LACALLE – BORDABERRY
La noche del domingo recibimos una masiva lección acerca de la sociedad en la que se nos propone vivir: la de consumo. De acuerdo a sus reglas no importa la calidad de un desodorante sino la publicidad para venderlo.
La propaganda, la imagen, el «mercadeo», todas esas y otras vaporosas «realidades virtuales» importan más que el producto.
En tal impostura están quienes viven de ello.
Se trata de una subversión derivada de poner a la agencia de publicidad en el lugar de la fábrica. Y a la propaganda espléndida y falluta en a su vez, lamentable producto concreto. Es una usurpación: terminamos comprando marcas en lugar de zapatillas. Y si no usamos esas marcas pagaremos consecuencias sociales.
Es el cuento del tío y el de la mosqueta, sublimados. O el invento de Goebbels llevado al paroxismo.
Gran parte de la pavorosa crisis financiera mundial consistió en vender y en comprar papeles basura muy bien publicitados. Sin hablar por ahora del colosal despilfarro de riqueza mundial que importan los gastos «vaporosos» de esa industria de la nada.
En política estamos viendo cómo, además de las citadas agencias, se agrega un enjambre de servicios complementarios de parecida labor: encuestadores, politólogos, psicólogos, semiólogos, historiólogos a la violeta y, encima, comentaristas de todo lo perpetrado por los anteriores… Sustituyendo a la política, construyen fantasías apasionantes mejores que la política. Hoy las diversas empresas encuestadoras, se equivoquen o no, tienen no sólo comentaristas especializados acerca de lo que hacen, sino «hinchadas» o partidarios. Como en el fútbol… A veces dichos asesores sustituyen totalmente al candidato que asesoran brindándole un servicio (o un desastre) completo. Como quien dice, «llave en mano».
Ante tal tercerización hoy es posible concebir un dirigente político que contratando los consabidos servicios no haga absolutamente nada: ni tan siquiera dedicarse a la política. La puede comprar totalmente hecha y, si tiene suficiente dinero, atormentar el panorama político nacional en todos los aspectos imaginables.
Resulta que para la otra noche y ya desde los días anteriores, los comentaristas informaban que además de los resultados importaba muchísimo la gestualidad… ¡Genial! Después de Napoleón lo que más importa para ganar batallas es ponerse la mano en la barriga.
Cumpliendo la profecía autocumplida, la prensa estuvo escudriñando la susodicha gestualidad. Se ocuparon de grandiosas superficialidades organizando un festival de la frivolidad, para envidia de Tinelli.
El clímax fue la imagen de Lacalle y Larrañaga en el balcón de la plaza Matriz.
El desodorante quedó formidablemente bien publicitado y eso, según los analistas, fue importantísimo. Hemos podido oír larguísimas y eruditas parrafadas doctorales acerca de tamaña estupidez.
En la carrera hacia la Presidencia de la República esa elaborada imagen, esa producida foto, ha sido según dicen, un paso de enorme envergadura. Pocas veces una mercadería fue tan bien presentada.
No dudo que eso pueda llegar a ser verdad en la misma medida en la que los uruguayos nos vayamos estupidizando.
Nadie dijo, y conviene decirlo, que el domingo pasado resultó electa la fórmula Lacalle – Bordaberry.
Fórmula tan real que así lo predicaron y reconocieron ambos integrantes y hasta sus ocasionales contrincantes internos. Pero cuando nosotros les decíamos que eran lo mismo ponían sus gritos en el cielo.
Como por separado no les da a ninguno de los dos para ganar en primera vuelta, cualquiera de los dos sabe que la única esperanza que le resta es ganar en yunta en la segunda vuelta, si es que la hay.
Quedaron abotonados y, lo que es peor, terminada la respectiva rencilla interna que cada uno tuvo en su partido, ahora, además de acollarados, deben tratar de «arrancarse la cabeza» uno a otro para ver en octubre cuál de los dos encabeza la única y verdadera fórmula. Y por ello es dable pensar un fuerte retorno (ya comenzó) desde Lacalle hacia el Partido Colorado de colorados emigrados con el único fin provisorio de vencer a Larrañaga. Es más: ahora se puede votar a cualquier fracción del Partido Colorado porque todos votarán a Lacalle o, en su defecto, a Bordaberry.
Cualquiera de los dos: Lacalle o Bordaberry le ofrece a la derecha las máximas garantías y han sido ungidos por ella. Tanto da cuál de los dos gane. Ambos son lo mismo. Ya lo han declarado: votarán juntos.
Ese fue el gran abrazo de la noche del domingo. Pero ningún medio de prensa lo mostró.
Mostraron la foto equivocada. En la que lamentablemente aparece alguien que no estará en ninguna carrera (salvo de caballos). Porque Larrañaga, para dolor de muchos, cambió su primogenitura por una patética secretaría ad hoc de la única fórmula realmente existente: Militará para Bordaberry y para Lacalle tanto como ayer militó (y votó) para Jorge Batlle. Los declarados batllistas de alma en el Partido Colorado militarán y votarán a Bordaberry y a Lacalle.
Ningún analista descubrió lo que nosotros vimos en aquel balcón: escondido detrás de Larrañaga y levantando los brazos de ambos estaba Bordaberry.
*| Escritor, senador de la República
«AGRADECIMIENTO»
Nos faltan palabras para poder agradecerle a Don Quijote de la Mancha no sólo su asesoramiento sino haberse puesto al frente de la campaña, despertando el entusiasmo de miles de compañeras y compañeros para lograr en cuarenta días y en tan solo nueve departamentos del país lo que en mayo parecía imposible.
La hazaña ha sido una de las más grandes en la que nos ha tocado participar. Fue otra vez, como tantas, colectiva. Esencialmente colectiva. Vaya en nombre de la CAP-L Lista 7373 nuestro eterno saludo a Don Alonso Quijano el Bueno y a todos quienes lo acompañaron.
EFH
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