Cómo les cuesta
Anteanoche me desveló la búsqueda de una explicación del lío que han armado los colorados con la designación de su candidato a la Intendencia de Montevideo.
Ya en la madrugada, agotado, creí entenderlo.
Demorada la consolidación de su modernidad, esa que fue bandera de lucha del activo Pedro, el buen hijo, en los recovecos del Partido Colorado aún se conserva un aire de la vieja casa, o sea de las viejas costumbres.
Sólo así parece comprensible que, tan lejos los regios banquetes de antaño y obligado a sobrevivir electoralmente con una porción menor de sopa casera, de pronto algunos de sus dirigentes inventen una realidad a medida: si ganan la pulseada por el candidato, que llegará tercero, marcarán perfiles como una inversión prometedora de corto plazo y revitalizarán anémicos esfuerzos por pelear un liderazgo harto definido.
La ficción reserva curiosidades. Castillo fue bendecido por Pedro y por Sanguinetti; pero Amorín, a nombre del intrincado Proba, eyectó acaloradamente e introdujo a Villar. En su afán contradictor pudo haber propuesto a Morena, al que alguna vez «lo trajimos todos», pero, bueno, perdió la oportunidad.
Usted habrá advertido, lector, la joyita del intríngulis y se preguntará: ¿Sanguinetti integra el Proba? Por supuesto. Es uno de sus pilares. Entonces, ¿las rebeliones contra el astuto hombre de las cejas como hiedras no concluyeron con el soldado Abdala, hoy exiliado? Parece que no.
Ahora bien, Sanguinetti juega hábilmente este ajedrez político; Amorín, con el ceño fruncido y dispuesto a la embestida, no se sabe si aún carga la alargada sombra de la momia de quien fue (¿es?) su líder, aquel que no se bajó en Carnelli.
Don Julio María sacó ventaja. Dijo que «dentro del Proba falta afinar mecanismos de resolución para mejorar su funcionamiento». Linda movida buscando… ¿qué?
Cuidado, Pedrito, con quien te ladra y más con quien se te pega. ¿La fumigación de la vieja casa fue suficiente?
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