LACALLE VIVE EN UNA BURBUJA
En estos últimos días, tomó notoriedad uno de los comentarios más desafortunados, de la larga lista que ha venido desarrollando en esta campaña el candidato a la presidencia Luis Alberto Lacalle. De manera insólita, el ex presidente blanco se refirió a la casa donde vive el Pepe Mujica como «una cueva» y «un sucucho», en una demostración de altanería y soberbia completamente fuera de lugar. Hasta el momento, nadie ha logrado entender el sentido político de esa rechazable actitud.
No creo que descalificando la vivienda del candidato frenteamplista y menos aún, desde el ángulo del desprecio, pueda aportarle algo a su malograda campaña. Tampoco tendría sentido detenerse en cómo es el lugar o la casa en la que vive el candidato nacionalista, lo que sí debería inquietar a la ciudadanía, es confirmar a cada paso que en lo que respecta al debate político, Lacalle parece vivir en una burbuja, lejos de la realidad.
Quizás esta afirmación pueda sorprender, pero es así. Basta con identificar y analizar en conjunto la serie de comentarios que ha formulado, que en principio parecían descolgados, pero que sin embargo, poseen un mismo hilo conductor. Sencillamente, sus afirmaciones provienen de un diagnóstico que no concuerda con la realidad. Algo que resulta muy llamativo en un dirigente hábil y experimentado como Lacalle, pero que a esta altura parece ser la única explicación de tantos errores.
Lo cierto, es que las frases como: «voy a cortar el gasto con una motosierra»; «en el Uruguay van a pasar cosas complicadas»; «no inviertan hasta diciembre»; o que «hay muchos uruguayos que me piden que los salve», corresponden al pronóstico de una inminente y grave crisis económica.
Y es el pronóstico sumamente negativo que la derecha y que el propio Lacalle han afirmado sistemáticamente, sosteniendo que el impacto de la crisis internacional, la imprevisión y la incapacidad del gobierno para manejar con solvencia la situación, provocaría un importante deterioro de nuestra economía.
Sobre esa base y pese a no contar con los últimos datos oficiales, la oposición formuló todo tipo de advertencias y estimaciones pesimistas, mientras se procedió a fustigar con fuerza al gobierno del Frente Amplio. La insistencia y la negatividad fue tal, que trasuntaba una directa ansiedad porque las peores previsiones se materializaran. Se percibía un inocultable interés, por parte de la oposición, que las malas noticias llegaran cuanto antes.
Y la ansiedad, frecuentemente conduce a equivocaciones y a momentos desafortunados, como el gesto muy mezquino y muy poco patriótico de aconsejar a los inversores que no inviertan en nuestro país hasta diciembre. Todo parece indicar que la estrategia de campaña del Partido Nacional, tenía como uno de sus pilares fundamentales, que en el país se concretara un escenario de recesión, un cuadro de retroceso económico y de pérdida de confianza. Existía la convicción de que ese escenario estaba a punto de verificarse y que produciría un debilitamiento de la imagen del gobierno, abriendo importantes flancos para el ataque político opositor.
Pero, una vez más, se equivocaron. Le erraron. Hicieron una mala lectura de la realidad y fracasaron. Se creyeron y se entusiasmaron con su propio cuento. Los datos publicados la semana pasada, acerca del desempeño de la economía uruguaya durante el segundo trimestre, pusieron fin al montaje opositor y a toda la parodia de alarmas y malos presagios desarrollada por blancos y colorados durante meses. Las cifras divulgadas, mostraron que pese a los efectos de la crisis internacional y del discurso corrosivo de la derecha, no había recesión y la economía retomaba el crecimiento.
Las políticas adoptadas por la conducción económica, el conjunto de fortalezas de nuestra economía y la confianza, que el gobierno del Frente Amplio fue capaz de generar durante los primeros cuatro años de este período, resultaron determinantes, como un eficaz escudo que permitió ubicar al Uruguay en un grupo de excepción, el conformado por los muy poquitos países en el mundo que no cayeron en recesión.
La desazón se apoderó de blancos y colorados. Patéticamente, mientras los uruguayos recibían una estupenda noticia, el país volvía a crecer y afirmaba sus posibilidades de futuro, la oposición exhibía su enojo y decepción porque la realidad de signo positivo no favorecía a sus objetivos políticos. «No puede ser», «no es posible», fueron las expresiones más mencionadas por los asesores económicos y los candidatos blancos y colorados.
Se equivocaron. La economía creció y los principales consultores privados comenzaron ya a corregir al alza sus previsiones para lo que resta del año. Pero, más allá de los datos publicados, la gente sabe que es así. Porque el consumo de los uruguayos, lejos de retraerse, se mantuvo al alza y, paralelamente, el poder de compra del salario siguió creciendo. Las familias uruguayas hoy pueden consumir más, porque indudablemente, como ya ha sido comprobado, con el Frente Amplio en el gobierno, se vive mejor.
Nadie desconoce a esta altura que el gobierno de Tabaré Vázquez es uno de los dos o tres mejores gobiernos de la historia del país. Por algo, nuestro gobierno y el presidente Tabaré Vázquez, son elogiados por toda la comunidad internacional. Y no se trata sólo de las fortalezas conquistadas en materia económica.
En la presente visita de nuestro presidente a Estados Unidos, la reducción de la pobreza y las políticas sociales desarrolladas, han vuelto a concentrar los principales reconocimientos del BID, del Banco Mundial y del propio gobierno norteamericano hacia el gobierno del Frente Amplio. Es el gobierno nacional que hizo posible combinar el mayor crecimiento de nuestra economía con el sustancial mejoramiento de la calidad de vida de sus ciudadanos.
No importa en qué tipo de casa vive el «Pepe» Mujica, porque antes que nada vive en la realidad, junto al esfuerzo del Uruguay y su gente. Lo que ya no sabemos, es dónde vive Lacalle, en qué país se encuentra. Parece que se fue de viaje en una burbuja y anda un poco lejos, contándose su propio cuento.
|*| Senador, Nuevo Espacio FA
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