DIARIO DE CAMPAÑA: DE ESPERANZAS, NUMEROS, YERROS, Y SAGRADOS EMPECINAMIENTOS
1. ¿Qué debemos confrontar? Diez años atrás, al culminar la primera vuelta de la elección de 1999, el FA conquistaba el sitial cada vez más firme de mayor partido político del Uruguay, obteniendo aproximadamente un 40% de los votos. Recuerdo el festejo de aquella noche, convencidos de que estábamos a 10 puntos porcentuales y un mes de la victoria presidencial. Se consiguieron 5: perdimos en segunda vuelta 55-45. Comenzamos a vivir el gobierno divertido, que nos sumió en la sombras en 2002.
Tras esa amarga experiencia, el FA ganó en primera vuelta en 2004. Y llegó el mejor quinquenio de la historia reciente, por lejos. Nada es perfecto, pero no cabe siquiera lugar a comparación con sus antecedentes. Pero todos nos acostumbramos a lo bueno y lo damos por derecho adquirido y gratuito, en todo el mundo. Nuestro pueblo no es ni mejor ni peor, en esencia, que cualquier otro. Si a uno le duplican el sueldo, subirá su nivel de vida, sus exigencias y sus conductas, y ni se le planteará la posibilidad de volver atrás, salvo que un día nos encontremos nuestro lugar de trabajo cerrado. En general, recién ahí justipreciamos los logros: cuando los perdemos. En Uruguay y en Alaska, buena parte de la especie humana no valora lo que tiene hasta que lo pierde. Por eso muchos uruguayos a veces actúan como si el Plan Ceibal lo hubiera hecho Papá Noel y la baja en el desempleo, los Reyes Magos. Nunca hay que sorprenderse por el resultado de una elección tras un gobierno excelente. Cualquier gobierno que se plebiscite, se encontrará con el mismo fenómeno: para muchos, lo que se hizo de bien ya es un derecho adquirido y sólo importa lo que figura en el debe. Por eso hay que plebiscitar proyectos futuros, basados en el aval de experiencia y de credibilidad del gobierno realizado, pero proponiendo nuevas metas. Dentro de un mes, se confrontarán en un plebiscito dos proyectos. El del FA necesita de unos 2 puntos de crecimiento para asegurarse el triunfo. Contexto harto favorable.
2. El yerro de Pedro. En su mayor noche de gloria, Pedro Bordaberry, tras una campaña publicitaria impecable, cometió el que me parece el mayor error de su carrera política. Pedro, adueñado de un PC resucitado y de cara lavada, pero aún cargando en sus espaldas el estigma de ser un hombre de derechas (por sus opiniones y dejando de lado su apellido, que no me gusta la condena genética), tenía ante sí la oportunidad histórica de correrse hacia el centro, no adhiriendo automáticamente a Lacalle y siendo neutral, o al menos, pareciéndolo. Dejaba al PN a su derecha y al FA a su izquierda, situando al PC en el tan anhelado centro. Pero se apresuró a proclamar que, a título personal, votaría al Dr. Lacalle, imagen misma de la derecha liberal blanca. Pedro se instaló definitivamente en la derecha y dejó el centro para quien guste ocuparlo. Dependerá de la inteligencia de otros dirigentes colorados el que esa decisión personal arrastre a todo el PC o quede como una sensibilidad dentro de varias.
3. Los números. Dos semanas atrás manifestaba mi convicción sobre la seriedad de las encuestadoras profesionales de nuestro país. Y hacía diversos cálculos basados en la encuesta nacional Factum. En parte de esa nota decía que un escenario poco factible pero posible era que el FA votara tan bajo como 45,5% y el PN tan alto como 37,4%. El escenario que se dio es muchísimo más favorable al FA, por lo que desde el punto de vista de los números, el resultado obtenido está dentro de lo previsto por las encuestadoras profesionales y está lejos del peor escenario imaginable. En la misma nota sostenía que aun en ese escenario 45,5%-37,4%, el resultado estimado en una segunda vuelta era de triunfo para Mujica, con 2 puntos de ventaja. Los niveles actuales de votación de cada partido indican un claro triunfo en segunda vuelta. Mencionábamos en aquella nota y vale la pena reiterarlo un elemento que Luis Eduardo González, de Cifra, mencionó en «Código País»: el voto colorado no es cautivo del PN en segunda vuelta, un 10% del votante colorado prefiere votar a Mujica que a Lacalle.
