LA DEMOCRACIA, EL FRENTE AMPLIO Y MUJICA

La democracia es el mejor régimen político que hasta ahora conocemos. Es el respeto y la tolerancia al otro, el de otros valores, otras culturas y otras religiones. Es la convivencia pacífica de la diversidad cultural. Como organización social es un sistema que regula y actúa sobre las disparidades que derivan de las desigualdades del poder con el objetivo de expandir la ciudadanía civil, política y social. Sitúa al ciudadano como su actor central, como agente y sujeto político. Como régimen tiene como principios centrales elementos de democracia electoral centrados en el sufragio universal, el pluripartidismo y la alternancia de los partidos en el poder. Los elementos centrales de la democracia política se expresan en la garantía de las libertades básicas y los derechos humanos; en asegurar el estado de derecho con igualdad para todos los ciudadanos, en un sistema judicial independiente; y se basa en el gobierno de mayorías y el control de las minorías y el control social de los ciudadanos. La democracia es una promesa civilizatoria que tiene un valor ético de equidad e igualdad. Tiene capacidad de rectificarse a sí misma porque se basa en la reflexión, el debate y la decisión de la ciudadanía.

Cuando llegan las campañas electorales la derecha intenta atemorizar, amedrentar a la ciudadanía y trata de convencerla de que la izquierda violará los principios democráticos. Más de cuatro años del primer gobierno de izquierda muestran claramente que el conjunto de principios que enumeramos en esta nota se encuentran en buen estado de salud y mantienen plenamente su vigencia. No solamente se mantienen las libertades básicas y el estado de derecho sino que se efectivizaron importantes avances en derechos humanos. Sin embargo varios precandidatos de los partidos tradicionales ponen en tela de juicio el mantenimiento de la democracia con un segundo gobierno del FA bajo la presidencia de José Mujica. Uno de los temas que se ponen arriba de la mesa es el de la lucha de clases. En la década de 1960 ciertas concepciones analizaban la lucha de clases con una lógica de guerra. Es decir que el enfrentamiento significaba el triunfo de una clase social sobre otra e inclusive el aniquilamiento de una clase social. La creación del Frente Amplio en 1971 se concibe para defender la democracia. Seregni lo declaraba con mucha fuerza y énfasis, que los partidos tradicionales habían perdido fuerza y que era necesaria una nueva fuerza política capaz de enfrentar a quienes estaban dispuestos a vulnerar los principios democráticos. El FA nace como una fuerza de paz y pacificadora para garantizar los principios democráticos. Las clases sociales existen. Los intereses de clase existen. Pero en la democracia desaparece la lógica de la guerra y pasan a predominar las vías pacíficas. Por lo tanto los conflictos sociales derivados de diversos intereses sociales en la democracia requieren diálogo, negociación, concertación, pactos y acuerdos sociales. Y esto es lo que ha hecho el FA en el gobierno actual. Retomó la negociación colectiva y los Consejos de Salarios, consiguiendo una mayor equidad en las relaciones capital-trabajo. Los sindicatos, muy debilitados en la década de 1990 por la política laboral de los partidos tradicionales, retomaron fuerza, se triplicaron y hubo avances en la sindicalización de los trabajadores, con mejoras relevantes de los salarios reales. Desde su nacimiento el FA es profundamente democrático, en una sociedad, como la uruguaya, que está consustanciada con los principios democráticos, a la cual le gusta votar, que disfruta como una fiesta los procesos electorales y que tiene un alto nivel de información y de participación política. José Mujica, con su historia a cuestas, se ha transformado en un demócrata auténtico con gran capacidad para el diálogo y por lo tanto para los necesarios e imprescindibles acuerdos sociales y políticos.

En estos cuatro años de gobierno de la izquierda no se debilitó la inversión y el crecimiento alcanzado marca una excelente performance económica. Tabaré Vázquez manifestó que gobierna con dos «biblias»: la Constitución de la República y el programa del Frente Amplio. Ni el gobierno del FA ni sus programas en sus 38 años de existencia se manifestaron como socialistas. El gobierno se mantiene bajo el régimen capitalista, donde el empresario privado ­la inversión privada­ es un componente esencial del crecimiento y de la mejora del empleo. Hay regulaciones al mercado pero no se afecta la propiedad privada, dentro de los límites del Estado de derecho. Importa señalar los muy elevados beneficios obtenidos por la actividad privada en estos cuatro años, tanto en los sectores agropecuarios, industriales y de servicios.

Se plantea también la posibilidad de un gobierno populista, de acciones populistas, de políticos populistas dentro de la izquierda. Sin duda el gobierno del FA no ha sido populista; tanto es así que resta como gran desafío la mejora de la distribución del ingreso. Téngase presente que los salarios reales crecieron por debajo del ritmo de crecimiento del PBI, lo cual significa que los aumentos de la productividad no se repartieron equitativamente. Se plantea que Mujica como populista tendría acciones demagógicas, de redistribuir el ingreso generando procesos de inflación, con sus cadenas de especulación y fuga de capitales. Los líderes populistas surgen en sistemas políticos con partidos muy débiles. No es el caso de Uruguay, donde los partidos son estables y fuertes. Menos es el caso de Mujica, quien se debe a su partido y tiene un discurso que propone la redistribución sobre la base de la educación, de la formación y de la calificación del conjunto de los orientales. Con un discurso centrado en la necesidad de expandir las escuelas de tiempo completo y especialmente que todos los uruguayos puedan acceder a alguna formación terciaria. Lo que realmente le duele a la oposición es su carisma y su elevada representatividad de los sectores populares.

La oposición también plantea que un futuro gobierno del FA se intentaría pasar del poder político al «poder total». En la realidad el poder pasa por las relaciones internacionales, derivadas de la trasnacionalización y de las nuevas formas de globalización. El poder militar está controlado por el poder político. El poder económico y social lo ostentan, básicamente, las instituciones financieras y los propietarios de los medios de comunicación, y el programa del FA no plantea modificar la propiedad privada de estas instituciones. El FA busca las necesarias regulaciones sobre la actividad financiera, especialmente a cargo del Banco Central, y democratizar los medios de comunicación sobre la base de una clara y nítida libre competencia.

Por último, el programa llama a una Asamblea Nacional Constituyente, pero el contenido de esta reforma deberá ser analizado en el futuro por la fuerza política, y tiene muy poco que ver con la realidad de Venezuela, Bolivia y Ecuador, y menos aún con la posibilidad de que si Mujica alcanza la Presidencia de la República se posibilite su reelección. Los «cucos» recién empiezan pero la sociedad uruguaya está suficientemente informada y ya vivió una experiencia de gobierno de izquierda con un altísimo nivel de aprobación, como muestran distintas encuestas en el país.

|*| Senador por la 609-FA. Economista

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