LA CAMPAÑA ELECTORAL, EL PARTIDO NACIONAL Y EL FRENTE AMPLIO
El proceso electoral sufre modificaciones en el tiempo que se reflejan en los resultados de las encuestas. Al término de las elecciones internas del 28 de junio el Partido Nacional se veía fortalecido por haber superado, en el total de votantes, al Frente Amplio y por haber resuelto la fórmula la misma noche de la elección. Las encuestas de junio daban al Partido Nacional una cifra inflada. La publicidad parecía que era casi exclusivamente del Partido Nacional y sobre todo en el Interior, donde disputaban las candidaturas a las intendencias. Pasada la euforia de las elecciones internas las encuestas vuelven a la normalidad con un descenso natural de dicho partido. Es más significativo el nuevo descenso en las encuestas de agosto, donde probablemente importantes errores del candidato Lacalle pueden haber influido en dicha caída, quedando entre 32% y 34%. De esos errores se destaca una actitud considerada antipatriota al solicitarle a los inversores que esperen el resultado electoral para decidir sobre sus inversiones, en momentos en que Uruguay alcanzó el récord en 2008 de 2.205 millones de dólares de inversiones directas extranjeras. De la misma naturaleza fue su expresión sobre el uso de una motosierra para cortar el gasto público, que reflejaba la concepción económica neoliberal que caracterizó a su gobierno, intentando minimizar la acción del Estado. Por más que intentó modificar su actitud diciendo que no afectaría al gasto social, inclusive plagiando a la izquierda pues la consideró una inversión y no un gasto, difícilmente la motosierra sería eficaz, ya que el gasto social abarcó más del 90% del incremento del gasto público.
Un hecho novedoso fue la demora en presentar un programa común por parte del Partido Nacional. Conocido el mismo, muestra una pobreza franciscana y reitera concepciones perimidas en el plano internacional. Sus principales dirigentes enfatizan en temas económicos puntuales. En un contexto programático de asegurar el equilibrio fiscal y aliviar la carga fiscal, plantean la eliminación del Impuesto a la Asistencia a la Seguridad Social y la gradual eliminación del Impuesto a la Renta de las Personas Físicas. No se sabe con qué impuestos los sustituirían. Probablemente volviendo a aplicar el Impuesto a las Retribuciones Personales que cobraba proporcionalmente y en exclusividad a los asalariados y a los jubilados sin mínimos no imponibles ni deducciones de ninguna naturaleza. Si no proponen impuestos sustitutivos, o rebajan el gasto y, por lo tanto, aplicarían la motosierra o incrementarían el déficit fiscal, lo cual, para la concepción de los integrantes del Partido Nacional, es la causa de todos los males. En efecto para los neoliberales y los monetaristas ortodoxos, el déficit fiscal origina inflación, sobredimensionada deuda externa, afecta las expectativas de los empresarios para decidir futuras inversiones y genera desempleo. La crisis financiera internacional derrumbó los principios básicos de esas concepciones. Predomina el keynesianismo, se prioriza el objetivo central del empleo, mediante aumentos del gasto público que originan muy elevados déficit fiscales. Sirvan a vía de ejemplo el déficit fiscal que, en 2009, en EEUU rondaría el 14% del PBI, alrededor de 9% en el Reino Unido y en general en la Unión Europea se violaría el Acuerdo de Maastrich superándose el tope de dicho acuerdo, que era de 3% sobre el PBI. Este es el gran problema del programa del Partido Nacional. En el gobierno del Dr. Lacalle imperaba el Consenso de Washington, que reivindicaba el neoliberalismo, basado en una menor intervención del Estado ya que el mercado y el sector privado resolvían todos los problemas económicos y sociales. Las medidas centrales eran privatizar las empresas públicas, la liberalización comercial y financiera minimizando la acción estatal, las desregulaciones y la flexibilidad laboral. Todas ellas implicaban una menor intervención del Estado. El problema es que estos principios, mitos y fundamentalismos se cayeron con la crisis internacional. En lugar de privatizaciones, se dieron estatizaciones de instituciones financieras, grandes ayudas a sectores empresariales y fuertes regulaciones, especialmente en el mercado financiero. El Partido Nacional perdió la fuente de sus ideas, de sus propuestas y de sus programas. El nuevo programa de este partido reitera su concepción del Estado: «Concebimos un Estado fuerte y eficaz en aquellas funciones que le son propias y naturales, dejando a la iniciativa y libertad particular, ejercida dentro de la ley, la elección de las opciones de vida. La principal función del Estado, aunque no la única, es proporcionar un marco jurídico claro y sencillo que otorgue certeza y seguridad a la actuación individual y colectiva, condición necesaria para el desarrollo integral del ser humano». El mercado y el sector privado, en exclusividad, seguirán definiendo el rumbo del país. El programa vuelve a plantear «lograr una mayor apertura comercial mediante todos los instrumentos políticos, jurídicos y técnicos disponibles». Y en política internacional resalta: «Oponerse a la creación de nuevos organismos políticos que atentan contra la unidad regional y nuestra independencia política, como la Unasur».
La caída en las encuestas de agosto del Partido Nacional, las dificultades de alcanzar un programa coherente al derrumbarse sus fuentes de inspiración, especialmente proveniente de EEUU, los extraordinarios logros económicos y sociales del gobierno del Frente Amplio y los errores del Dr. Lacalle son elementos relevantes para comprender la actitud del Partido Nacional sobre centrar su campaña electoral en agravios permanentes a la fórmula del FA y, en especial, a su candidato a la Presidencia de la República, José Mujica.
Las encuestas de julio y agosto muestran una tendencia creciente del FA. Aumenta un punto porcentual en julio y en agosto. Sus actos políticos desbordan los estadios cerrados del Interior, con un extraordinario entusiasmo de los frentistas. Si la tendencia sigue creciente, se vuelven altas las posibilidades de un segundo gobierno del FA, triunfando en primera vuelta. En agosto las encuestas ubican al FA entre 45% y 46%. Si en la primera vuelta llegara al 48,5% de los votos emitidos (que incluye los votos nulos y en blanco) se volvería a obtener mayoría absoluta en el ámbito parlamentario. Si el FA obtuviera el voto de la mitad de los indecisos estaría arañando el 50%.
La semana pasada fue difícil para los frentistas a propósito de ciertas declaraciones de Mujica. El Pepe ha demostrado, como expresa Gerardo Caetano, conocimientos de filosofía, de antropología, de historia y, por supuesto, de política. Tiene un carisma excepcional que lo ha ubicado como uno de los grandes líderes políticos de América Latina. No precisa que lo defendamos. Si cometió errores tuvo la dignidad de disculparse públicamente y de pedirle perdón a sus compañeros frentistas. La clave de esta situación es que la unidad frentista es indestructible y todos seguiremos acompañando con alegría, fervor y entusiasmo su candidatura. El Partido Nacional seguirá agraviando a Mujica y nosotros mostraremos los logros del gobierno de Tabaré Vázquez, las propuestas centradas en el conocimiento y en las innovaciones, que parten del propio Plan Ceibal, y nos seguirán iluminando las ideas de dos premios Nóbel de Economía como Joseph Stiglitz y Paul Krugman.
|*| Senador por la 609-FA, economista
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