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TRIUNFO PEDESTRE O DERROTA PROVIDENCIAL

Sin que se acallen aún las euforias motivadas en el arrasador triunfo del Frente Amplio en el balotaje del domingo pasado, le toca hoy al MAS boliviano refrendar el giro antineoliberal (tal vez hasta incipientemente desarrollista, o tímidamente rebelde y experimental) que, con dificultades, tropiezos y dubitaciones, viene configurando el escenario político de buena parte de América Latina. Más específicamente aún, del sur del continente, donde no son pocos los riesgos y amenazas que afronta el viraje desigual de la región, según los países y sus correlaciones de fuerzas, tal como nos lo recuerdan las dolorosas excepciones de Colombia y Perú.

Despreciar este indicador desde la izquierda o excluir la experiencia uruguaya de la contribución a esta tendencia provisionalmente dominante, no sólo es un error conceptual sino una mezquindad ideológica. Probablemente encubridora de frustraciones narcisistas e impotencias escénicas que jamás deberían soslayarse como constitutivas del alineamiento político, de la burocratización de las oligarquías políticas y sindicales, de las que no está excluida izquierda alguna, por más radical que se autoconsidere, y de los intereses materiales (en sentido de la materialidad de todo poder, desde el que pueda darse a un nivel simplemente conyugal hasta el partidario) que las sustentan. La contribución uruguaya (como la boliviana) no se limita a cinchar en la resistencia y acompañar modas o modelos estacionales, sino a darle además un tono particular y propio a la experiencia, incorporando insumos para balances posibles y resultados prácticos de diversa laya a consideración de la historia. Aún en las derrotas parciales, hasta graves, como las de los recientes plebiscitos.

No habrá en estas líneas, por tanto, razón subjetiva ni objetiva para minusvalorar la potencia expresiva de la celebración movilizada uruguaya de la semana pasada, ni menos tampoco las implicancias de esta contribución política para la región. Subjetivamente porque tuve ­y tengo­ la oportunidad de ser parte activa del festejo. Uno más entre una anónima multitud en esta orilla en la que atraqué con tales propósitos. Y objetivamente porque el medio elegido, es decir, la toma masiva de las calles, la sonora y visibilizante expresión masiva de un rumbo político específico y diferenciado, constituyen un instrumento indispensable para ir por otras conquistas populares, no necesariamente electorales (cuya utilización, aún con estos fines festivos, evita herrumbrar, afila y actualiza). Enrique Pintado «pintó» aquí mismo el viernes último la sensibilidad popular erizada y gozosa, con admirable soltura en su pluma. Hoy será una ocasión de recrearla a la distancia con el esperable triunfo de Evo Morales, probablemente también arrollador, que tal vez arroje mayoría parlamentaria y, si lo hace, esperemos que no sea para caer en la tentación del atajo reeleccionista.

En uno y otro caso, la del domingo pasado y la de esta noche serán victorias populares con las herramientas políticas, limitadas y perfectibles que pudieron construirse para enfrentar a las oligarquías económicas, sociales y políticas que dominaron estos países desde la independencia hasta estos últimos años de incipiente y tímida ruptura. No hay razones (más allá de las indisimulables diferencias del contexto de aplicación, de puntos de partida y sustratos económico­sociales) para establecer propósitos mayormente divergentes, ni programas que excedan por el momento el de un capitalismo con énfasis en el desarrollo, la inclusión y la conquista de derechos de las minorías excluidas y la superación de los umbrales de la mera supervivencia. La celebración popular uruguaya es hermana de la boliviana por las raíces sociales que las motivan.

