EL PAIS INTELIGENTE
En la nota anterior describimos las cinco mayores debilidades en Ciencia, Tecnología e Innovación (CT&I) heredadas por el primer gobierno frentista: a) archipiélago institucional; b) histórica baja inversión, menos del 0,3% del PBI; c) carencias en capital humano formado para sustentar la innovación; d) escasa conducta innovadora y de demanda tecnológica del empresariado nacional; y e) inexistencia de una política pública que alineara y articulara actores estableciendo incentivos y certidumbres.
Teniendo en cuenta el diagnóstico, el trabajo gubernamental se orientó en tres ejes simultáneos: rediseño institucional, instrumentación de ciertas acciones político-estratégicas y obtención de disponibilidad financiera vía refuerzos presupuestales, préstamos del BID y Banco Mundial y cooperación de la Unión Europea para apalancar dichas acciones.
«Ya no están lejos, y ahora está en vos el dar»
El incremento de la inversión se ha expresado en todos los programas e instituciones públicas que integran el Sistema Nacional de Innovación: a) Udelar, proporcional al aumento presupuestal, se estima que un 18% es utilizado para financiar ciencia y tecnología, fundamentalmente recursos humanos; b) INIA, incrementó su presupuesto, que está vinculado con los bienes agropecuarios a través de un impuesto específico; c) Pedeciba, cuadriplicó el suyo, que pasó a ser de 2 millones de dólares, liberándose de financiar becas, pues se creó el Sistema Nacional de Becas en la ANII; d) Instituto Clemente Estable del MEC incrementó sus recursos; e) Instituto Pasteur de Montevideo y Centro Uruguayo de Imagenología Molecular (Cudim), recibieron importantes partidas en los últimos años.
Si sumamos además, lo ejecutado en el LATU, MGAP y otros, la cifra de inversión pública en ciencia y tecnología en 2008 supera los 100 millones de dólares, es decir 4 veces más lo que se invertía previo al gobierno frentista y en ese monto no están incluidas importantes exenciones o renuncias fiscales aprobadas para emprendimientos productivos innovadores en el marco de la reforma tributaria y la ley de inversiones. La ANII, que comenzó a funcionar en 2007, pasó de ejecutar medio millón de dólares ese año y menos de 6 millones en 2008, a casi 20 millones en 2009. Cuando se disponga de los datos de las otras instituciones públicas y se incorporen las respectivas estimaciones de inversión privada (entre un cuarto y un tercio del total), seguramente nuestro país habrá alcanzado en 2009 un histórico porcentaje superior al 0,65% de inversión en relación a su PBI, que además ha crecido en forma excepcional.
«De alguna manera, fue larga la espera»
Respecto a la institucionalidad en CT&I, los avances son notorios. La Ley 18.084 estableció niveles y roles para los distintos actores: a) un nivel político-estratégico que corresponde al Poder Ejecutivo a través del Gabinete Ministerial de la Innovación (GMI), conformado actualmente por los ministros de Educación, Economía, Industria y Ganadería y el director de OPP; b) otro fundamentalmente operativo, la ANII, que instrumenta acciones enmarcadas en las políticas públicas y prioridades definidas, c) un tercero, el Conicyt, que reformulado y ampliado con mayor presencia empresarial y académica y de otros actores (PIT-CNT, Congreso de Intendentes, ANEP) ha devenido en órgano de consulta y asesoramiento de primer nivel y garantizador de la transparencia del segundo, además de promover a dos de los directores de la ANII y tener opinión preceptiva sobre el Plan Estratégico Nacional de Ciencia y Tecnología (Pencti); y d) un cuarto nivel que corresponde a todos los actores que realizan investigación y/o innovación de un modo institucional o individual y que son beneficiarios de los distintos programas de promoción de CT&I en el Sistema.
«Prefiero el salto que esperar a decidirme»
En abril de 2005, el GMI acordó lineamientos estratégicos y definió seis sectores prioritarios generales (cadenas agroindustriales; alternativas energéticas; biotecnología, farmacéutica y salud humana y animal; tecnologías de la información y comunicaciones; recursos naturales y medio ambiente; y complejo turístico), que tuvo valor político indicativo en la medida que implicó establecer por primera vez y en el marco de una política de estímulo transversal a la innovación, prioridades sectoriales. Mayor focalización requería disponer de mejores insumos prospectivos y definiciones de otro eje el denominado «Uruguay Productivo» que comenzó recién a ser prefigurado más adelante con la instalación y funcionamiento del Gabinete Productivo. Esto en gran medida explica porqué las bases y lineamientos generales del primer Pencti fueran hechos públicos por el GMI recién a mediados de 2009.
