ESTAMOS INDECISOS

No creo que l@s uruguay@s seamos indecis@s. Más bien todo lo contrario.

Pero en horas tan concretas y palpables por las que el tiempo es jarabe, estamos indecisos.

Al igual que ante cada encrucijada histórica y ante cada víspera de algo muy importante y paradojalmente decisivo.

El país en suspenso, pende de la decisión que tomaremos el domingo.

Como el suspenso insuperado e insuperable de la tardecita de aquel domingo de 1980 cuando el país votaba por SI o por NO.

Incomunicado ignoraba que era lo que se votaba; poseía una noción que apenas pugnaba por llegar a ser idea y, lo peor, no sabía por cuál de los dos monosílabos debía «votar». Por cuál de los dos hacer fuerza… El cuartel de Treinta y Tres estaba desierto porque su personal custodiaba urnas. Pocos oficiales a la vista pero igualmente, aprehensión generalizada que se percibía en el aire y el silencio producido…

Por un agujerito y a la hora justa pude ver arboles bañados de sol: era en la tardecita el momento en que se iluminaban para mí. No se movía una hoja.

Todo invitaba a pensar. Decidí fumar el último pucho escondido con el último fósforo de aquellos que se encendían frotándolos contra cualquier cosa. Porque después vinieron los otros, los que en un dechado de lealtad sólo lo hacen en su caja… Eso fue fatal en aquellas catacumbas. Creaba una nueva supeditación, restringía, más aún, la libertad.

Sentado en el piso y contra la pared, imaginaba un cenicero que decía «Cinzano» y la mesa de un boliche solitario tras cuyo mostrador el dueño, sin prestar la más mínima atención, trajinaba lavando vasos.

Cuando se encendió la llamita, vino de pronto la conciencia plenísima de que en esas mismas horas, poco antes del cierre de las mesas, se jugaba lo poco restante de mi destino. La experiencia posteriormente vivida fue y sigue siendo inenarrable.

La esencia de la emoción estribaba en que una multitud, totalmente ajena a mi situación, iba a tomar decisiones tan graves como para afectar a cualquiera en cualquier situación.

Cada una de las demás vísperas indecisas que hemos vivido ha traído, siempre, gran parte de aquellos sentimientos anudados.

Ahora bien: según dicen las encuestas, hay todavía mucha gente que no ha decidido qué va a decidir.

Debo rendirle respeto a todos aquellos que están reflexionando.

Cuanto más lo hagan, mejor.

Pero aclaro que también estoy indeciso a pesar de tener mi voto decidido y saber que el domingo ganamos.

Porque el Frente Amplio vino al gobierno y seguirá en él para cambiar. Y como va a seguir procesando los cambios que Uruguay necesita para vivir, abruman el horizonte las graves cuestiones que deberemos encarar y resolver con el mayor acuerdo político y social que sea razonablemente posible:

La nueva matriz energética, de transporte y de construcción de viviendas; la energía atómica; el puerto de aguas profundas y sus características; el ferrocarril; su electrificación; el manejo de nuestras aguas potables y de riego; la expansión marítima (sin olvidar la Antártida); la fluvial y lacustre; sus astilleros y talleres; la construcción, el mejoramiento y la conservación de canales y vías, navegables; el manejo de las riquezas de nuestro subsuelo; la reforma del Estado; una fuerte y planificada apuesta al deporte; el uso y administración de la Banda Ancha; el uso nacional de software libre o de software cerrado; la futura conexión domiciliaría de fibra óptica como meta para llegar a ser el país mejor dotado en la materia… Por cada uno de esos temas, y algunos más, poseo elaboradas indecisiones. Sospecho no estar solo en tales encrucijadas.

Pero no tengo duda de que, con el Frente Amplio en el gobierno, seguiremos avanzando hacia ellas, para tomar por los cuernos problemas que hace mucho debieron ser encarados y resueltos. Y no lo fueron. No lo fueron y en esa irresponsabilidad yace la mayor culpa.

Hemos demostrado que los planes son posibles, viables y por sobre todo necesarios. Los hemos puesto en marcha con apenas cuatro años y medio de gobierno, en los que antes que nada hubo que poner orden en el desorden imperante. Uruguay puede y debe tener una Estrategia Nacional de Desarrollo Productivo.

No se puede seguir viviendo como antes: al garete. Yendo al soplo de cualquier viento. Ello y dejar de existir como proyecto colectivo es lo mismo.

No incluyo por obvios, los demás «asuntos» vitales: salud, vivienda, equidad, trabajo, seguridad… Uruguay tiene las posibilidades materiales y humanas que se necesitan para eso.

Invitamos a los indecisos a sumarse a esas fundamentales indecisiones.

|*| Escritor, senador de la República.

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