¿Quo vadis?
¿Es atrevida? Podría decirse que sí.
¿Es novedosa? Podría decirse lo mismo.
¿Es arriesgada? Ah, yo creo que sí, que ambos calificativos están fuera de toda duda.
¿Puede inducir a cierta confusión a los electores? También estoy persuadido de eso, aunque sea debatible.
Me refiero a la incesante, por momentos hiperactiva búsqueda de politólogos y empresas encuestadoras de nuevos aspectos a considerar y nuevos ámbitos del personamiento de los ciudadanos votantes a hurgar, en la perspectiva de las inminentes elecciones internas e, incluso, con proyección a las presidenciales de octubre.
Veamos apenas un ejemplo, que no es el único. Se acaba de preguntar a unos cientos de individuos que compusieron la muestra por qué candidatos de todos los partidos sienten mayor rechazo.
No diga, lector, que no es una joyita.
Ya no se interroga acerca de a qué candidato se prefiere es decir, al que se votaría, ya en su partido, como primera respuesta obvia, ya en los que están en la vereda de enfrente, a modo de hipótesis complementaria.
La cuestión parece ser multiplicar las encuestas tanto como sea posible y en el menor tiempo que se pueda.
¿Adónde vais, señores politólogos?
Si esto sigue así, quedando por delante todavía tiempo suficiente para los disparates más conmovedores, quizá nos enfrentemos, apenas dentro de unos minutos, a preguntas que nos causarán sorpresa y hasta perplejidad.
¿A qué candidato usted repudiaría con mayor entusiasmo si confiesa públicamente que es vegetariano?
¿A qué candidato usted aceptaría pese a que admita que si no toma una grapa con limón a las ocho de la mañana no puede arrancar?
¿A qué candidato usted votaría porque ha decidido usar un monopatín tracción a sangre para movilizarse en su campaña?
¿A qué candidato usted rechazaría si declara bajo juramento que usa calzoncillos rosados, floreados o fileteados?
En fin. A veces, en estas cosas, el humor nos lleva al absurdo. ¡Pero la tentación es muy grande!
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