Para avanzar, en diciembre de 2006 se definieron tres bloques de acciones dirigidas a: 1) Fortalecimiento y orientación de la investigación; 2) Estímulo a la innovación empresarial y a la articulación entre oferta y demanda; y, 3) Fortalecimiento de la nueva institucionalidad y apoyo a políticas públicas.
En relación al primer Bloque las acciones comprenden el fortalecimiento y la expansión de capital humano por medio de un Sistema Nacional de Investigadores, la creación de un Sistema Nacional de Becas y el estímulo a la movilidad de investigadores; el apoyo a nuevos programas tanto de posgrados nacionales como de formación terciaria no universitaria; y la vinculación con la diáspora científica. La creación de un portal de acceso universal on-line a bibliografía internacional y bancos de patentes, denominado Timbo, fue definido poco después. Por su parte, la producción de conocimiento es promovida con fondos concursables para proyectos dirigidos a áreas fundamentales (Fondo Clemente Estable), a áreas prioritarias (Fondos Sectoriales) o que den respuesta a problemáticas sociales.
En relación al segundo bloque, se propuso realizar un rescate crítico de los programas individuales de innovación y de asociatividad empresarial ejecutados en el programa PDT del MEC, de modo de mejorar algunos o implementar nuevos con los préstamos del BID (PDT II) y del Banco Mundial, a ser ejecutados por la ANII. Se definió apoyar el emprendedurismo y diseñar otros instrumentos, nuevos en el país, como los denominados centros tecnológicos de articulación público-privado, cuya conformación sería estimulada, particularmente en áreas relevantes con capacidades dispersas. Los centros, así como los consorcios un nivel de articulación pública-privada menor permitirían avanzar en la confluencia entre oferta y demanda de modo de incrementar la competitividad de la producción nacional. A su vez se explicitó el apoyo a los programas de conglomerados y clusterización que el MIEM (Pacpymes) y OPP (Pacc), estaban comenzando a ejecutar, así como a los polos-parques tecnológicos de reciente creación.
Un lector informado coincidirá que la mayoría de las acciones planteadas en 2006, particularmente las del primer bloque, han sido desplegadas con éxito. En lo que respecta al segundo, los instrumentos reformulados de apoyo a proyectos individuales de empresas han venido siendo paulatinamente demandados, aprobándose casi un centenar, y aún hay mucho trabajo por delante. Los programas de centros tecnológicos y de consorcios están en una etapa incipiente. El trabajo de articulación público-privada requiere tiempo y capacidades humanas específicas y las debilidades diagnosticadas siguen estando presentes.
Como algunas de las acciones emprendidas en relación al tercer bloque cabe mencionar, el propio rediseño institucional concretado, el impulso dado a diversos programas de popularización de la ciencia (clubes, semanas de C+T de Dicyt, etc.) y la serie de estudios prospectivos, consultorías y encuestas realizadas que han constituido importantes insumos para el primer Pencti y el establecimiento de líneas de base para el monitoreo y seguimiento d
e la política definida.
«Soplan desde el alma rachas de aire nuevo»
Podemos afirmar que Uruguay ha iniciado una imprescindible trayectoria de promoción de la investigación e innovación sustentada en un importante e incremental apoyo financiero, un rediseño institucional de modo de hacer más eficiente y eficaz el uso de esos recursos y un abanico de acciones que han permitido comenzar a superar algunas de las debilidades históricas y generar capacidades humanas, científico-tecnológicas e institucionales de base como para ir a más.
Una reflexión final referida a la elaboración político-estratégica: es imprescindible avanzar en la construcción del consenso sobre el modelo productivo nacional al cual apostar. Con ese norte referencial será posible precisar un mapa de ruta para el Sistema Nacional de Innovación, teniendo lo actuado como buena plataforma de partida. El documento de Pencti, a consideración actual del GMI, propone un marco conceptual, principios rectores, cinco objetivos, y nuevas definiciones de áreas estratégicas prioritarias de modo que desde lo científico-tecnológico, se dé soporte al imprescindible cambio productivo estructural sustentado en el conocimiento y la innovación. Enmarcados en esas orientaciones las distintas instituciones deberían definir su aporte en la construcción del País Inteligente que el presidente electo promueve.
|*| Vicepresidente de ANII y coordinador del SNI
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