¿Y entonces?
Hoy día, despreciado mucho tiempo en contorsiones diversas, la funambulesca cuestión de las patentes suma tantos actos disparatados como pruebas enfrentó Guilgamesh, rey mitológico de Uruk, en su pretensión de inmortalidad.
Ah, pero hubo una aparición sorpresiva que ha tenido, seguramente contra su voluntad, la consecuencia de fastidiar a las autoridades municipales.
El defensor del vecino, hombre de actitud discreta y tolerante, de anchas espaldas y aguante imprevisible y de cuya honestidad intelectual nadie duda ha dicho, con tono civilizado y el uso de argumentos e información incontrastables, una verdad. Fuerte, grávida, esa verdad ha recordado un aspecto esencial: la patente de rodados en Montevideo es la más cara del país y una de las más caras en una eventual comparación planetaria.
También cuestionó la información tambaleante dada por la Intendencia y dejó entrever que, en su búsqueda para trasladarla a tanto contribuyente desesperado que lo consulta, no había hallado la transparencia que siempre esperó.
Según el defensor del vecino si el costo de las patentes fuese similar en todos los departamentos acabaría el problema. De ahí, alejándose de cualquier complicidad defensiva o por omisión, saltó a un juicio que, al margen de los estornudos dogmáticos que puede generar, se sostiene sin esfuerzo: este tributo tiene que bajar a niveles razonables en Montevideo.
La administración saliente ya no lo hará. Habrá que ver qué dice quien se haga cargo de esa responsabilidad a partir de mayo próximo.
Entre tanto, en lo del Chiquito Otegui cuando más se chupa más escepticismo se desparrama.
-Yo ando en bondi o a pata en el pueblo, hasta donde me den las narpies y no pago un sorete a nadie acotó el Facha Ruiz.
-Seguí yendo sin certificado de domicilio a Montevideo a tropear locas y vas a ver…
-¿Por?
-Están cebados, gliptodonte. Te multan o te encajan una matrícula en el culo dijo el patrón, con aire luctuoso.
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