Pero en ningún caso, ni aquí ni allá, ni en ninguna parte, la alegría puede sustituir a la razón, ni el éxito final al balance detenido y al análisis del contrapeso de sus costos, no necesariamente pírricos, aunque siempre ineludibles. Construir voluntades mayoritarias orientándolas hacia el cambio no es tarea sencilla ni frecuente en la historia. Menos en sociedades con cierta estabilidad y con tradiciones fuertemente conservadoras. Conlleva la carga de la negociación y la construcción de consensos y resignaciones en las que el límite no está dado a priori ni está previsto en la manualezca ni en la exégesis del dogma. En el caso del Frente Amplio, supuso además imponerse a la conjunción del más vasto espectro opositor, cualesquiera fueran sus raíces ideológicas, y hasta el autoreconocimiento de la misión divina del candidato desafiante y la ratificación explícita posterior de la jerarquía eclesial. Fernández Huidobro supo hacer de esta boutade un estilete con la mejor página de humor político y literario, cuando además la combinó con la hilarante teoría del equilibrio. No deja de resultar paradojal que en el balotaje se estructurara un frente amplio, amplísimo, prácticamente ilimitado, de cielo a tierra, para enfrentar a una organización política unitaria y crecientemente cohesionada cuyo nombre remite mucho más a la melange política que terminó enfrentándola. Fue ese frente amplio con minúscula, efímero y refractario, quién sufrió una derrota verdaderamente providencial.

Ese largo y complejo balance que excede un mero artículo y un simple autor ya comienza a insinuarse en los locales, en las tertulias cotidianas, en los mails cruzados y en estas mismas páginas. Y necesariamente continuará de aquí a las departamentales, de las departamentales al resto de las luchas latinoamericanas y así sucesivamente. Es un continuo de preguntas que contienen respuestas tácitas y aserciones cuyos interrogantes se incuban en su seno. Me inclino con Couriel a hipotetizar que el Frente Amplio creció en su arraigo popular a pesar de haber perdido algo más de dos puntos en primera vuelta (y dos diputados, a pesar de conservar la mayoría) y que sus perspectivas para las elecciones departamentales son mejores aún que las del 2005. Pero los fundamentos empíricos son difusos. Esa merma debe ser investigada y explicada, cosa imposible sin insumos mucho más precisos que los que se han dado a conocer públicamente desde la Corte Electoral. Me permití formular un pedido preciso de tales insumos para toda la sociedad dos domingos atrás, sin éxito hasta el momento. Me refiero a la base de datos tal y como la posee la propia corte, ya que constituye información pública que pertenece a la sociedad toda y no a una institución o fracción social.

No obstante, contemos o no con los insumos, más grave y acuciante resulta la interrogación por la derrota de los dos plebiscitos, ya que interpelan tanto los límites de la influencia partidaria como la naturaleza de los institutos políticos que contempla la constitución vigente. También la consistencia cívica de la sociedad, independientemente de las vanguardias políticas y de las disposiciones formales.

¿Puede una sociedad votar a un ex guerrillero torturado y sometido a los peores vejámenes y al mismo tiempo indultar a sus verdugos? Como electorado globalmente considerado, puede y acaba de demostrarlo, aunque ética y cívicamente resulte una monstruosidad. Desagregándolo algo más, puede sólo un 6% de ese electorado, suficiente para inducir a la generalización anterior. Pero sin indagar circuito por circuito la composición de ese voto, será imposible establecer la génesis precisa de esa hendidura lacerante de la ciudadanía uruguaya.

¿Puede un sistema político someter a formas de democracia directa como los plebiscitos cuestiones de principios que atraviesan a los partidos políticos y la sociedad, al tiempo que los opone en la elección de representantes a cargos legislativos y ejecutivos? ¿No es a la vez un sabotaje a la transversalidad política y a la multiplicidad de posibles representaciones e identidades que se encuentran en la construcción de movimientos sociales y sus luchas?

Tal vez sirva para recordar que toda alegría
es necesariamente parcial y efímera, acotada a un momento y circunstancia, aunque la combativa sociedad uruguaya ha dado pruebas sobradas de superación de las piedras diversas que ha ido encontrando en su camino y tal vez de motivos de próximas celebraciones sin ayuda providencial.

|*| Profesor titular e investigador de la Universidad de Buenos Aires, escritor, ex decano.

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