VICTORIA VS DERROTA

El domingo pasado, el pueblo frenteamplista se pronunció y fue concluyente. Eligió a José «Pepe» Mujica como el candidato presidencial del Frente Amplio. Ya expresamos, en todos los ámbitos, nuestras felicitaciones, nuestro abrazo y nuestro compromiso militante, para apoyar al candidato de todo el Frente Amplio, en la construicción de la victoria frenteamplista en octubre próximo.

Decidir nuestro candidato fue un primer paso muy importante. Pero todos sabemos que vamos a tener que hacer mucho, mucho más, para poder concretar nuestro objetivo en las elecciones nacionales. Más aún, cuando el resultado electoral obtenido por el Frente Amplio, en esta elección interna, claramente, no fue el que esperábamos.

Está claro que, tal como dicen los politólogos, el resultado no es extrapolable. Es decir, no se pueden proyectar los porcentajes de la interna hacia un escenario completamente distinto, como el de las elecciones de octubre. Pero de todas maneras, los resultados registrados son muy relevantes. Si comparamos la cantidad de votos de cada uno de los partidos, a primera vista la posibilidad de triunfo del Frente Amplio aparece severamente cuestionada. También hay muchas cosas que ordenar, si es que realmente queremos que el Frente Amplio se alce con la victoria este año. Para ello, antes que nada, tenemos que hablar con mucha franqueza entre nosotros.

Es bueno comenzar por lo más evidente. El Frente Amplio no obtuvo más votos que la suma de los conseguidos por la oposición. Tampoco resultó la fuerza más votada. El Partido Nacional consiguió la mayor votación y aventajó al Frente Amplio por unos cincuenta mil votos. Desde cualquier punto de vista, no fue un buen resultado, fue un balde de agua fría para todos y es mejor reconocer nuestros problemas, antes que ocultarlos o intentar disimularlos.

El resultado y la diferencia conseguida por el Partido Nacional fue una sorpresa para todos. Primero, para los propios dirigentes nacionalistas y luego, para todos los analistas y observadores políticos. Ni hablar, para nosotros mismos. Este dato, asociado a nuestro magro registro, debería hacernos reflexionar sobre la situación política actual y en particular, acerca de nuestra realidad electoral en el interior del país.

En nuestra opinión, si no nos ponemos las pilas y corregimos varias cosas, cuanto antes, la victoria en octubre está comprometida y lo peor que podríamos hacer es negar los hechos que se expresan de forma contundente. Por supuesto que siempre habrá mil razones para explicar y justificar la no concurrencia de nuestros ciudadanos a votar, así como el escaso despliegue militante y la falta de entusiasmo.

Que la interna ya estaba definida, que la diferencia en las encuestas actuaba como un importante desestímulo para ir a votar, que el voto no era obligatorio y que la diferencia a favor del Partido Nacional se expresa en el interior del país, donde se juegan las intendencias, y por lo tanto, la cantidad de votos nacionalistas se explican a partir de lo local y no necesariamente en la esfera de lo nacional, etc.

Todas estas explicaciones, seguramente tengan su cuota de razón y su fundamento. Pero, ¿los factores mencionados lo explican todo? ¿Las razones que pueden explicar lo sucedido, son sólo las complacientes con nosotros mismos? ¿No vamos a reconocer que está en riesgo el triunfo frenteamplista para octubre? ¿No vamos a recordar que hace unos meses, nuestra expectativa era que el Frente Amplio superara en votos a toda la oposición?

La campaña electoral que viene va a ser muy dura. Desde su derrota en el 2004, la derecha se juramentó a conseguir su inmediato retorno al poder. Ahora creen que ese objetivo es más que posible. Van a poner toda su energía, van a hacer todo lo necesario para lograr ese triunfo. Los partidos tradicionales no van a escatimar recursos económicos y propagandísticos, al momento de pelear el gran objetivo histórico de derrotarnos y frustrar rápidamente toda posibilidad de consolidación del Frente Amplio, como fuerza política capaz de permanecer en el gobierno por más de un período.

Si nuestro razonamiento es correcto, el Frente Amplio entonces no debería cometer errores, ninguno, si es que realmente quiere revertir la situación planteada y volver a colocar nuestra posibilidad de triunfo en primera vuelta, como una expectativa cierta y de primer orden para el conjunto de los uruguayos. Para ello, hay que destinar acciones solventes y rápidas, en diferentes áreas de nuestra campaña política y electoral.

Primero, hay que generar un fuerte entusiasmo, que revitalice la motivación de nuestra gente, de nuestros militantes. Segundo, hay que aumentar el volumen y la comunicación de los logros de nuestro gobierno, los aciertos de la conducción de Tabaré Vázquez y los grandes avances económicos y sociales obtenidos durante este período. Los siete mil uruguayos de bajos recursos que fueron operados de la vista y que ahora pueden ver, así como el Plan Ceibal que le hace llegar una computadora portátil a cada niña o niño en edad escolar, son símbolos, fuertes y concretos, que sintetizan el compromiso y la orientación de nuestra gestión de gobierno, sobre los cuales debemos insistir, una y otra vez, de aquí a octubre.

Tercero, debemos comunicar con total claridad y seguridad, que nuestro segundo gobierno será, tal como lo es el gobierno de Tabaré Vázquez, un auténtico gobierno frenteamplista, que no habrá un gobierno bajo la supremacía de un sector en particular, para aventar dudas y suspicacias. El primer paso en ese sentido, dado por nuestro candidato, el «Pepe» Mujica, conformando un ámbito de discusión con representantes de cada sector frenteamplista, nos parece muy positivo.

Cuarto, hay que trasmitir mucha credibilidad y confianza al conjunto de la población. Sobre todo, en lo que concierne a la conducción económica, donde no se admiten sacudones ni giros intempestivos que arriesguen los avances económicos y sociales ya alcanzados por el actual gobierno. Sería saludable expandir la convicción de que nuestro futuro gobierno desarrollará la continuidad y progresividad de lo que ha sido nuestra gestión en esa área. Quinto, es fundamental concretar los acuerdos internos necesarios, incluida la fórmula, para construir desde el pie la victoria y para generar el entusiasmo indispensable.

En estos días, no he encontrado en muchos dirigentes un espíritu crítico exigente. Las frases, expresiones y afirmaciones que me dirigieron se parecían más a comentarios desde la tribuna o de la hinchada, antes que reflexiones más cuidadosas. Comúnmente, nos salta el indio o la garra charrúa como respuesta, en vez de analizar con detenimiento algunos hechos que indican que la tenemos muy difícil. No deberíamos confundirnos. La voluntad y las ganas de luchar, están intactas. El aliento a los compañeros y el corazón, están a la orden. Pero no lo resuelven todo, sólo con voluntad y lucha no se obtienen objetivos tan difíciles.

Las mejores victorias se pueden construir, si luego de un mal resultado, somos capaces de aprender inteligentemente de nuestros errores, de superar con realismo y responsabilidad nuestras insuficiencias, de actuar con claridad y determinación al momento de solucionar nuestras debilidades. Victoria versus derrota, ese es nuestro desafío y está en nuestras manos. Reconocer la realidad es un punto de partida imprescindible, para construir la mayoría que conquiste el segundo gobierno del Frente Amplio a partir del 2010.

|*| Senador,  Nuevo Espacio | FA

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