El Casmu
No hay caso. El Casmu ya es un bisbiseo, una murmuración entre dientes, embrollada y tensa, que cada día retrocede un paso y afecta más a sus sufridos, escépticos pacientes a los que mal atiende.
La otrora llamada «mutualista de los médicos», que aún conserva la mayor cantidad de afiliados, es una caricatura. Pero no hace siquiera sonreír porque es dramática, casi crepuscular. El tiempo multiplica sus rasgos desagradables, uniendo la lucha de los trabajadores por sus derechos –justa, aunque la comprometan algunas desproporciones– con las protestas de quienes, no sólo por financiarla, deberían ser atendidos como corresponde, con prontitud, eficiencia y solidaridad.
Todo lo que supuestamente se ha hecho hasta ahora, durante meses, deja la impresión de no haber dado resultado.
Un ejemplo basta y sobra. Un paciente, al que aqueja una patología coronaria, no halló en la farmacia de la mutualista que tiene más a mano ninguno de tres medicamentos que consume a diario. ¿La razón? Medidas gremiales por el envío al seguro de paro de parte del personal de Suministros.
¿Qué hace ese paciente? Espera y compromete su salud, recorre farmacias del Casmu a ver si saca la tómbola o, si puede, compra por su cuenta lo que necesita.
Es curiosa la actitud del Ministerio de Salud Pública. Más allá de ideas y enunciados sugiere puede ser un error de observación- cierta indiferencia.
¿Por qué el gobierno no interviene al Casmu? ¿Qué espera? ¿Se trata de una estrategia laberíntica, que nadie entiende y va dejando víctimas variopintas por el camino? ¿No importa el costo humano?
Precisamente la ministra ocupó, repetidas veces, un cargo de alta responsabilidad en esta mutualista. Conoce como pocos lo que ha ocurrido allí desde hace décadas igual que lo que ocurre ahora. Debería admitir que no hay otro camino, si descarta el cierre, que la intervención.
Salvo, claro, que haya información de la que uno carece y por eso no entiende lo que pasa.
Compartí tu opinión con toda la comunidad