La equivocación
Son las contradicciones de la condición humana.
Ante el error ajeno no siempre aparecen la tolerancia ni la compasión; hay quienes reprueban, aun sin saber los detalles del hecho, con una energía capaz de aumentar la supuesta culpa por mera acumulación del espíritu punitivo.
Los hipercríticos suelen olvidar que las personas, más allá de sus responsabilidades intrínsecas, se cansan, se estresan y se enferman, circunstancias que habrán de influir en su desempeño y constituyen un atenuante.
Estos comentarios van a título de preámbulo de una noticia reciente. El fiscal de Corte observó al fiscal Eduardo Fernández Dovat por haber emitido, en pocos días, dos dictámenes contradictorios sobre el mismo caso: la excarcelación de un empresario detenido en una operación contra el narcotráfico y el lavado de dinero. Primero la aceptó y luego se retractó, negándola.
Si bien el fiscal de Corte, en su dictamen, admite «la sobrecarga de trabajo, el estrés y problemas personales del momento» de Fernández Dovat, pondera que es una falta que amerita esa observación.
No puedo disentir. Conozco superficialmente los pormenores y, a simple vista, el castigo suena razonable en relación al porte del error cometido.
¿Me he zambullido en una contradicción? Pues no, amable lector. Una cosa es hablar de la culpa que se tira sobre los demás, apresuradamente, desde un punto de vista moral, ético o filosófico, y muy otra ignorar el daño que un error como el de Fernández Dovat puede causar a las garantías que debe dar el sistema jurídico.
Pero advirtamos un punto en el que todo parece juntarse: ¿por qué tantos magistrados siguen padeciendo sobrecarga laboral y estrés, capaces de inducirlos a macanas grandes y chicas? Porque el sistema judicial no ha logrado satisfacer las necesidades económicas y de personal que lo afectan.
¿Qué tal si el gobierno electo y la Suprema Corte de Justicia se las arreglan para mover esta estructura viciosa y dañina?
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