Cómo caminar
A partir de ahora se deberá caminar por las calles y lugares públicos de Montevideo de modo diferente al que utilizaba un ciudadano común y corriente.
Dadas las nuevas circunstancias, haré algunas modestas recomendaciones al lector, sujeto de mis preocupaciones cotidianas.
Si usted es de las personas que camina a paso ligero, depositando con plenitud y fuerza sus calzados pies en el suelo, desista, cambie, aunque esto le imponga practicar en su casa el nuevo estilo.
Si usted es de las personas que camina pausadamente, con ese anadeo que dan los años, pero no baja la vista jamás, salvo al descender del cordón de la vereda, desista, cambie, aunque esto le imponga practicar en su casa el nuevo estilo.
Si usted es de las personas que al caminar, ya con lentitud, ya apurado porque el día viene complicado, acostumbra preocuparse sólo de quienes le estorban la ruta o vienen de frente, balanceándose, desista, cambie, aunque esto le imponga practicar en su casa el nuevo estilo.
Si usted es de las personas que, mientras camina, se interesa por vidrieras, quioscos, carteles y otros elementos urbanos, desista, cambie, aunque esto le imponga practicar en su casa el nuevo estilo.
Si usted es de las personas que, caminando, le presta excesiva atención al sexo opuesto, dándose vuelta para observar tanto el venir como el ir de quienes captan su interés, desista, cambie, aunque esto le imponga practicar en su casa el nuevo estilo.
En fin, vayan estas características de caminantes ciudadanos para describir los ejemplos más comunes.
¿El nuevo estilo? Claramente a lo Nijinsky, en su mejor momento: en puntas de pies, concentrado en el piso sin un pestañeo, recurriendo a equilibrios, saltos y contorsiones audaces, a veces extremos.
Una notoria táctica defensiva.
Si se niega, usted, igual que yo y tantos, volveremos a casa con quilos de mierda de perro aplastados en nuestro descuidado, oloroso y resbaladizo periplo por la tacita de plata.
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