Así está mal
Hay cosas que son distintas y no existe forma de cambiar eso. Ruedita no es igual a Epifanio porque se cae siempre a la octava grapa, y el Facha Ruiz no es igual al Negro Collazo porque puede bailar el tango en ojotas.
Cuando uno lo entiende mejora sus decisiones.
El Parlamento convocó a concurso para llenar vacantes en dos áreas: intendencia y taquígrafos. En su plausible afán de transparencia, el Poder Legislativo apeló al sorteo, usando un sistema preparado por el Instituto de Estadísticas de la Facultad de Ciencias Económicas. El resultado fue una elección al azar, libre de cualquier sospecha de manipulación.
Pero, qué pena, se cometió un error.
Si bien ese sistema puede ser ideal para el sorteo de aspirantes que concursarán por los cargos de intendencia, es malo peor aún, injusto- aplicado al sorteo de aspirantes a taquígrafos.
Según la crónica de LA REPUBLICA, una joven de Maldonado dijo, con aplastante sensatez: «Hay personas que se anotaron y recién iniciarán sus estudios de taquigrafía. Es imposible que logren la velocidad que exige el Senado, porque eso lleva mucho entrenamiento. Y por otro lado el sorteo eliminó a mucha gente que está realmente preparada».
Ahora no hay marcha atrás.
¿Es tan difícil hacerlo bien en el futuro? No. Sólo hay que abrir intelectualmente- la cabeza.
Como repite a diario mi filósofo preferido, Alberto Kesman, «una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa». Está claro como el agua que el mismo sistema de sorteo no sirve para ambos concursos.
Creo que estas circunstancias ocurren cuando se desorbita, con nobilísima intención, la búsqueda de una virtud: aquí, claramente, la transparencia. Eso impide hacer distinciones que a veces son necesarias y que la ciudadanía, lejos de criticarlas, aplaudirá.
Ahora bien, seamos constructivos: se puede aprender de los errores para que nadie en el futuro deba protestar con razón, como la joven de Maldonado, ni escribir columnas como esta.
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