La negativa a anular la Ley de Caducidad es consistente con las encuestas, que ubicaban la papeleta rosada en los niveles de adhesión que obtuvo. Y las vacilaciones que hubo al principio de la noche del 25 son explicables por los márgenes de error subyacentes. En cambio, el voto epistolar aparecía con adhesiones cercanas al 50%. Obtuvo la papeleta blanca entre 36% y 38% de votos. Un error de diez puntos no es imposible, pero no es achacable al margen de error encuestal. Y llama la atención que no más de los dos tercios de los votantes del FA hayan apoyado el voto epistolar. Presumiblemente, como dice mi amigo José Gabriel Fernández, esto se deba a que dos tercios del voto frentista corresponden al núcleo más militante y programático, y un tercio al votante imbuido de la mística y adhesión que genera el mayor y más popular partido del Uruguay, pero no suficientemente empapado de sus definiciones programáticas.
4. Los sentimientos y el futuro. Me duele en el alma que no se haya aprobado el voto epistolar. Me duele en el alma que hayamos refrendado por segunda vez que en este país la caja fuerte de un general puede más que todos los tratados de derechos humanos que hemos suscrito.
Pero, la izquierda no está hecha de muchas noches de gloria y éxitos, sino más bien de años de sacrificio, traspiés y de una inquebrantable terquedad. La derecha es el poder y la búsqueda de la preservación del mismo a toda costa. La derecha no se caracteriza por su paciencia, sino por la urgencia que supone la preservación del privilegio. La izquierda se caracteriza por hacer realidad los sueños de una sociedad libre y justa, lo cual requiere enorme paciencia y terquedad. El fueguito que arde en el corazón de la izquierda es el del sagrado empecinamiento. El de Don Emilio Frugoni, solitaria y primigenia voz del socialismo en el Parlamento. El de los viejos militantes frentistas del Interior, que araban y regaban gotitas en un paisaje semidesértico. El del General, degradado y encarcelado por quienes no le llegaban a la altura de las botas. El del Pepe, durante años en un pozo, luego parlamentario y en un mes Presidente de la República. El de Tabaré, el primer hombre que venció a la derecha a nivel municipal y nacional, pero para esto último debió intentarlo tres veces. El de la Tota Quinteros, el del Pepe D’Elía, Hugo Rodríguez, Gerardo Gatti, Guillermo Alvarez, Hugo Cores…
¿Cómo podríamos aflojar ahora, con ese legado en nuestro haber? Los que tienen mil machucones, los que tenemos algunos moretones y los que se inician a la militancia, todos, absolutamente todos, tenemos un solo futuro para recorrer juntos: Ganar en la segunda vuelta, lo cual está perfectamente al alcance de la mano y no supone ningún desafío inesperado. A partir de allí, y con un gobierno popular, se abren varios desafíos, entre los cuales los que hoy nos duelen. Buscando otros mecanismos (voto electrónico para todos los ciudadanos, otras formas de votación alternativas a la epistolar) para que todo uruguayo, viva donde viva, blanco, colorado, frentista o lo que sea, tenga el derecho al voto. Y buscando otros mecanismos para lavar la vergüenza de haber refrendado la ley de impunidad.
De nuestro lado muchos machucones, dolores, ausencias, traiciones e indiferencias, toda la dura acumulación de experiencia. Pero también la imaginación libre, la justicia de nuestras razones, una inmensa masa de pueblo y sobre todo, el sagrado y perenne empecinamiento de la izquierda, el fuego interior que alumbra la interminable lucha por justicia y libertad.
|*| Analista y matemático
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