Cantidades
Hay cuestiones cuya comprensión cabal por el ciudadano ayudaría a crear una sociedad mejor.
¿El pronóstico del tiempo? No, hablemos de lo posible.
Por ejemplo, de una cuestión de números, pero no porcentajes sino cantidades acerca de las cuales no quepa duda alguna: viviendas construidas, pesos aumentados a los salarios o a las jubilaciones, costo mensual de la atención de la salud, suma de los impuestos pagados por año, trabajadores en el seguro de paro, locales docentes ya sea escuelas o liceos a reparar, maestros y profesores necesarios para cumplir con la ley de educación, ómnibus urbanos por línea, vacas y ovejas en el campo, presos procesados sin sentencia y tantas, tantas otras cosas.
El martes pasado, el diputado Alfredo Asti dio un buen servicio, poco común, en esa dirección: confirmó, apoyado en documentación oficial, las viviendas que levantó cada uno de los cinco gobiernos que han sucedido a la dictadura, incluyendo al actual, con mandato vigente.
Alfredo, ¡como si fuera tan sencillo!
Al otro día qué digo, a las dos horas ya apareció más de uno cuestionando esas cantidades, sus fuentes, su interpretación, su cálculo, entreverándolas de tal modo que la duda cayó, nomás, sobre ellas.
Es el precio que la objetividad de los números, o sea el esfuerzo porque el ciudadano entienda, paga a los intereses políticos, que no ceden terreno.
¡Es tan complicado separar cualquier dato de la realidad de la contaminación de las operaciones partidarias! Si alguien habla claro y simple, enseguida aparecen quienes lo hacen mal. Hay que admitir que, a veces, no se trata de maniobras políticas sino de simple ignorancia.
Al país le costará ser más inteligente, más serio, si demasiada gente, por culpa de este hábito de discutir todo por la camiseta, matando las certezas, empieza a parecerse a un amigo mío.
-Ruedita, ¿cuánto son dos por dos?
-…
-Tranquilo, pensá…
-¿Tre´…?
-¡A vos no te salva ni el Plan Ceibal!
-¿Y el cardale’…?
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