Tardanza
Pocas cosas más parecidas a un incordio anal que correr a la parada del ómnibus, llegar a la esquina, quedar parado en la vereda de enfrente porque el semáforo impide el cruce y, justo entonces, ver pasar el 180 haciendo añicos la esperanza de llegar a hora al compromiso asumido.
Es cuestión de tardanza. Uno remolinea en la cama, se levanta apremiado por la hora, se viste con apuro y se agita, primero corriendo, naturalmente al santo pedo, y luego por la calentura con el semáforo que, en realidad, es un simple aparato incapaz de jodernos la vida a propósito.
En este caso, insisto, es tardanza y nada más.
Pues bien, en ella incurrieron casi un centenar de abogados que, de pronto, como empujados desde detrás del telón donde aguardaban distraídos, se pronunciaron contra la «ley antimafia» y el procesamiento del penalista Carlos Curbelo. Este hombre fue hallado culpable, en primera instancia, de participar en la compraventa de propiedades adquiridas con dinero de un narcotraficante cuya defensa asumió en 2006.
Según sus colegas entre otros Gervasio Guillot, Gonzalo Aguirre y Hebe Martínez Burlé «se perjudica la acción de la defensa», el abogado sólo «estaba cumpliendo actos en ejercicio de su profesión» y esta ley «crea una zona nebulosa en la que se incrimina a quien está ejerciendo la sagrada función de la defensa penal entre Tribunales».
Además, cuestionan la figura del «colaborador», usada en el caso, mediante la cual una persona implicada da información a cambio de inmunidad.
¿Fue necesario que procesaran a Curbelo para que estos profesionales, a diferencia del tipo que va hacia el ómnibus, se largaran a cruzar la calle con el semáforo en rojo y decidieran que la ley antimafia, la que deberían conocer en detalle hace tiempo, tiene agujeros por donde se escapan tantas inconveniencias?
Si no queré’ perde’l bondi largá la catrera’nte’ diría Ruedita.
Hazlo también, agregaría yo, si no quieres crear incomprensión.
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