junto a sus compañeros, y quedará sobradamente demostrado. En ese sentido, la pregunta de la compatriota es legítima y fundada. Pero, más allá del caso particular, la pregunta me hizo recapacitar sobre cuán pasivo suele ser el enfoque de la vida democrática en el Uruguay. Quizás fue en el primer gobierno de Sanguinetti, cuando el entonces Presidente proclamara «¡Uruguayos, a las cosas!» que se produjo la más impresionante desmovilización social y política de nuestra historia. A la salida de la efervescencia de la lucha antidictatorial, con un gobierno expresamente interesado en que la democracia fuera el ejercicio del poder para quienes ostentan cargos y esperar cinco años para votar de vuelta para quienes no lo tienen, múltiples esferas de participación colectiva se desvanecieron gradualmente. El triunfo del voto amarillo en el referéndum sobre la Ley de Impunidad fue un tiro de gracia al respecto.

Como esporas ante el ambiente adverso, con la tenacidad inquebrantable de los núcleos firmes de militancia política, sindical y social, las siguientes décadas no pudieron impedir el avance gradual, constante, no siempre lineal pero irrefrenable, de las fuerzas populares hacia su actual notorio predominio político.

En un espíritu aguerrido y experimentado como el de Pepe, no tengo mayor duda que no debe existir mayor inquietud en su espera del 1º de marzo, sino simplemente el abundante trabajo de cada día. Pero me pregunto cómo nos preparamos nosotros durante esta misma espera. Si nos limitaremos a darle un fraternal abrazo y sincero agradecimiento al compañero Tabaré y abrazar afectuosamente al compañero Pepe, cual platea de un espectáculo público, o si nos comprometeremos a ser partícipes activos del proceso que se inicia.

A partir del 1º de marzo empieza un nuevo proceso político. Como se señaló previamente, Pepe y Danilo no han dejado duda sobre la continuidad en las líneas básicas respecto al gobierno de Tabaré. Pero hay nuevos desafíos, que básicamente significan profundizar la transformación del país y acrecentar el poder popular de las organizaciones de la sociedad civil, de trabajadores, de consumidores, de defensores de derechos a la diversidad, etc. Desafíos que van desde un techo digno para cada familia hasta el estímulo activo de empresas de propiedad social, colectiva, que coexistan con las reglas de economía de mercado en su interrelación. Cambiando lo más concreto y externo (el techo) hasta lo más profundo y general (estímulo al crecimiento de alternativas al sistema imperante). Quienes digan que esto último es una quijotada, ruego expliquen como funciona la economía china y cuál es el rol que pronostican cumplirá China en el mundo a venir.

El segundo gobierno del FA no es el ámbito para disputas de vecindarios políticos, ni mera repetición del camino brillantemente recorrido por Tabaré. Es la oportunidad de ir más lejos, más a lo hondo, tanto de las necesidades de los seres humanos de carne y hueso, como de las transformaciones del sistema socio-económico y cultural.

La pregunta que se impone, entre todos quienes somos frentistas, es cómo vamos a apuntalar el trabajo del gobierno y, más en general, este proceso de profundización del avance de las fuerzas populares. Las posibilidades tecnológicas, las amplias redes sociales físicas o virtuales que hoy existen, el pujante activismo que ha surgido en los últimos años nos dicen a las claras que no podemos excusarnos en no tener un cargo para sentarnos a esperar los cambios milagrosos. Tenemos que ser actores, y no espectadores.

Por eso, mientras el querido compañero Tabaré emprende la más ovacionada de las retiradas de este Carnaval, y mientras Pepe hace una presentación luminosa, llena de esperanzas y proyectos, la pregunta que nos debemos formular, a conciencia, es: ¿Qué haremos cada uno de nosotros para contribuir a forjar la nueva sociedad, con el poder y los recursos cada vez más democráticamente distribuidos? Todo escenario es válido. Todo terreno puede ser fértil. Todas las manos pueden sembrar flores.

|*| Analista y matemático

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