El zigzagueo
Hay actitudes cotidianas que pasan inadvertidas. Sin embargo, podrían ayudarnos a explicar ondulaciones de la conducta social. Por ejemplo: ¿quién no ha caminado detrás de una persona que anda zigzagueando y pierde tiempo en adivinar su próximo movimiento y el lado exacto por el cual adelantarle? Tengo la impresión de que ahora hay más zigzagueantes, aunque quizás ese anadeo humano, imposible de pronosticar ni por Bottinelli, se haya hecho más evidente porque se concentra en las áreas más concurridas, sobre todo donde se exhiben pizarras de cambio de moneda. ¿Por qué zigzaguea la gente que zigzaguea? ¿Las ha llevado al cosmos una embriaguez celestial? ¿Tienen problemas morfológicos, motrices o neurológicos? ¿Sencillamente les importa un corno quien viene detrás y circulan con el egoísmo y la impunidad que disfrutan en el fondo de su casa? ¿Qué hace usted, lector, cuando camina con urgencia, agilidad o el ritmo parejo que le aconsejó el cardiólogo, al toparse con uno de esos zigzagueantes, que puede ser joven o viejo, hombre o mujer, petizo o alto, gordo o flaco, votante de Mujica o de Lacalle?
Si uno se lo toma en serio, averiguaría la razón del zigzagueo, lo cual implica una interrogación de la persona. No lo recomiendo; se puede hallar reacciones inesperadas, en general poco saludables. No confesaré qué he hecho yo cuando la reiteración de zigzagueos ha convertido mi caminar en un padecimiento; me lo impiden la moral y las buenas costumbres.
¿Lo positivo? Teorías a desarrollar. Muchos problemas culturales de esta sociedad ¿están vinculados a ese zigzagueo intrínsecamente tan democrático?
¿Se toma demasiado alcohol? El constante ametrallamiento informativo fuera de contexto ¿causa desorientación espacial? De tan inseguros que nos sentimos ¿creemos que andando así nos salvamos de los rateros?
El zigzagueo es una incongruencia, a veces desquiciante, a veces hilarante. No sé. ¿Tenemos claro dónde queremos ir?
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